Bayerische Staatsoper
Wagner PARSIFAL
Jonas Kaufmann, Nina Stemme, Christian Gerhaher, René Pape, Wolfgang Koch. Dirección: Kirill Petrenko. Dirección de escena: Pierre Audi. Teatro Nacional, 5 de julio de 2018.
 
Nina Stemme, Jonas Kaufmann y Christian Gerhaer protagonizaron Parsifal en Múnich © Bayerische Staatsoper / Ruth Walz
 
La Ópera Estatal de Baviera reunió un equipo artístico excepcional para la primera nueva producción de su festival veraniego, un Parsifal que, como mínimo a nivel musical, colmó –e incluso superó– todas las expectativas. Máximo responsable del triunfo fue, una vez más, Kirill Petrenko, el director musical de la casa, quien consiguió auténticos prodigios de la orquesta y el coro del teatro de Múnich. Su gesto preciso, nunca ostentoso, impulsó una versión de extrema fluidez y ajustada tensión dramática que no dejó olvidados ninguno de los diversos elementos del último opus wagneriano. La intensa espiritualidad de la ceremonia del Grial, el perfume seductor de las Muchachas Flor –de una precisión vocal difícil de encontrar–, la desolación del preludio del tercer acto o los acentos terribles de la transición a la última escena son solo jalones de una interpretación mayúscula que culminó en un final beatífico.
En un excelente momento de forma, Jonas Kaufmann retrató con trazo fino la evolución de Parsifal de muchacho inocente a adulto consciente, siendo un desbordante “Amfortas! Die Wunde!”, con su típica voz abaritonada expandiéndose sin problemas, el epicentro de una magnífica encarnación. De hecho, todo el segundo acto fue uno de los grandes momentos de la representación, gracias en buena parte al Klingsor de auténtico lujo de Wolfgang Koch –incisivo sin caer en excesos distorsionadores–, también por la confrontación entre Kaufmann y Nina Stemme. La soprano sueca posee la firmeza en el grave que pide Kundry, y, a diferencia de muchas mezzosopranos, no sufre con los inclementes agudos del final del acto. Con un canto de gran inteligencia, Stemme tradujo de forma hiriente la compleja personalidad del personaje. Gurnemanz no presenta secretos para René Pape, a quién solo se le puede achacar una ligera pérdida de estabilidad vocal, compensada con creces por la elocuencia del fraseo. Christian Gerhaher interpretaba por primera vez a Amfortas, al cual sirvió –con la plena complicidad de la batuta– con un canto rico en matices y detalles, propio del excelso liederista que es el barítono alemán, encarnando hasta el paroxismo de las últimas frases toda la herida humanidad del personaje.
Los fastos musicales no tuvieron correspondencia en el montaje firmado por Pierre Audi. La presencia del gran pintor Georg Baselitz como responsable del decorado no fue garantía suficiente –de hecho, eran más atractivos los bocetos reproducidos en el programa–, y la producción, más tenebrosa que oscura, con escasas ideas visuales –la desnudez postiza y grotesca de los caballeros del Grial y las Muchachas Flor–, transcurrió de forma apática sin ofrecer perspectivas interesantes sobre la obra. Por suerte, acudieron al rescate Petrenko y su estelar equipo de cantantes.  * Xavier CESTER