AAOS
Verdi FALSTAFF
Toni Marsol, Carles Daza, Albert Casals, Svetla Krasteva, Marga Cloquell, Maria Luisa Corbacho, Anna Tobella. Dirección: Daniel Gil de Tejada. Dirección de escena: Pau Monterde. Teatre La Faràndula, 26 de octubre de 2018.
 
Toni Marsol, caracterizado como Falstaff en Sabadell © AAOS / Antoni Bofill 
 
Osaba la Associació d’Amics de l’Òpera de Sabadell (AAOS), en su prurito por añadir nuevos florones a su ya larga trayectoria, ofrecer como apertura del nuevo curso una ópera como Falstaff, consciente de que se trataba de un título que posiblemente no encontraría –como de hecho así ha sido– el suficiente eco en los teatros adheridos al ciclo Òpera a Catalunya. Y osaba también, en un momento de pleno ascenso profesional, encarnar un papel protagonista que es de llegada y no de partida el barítono Toni Marsol, aun conociendo los riesgos de una empresa que requiere una determinada madurez tanto en lo vocal como en lo interpretativo. Hay que apresurarse a decir que ambas apuestas fueron ganadas con toda brillantez. Para la AAOS, porque una ópera que presenta todo un repertorio de trampas saduceas salió, y con toda suficiencia. Para el barítono, porque pudo desplegar su talento de actor y una forma vocal envidiable en un rol que exige mucho. Que su emisión vocal dé la engañosa impresión de estar excesivamente sana –joven, para ser más exactos– para el vecchio John no es algo que pueda serle artísticamente reprochado. Con él triunfaba Carles Daza, un barítono con un registro central de gran belleza que compensa con ella la menor calidad de un agudo ahora algo reseco. Albert Casals no llegó a encontrar la levedad vocal de Fenton, pero cantó su aria del último acto con corrección. El nivel del cuadro femenino fue algo inferior, destacando en él Anna Tobella a pesar de que el papel de Meg no dé para más. Más espectacular que entonada la Quickly de María Luisa Corbacho, algo estridente la simpática Nannetta de Marga Cloquell y un tanto falta de esmalte la Alice Ford de Svetla Krasteva. Los demás papeles fueron discretamente servidos por Jordi Casanova, Carles Ortiz y Marc Pujol.
Daniel Gil de Tejada condujo con criterio y loable atención a los pasajes concertados a una orquesta y a unos coros que hicieron un buen trabajo. La puesta en escena de Pau Monterde fue detallista y bien estructurada, con el buen detalle de la escenografía de Elisabet Castells de alzar un muro con el nombre del figón, que cambiaba de sentido según la escena figurara un interior o un exterior. El siempre problemático cuadro final fue sorteado con habilidad, sin acusar otra protuberancia que ese cuadro de ninfas con un vestuario y unos movimientos escasamente creíbles.  * Marcelo CERVELLÓ