Washington National Opera
Händel  alcina
Daniela Mack, Michael Adams, Ying Fang, Angela Meade, Elizabeth DeShong, Rexford Tester. Dirección: Jane Glover. Dirección de escena: Anne Bogart. Kennedy Center, 4 de noviembre de 2017.
 
Angela Meade protagonizó Alcina en el Kennedy Center © Washington National Opera / Scott Suchman 
 
Tras casi diez años de ausencia, el repertorio barroco volvió a la Washington National Opera; la compañía, como ya lo hizo con Plácido Domingo en el Tamerlano de 2008, encaró el reto con un elenco sólido encabezado por una figura vocal de altos vuelos. En este caso, la soprano norteamericana Angela Meade, ya conocida en este escenario por su espectacular Norma de 2013, suscitó grandes expectativas ante su debut como Alcina. La bellísima voz de Meade compensó la falta de agilidad necesaria para el repertorio barroco con control en la proyección, dando al personaje de Alcina el registro vocal adecuado y presencia escénica irrefutable. La soprano Ying Yang, por su parte, sorprendió y conquistó al público con una Morgana extraordinaria en su desempeño vocal y cautivadora y coqueta en las escenas con Ricciardo (Bradamante) y Oronte.  
 
También protagonista en el elenco –predominantemente femenino– fue Elizabeth DeShong en el papel concebido por Händel para castrato, Ruggiero. La mezzo se lució en los rápidos pasajes de coloratura, siempre con emisión precisa y nítida. La argentina Daniela Mack (Bradamante) completó de manera sobresaliente un conjunto de voces femeninas de gran calidad y osciló con facilidad entre su personificación masculina de Ricciardo a la cálida Bradamante. En la contraparte masculina, el tenor Rexford Tester fue un notable Oronte y el bajo-barítono Michael Adams tuvo un buen desempeño en su breve participación como Melisso. La dirección optó por eliminar el personaje de Oberto creado por Händel específicamente para el cantante William Savage para el estreno de Alcina en el Covent Garden en 1735.
 
La regista Anne Bogart ideó una propuesta minimalista reduciendo la Isla mágica de Alcina a una plataforma circular en el escenario –decorados de Neil Patel– y a los antiguos amantes transformados en el libreto original en animales, rocas o árboles, a simbólicos cubos fluorescentes. Con un vestuario contemporáneo (James Schuette), Bogart trasladó la trama a la sociedad de hoy en día, en la que como en la isla de Alcina prima el poder de la satisfacción a corto plazo. Aparte del discutible atractivo visual, esta solución aportó poco a la narrativa del libreto, porque la falta de acción dramática enfatizó el estatismo del repertorio barroco, dando un argumento sólido a sus detractores.
 
Plausible en lo musical fueron las medidas tomadas por la dirección para resolver los retos de montar una ópera barroca. La más efectiva fue el traslado de la puesta de escena al Teatro Eisenhower, que cuenta con un escenario reducido y más adecuado para este título que el habitual escenario del teatro de la ópera (todos ellos dentro del Kennedy Center). La elección de la especialista en repertorio barroco Jane Glover, en su debut ante la orquesta de la WNO, fue acertadísima. Glover, desde el podio o al clavicordio , mostró un control del sonido y precisión absoluto, sacando lo mejor de una formación que dio una lectura de Händel exquisita. La cuidada participación de un grupo reducido del coro (dirección de Steven Gathman) y las selectivas intervenciones del ballet aportaron autenticidad y belleza a la puesta en escena.  * Esperanza BERROCAL