Opéra de Massy
Gounod FAUST
Ludivine Gombert, Jeanne-Marie Lévy, Thomas Bettinger, Antoine Normand, Jérôme Varnier, Régis Mengus, Samy Camps, Philippe Ermelier. Dirección: Cyril Diederich. Dirección de escena: Nadine Duffaut. 10 de noviembre de 2017.
 
La Opéra de Massy programó Faust en la puesta en escena de Nadine Duffaut © Opéra de Massy / Didier Pepin / Damien Saint Pierre
 
Fue sin duda Jean-Louis Martinoty quien desdobló por vez primera el personaje de Faust (ÓPERA ACTUAL 146) en dos: el viejo profesor y el joven estudiante. En la primera escena confió el papel a un cantante profesional, prohibiéndole cantar; Roberto Alagna lo hizo entonces escondido detrás de un mueble. En este montaje, Nadine Duffaut, con gran inteligencia, ha ido mucho más lejos: su viejo Faust no solo cantó, sino que fue testigo horrorizado de las atrocidades cometidas por su avatar. Este nuevo punto de vista transformó la historia por completo. Sitúese la idea a la altura de la de Claire Servais para Madama Butterfly (ÓPERA ACTUAL 46), vista también en la Opéra de Massy dieciséis años ha: el hijo de Pinkerton y de Butterfly, de vuelta a Japón, rememora la historia de sus padres en un Nagasaki destrozado por la bomba atómica. Coronó Duffaut su trabajo con una dirección de actores de muy buena ley, en una acertada escenografía de Emmanuelle Favre, bien apoyada por una iluminación de Philippe Grosperrin.
Se sumó este gran acierto a la excelente dirección de Cyril Diederich. La Orchestre National de l’Île de France se superó en esta ocasión y dio de la partitura una lectura feliz. Respetó a los cantantes, sin menoscabo de darse ocasión de lucirse en las partes sinfónicas de la obra. El coro de la casa, reforzado por el de la Opéra Grand Avignon, a las órdenes de Aurore Marchand, cumplió en sus cometidos vocal y dramático.
Todos los intérpretes eran franceses y salvaron unánimemente la prosodia de la lengua. Gracias a ellos y también a las decisiones tomadas por el podio, fueron casi innecesarios los subtitulados. Brilló por su voz y su arte teatral en el escenario Jérôme Varnier en el papel de Méphistophélès, el bajo, en la cumbre de su arte, posee un instrumento de amplio registro, de potencia bien controlada, contundente. No dudó en ningún ataque, pasando de la mayor ferocidad a una supuesta gracia para seducir a Dame Marthe (Jeanne Marie Lévy), muy graciosa en el papel, y preparó la intervención final de Marguerite con un volumen de voz de gran amplitud, perfectamente controlado.
La pareja protagonista cantaba sus papeles por vez primera. Ello no fue obstáculo para que Ludivine Gombert (Marguerite) mostrara grandes aptitudes para las partes líricas de la obra, quedando un poco estrecha su voz –que no su potencia– en las partes heroicas, es decir su final (“Anges purs, anges radieux!”). Thomas Bettinger fue un Faust joven, flexible, valiente y lírico; apareció –raramente, pero lo hubo– el metal en los agudos en forte y el uso del rubato disminuyó el aspecto melódico de su actuación. En conjunto, ambos artistas estuvieron a un excelente nivel y mostraron un potencial de gran interés futuro. A su lado Régis Mengus fue un excelente Valentin, sobre todo en su segunda aparición. Sami Camps se hizo notar en su versión de Siebel y Philippe Ermelier aportó una nota grave, sin dudas ni fallos, en su versión de Wagner. No se olvide el trabajo de Antoine Normand en su papel de viejo Faust.  * Jaume ESTAPÀ