Festival de Lucerna
Rossini  LA CENERENTOLA
Cecilia Bartoli, Edgardo Rocha, Carlos Chausson, Alessandro Corbelli, Martina Janková,
Rosa Bove, José Coca. Dirección: Gianluca Capuano. Dirección de escena: Claudia Bersch.
KKL, 16 de septiembre de 2018.
 
Cecilia Bartoli, protagonista de La Cenerentola semiescenificada en el Festival de Lucerna © Festival de Lucerna / Peter Fischli 
Con broche de oro y por todo lo alto se cerró la última edición del Festival de Lucerna con La Cenerentola rossiniana y con la gran protagonista de referencia de las últimas décadas: Cecilia Bartoli. La mezzo romana tiene en el personaje creado por Perrault uno de sus roles fetiche y lo ha paseado a lo largo y ancho del planeta, además de haber dejado diversas  referencias discográficas y videográficas. Esta producción, tal cual así, semiescenificada, y con prácticamente el mismo reparto, se vio también hace un año y medio en Montecarlo, Versalles y Ámsterdam, y esta temporada se podrá ver también en Barcelona y Madrid. Con esta propuesta el Festival de Lucerna se apuntó también a la conmemoración del 150º aniversario de la muerte del Cisne de Pésaro con uno de los más brillantes drammi giocosi de Rossini. Para esta versión semiescenificada, de mínimos movimientos, pero exactos y efectivos, Claudia Blersch optó por el juego de luces de la magna sala KKL para apoyar unos efectos escénicos marcados y ayudarse del vistoso y original vestuario.
El sólido director musical italiano Gianluca Capuano jugó con las inclemencias acústicas de la sala, más adecuada para el gran repertorio sinfónico, para acercarse a una versión casi de referencia. Frente a Les Musiciens du Prince –formación creada por la propia Bartoli–, imprimió un juego de dinámicas muy bellamente marcadas, con cuidadísimos crescendi, y unos tempi en su lugar nunca nerviosos o precipitados, pero sí enérgicos y vigorosos. Todo ello hizo que se disfrutara de lo lindo de la formación de instrumentos de época.
Vocalmente, claro está, la reina absoluta fue la Angelina de Cecilia Bartoli. A pesar de contar con años en la espalda, su versión siempre es fresca, jovial, musicalmente muy sentida y técnicamente apabullante. No hay fragmento que pueda escogerse de entre toda la obra, ya que fue un todo y claro está también esa fuerza hipnótica que posee cuando aparece en escena que corta el aliento del respetable. Al mismo nivel se situaría el maestro español de este repertorio, Carlos Chausson (Don Magnifico). Parece que los años no pasen para él, y si lo hacen son para mostrar sus mejores tablas. La voz parece intacta y el sentido musical y teatral son un auténtico lujo. Cada una de sus intervenciones fue un derroche de sapiencia y de un envidiable estado de salud vocal. Edgardo Rocha (Don Ramiro) es una voz idónea para este repertorio: timbre precioso, elegante y delicada musicalidad, entrega y sólida técnica. Aquí, con la acústica de la sala de cierta reverberación, los pequeños desajustes en la coloratura fueron casi imperceptibles. Alessandro Corbelli (Dandini) es un mito viviente de este repertorio, pero el rol del paje del príncipe no es adecuado para su estado vocal –más para bajo buffo–, ni escénicamente le da mucha coherencia. Sin embargo, también se pudo disfrutar de la veteranía del barítono italiano. Muy bien también el resto del reparto, con las sólidas hermanastras Martina Janková (Clorinda) y Rosa Bove (Tisbe), que participaron entregadamente del espectáculo, así como también de José Coca que cumplió como Alidoro.  * Albert GARRIGA