Festival Castell de Peralada

Verdi MISA DE RÉQUIEM

Leah Crocetto, Ekaterina Gubanova, Charles Castronovo, Alexander Vinogradov. Dirección: Giampaolo Bisanti. Auditorio Parc del Castell, 5 de julio de 2018.

 

De izquierda a derecha, Leah Crocetto, Ekaterina Gubanova, José Luis Basso, Giampaolo Bisanti, Charles Castronovo y Alexander Vinogradov

 

 

Se trataba de mucho más que de la inauguración del 32º Festival Castell de Peralada: era la primera ocasión en la que faltaba su fundadora y alma del evento durante más de tres décadas, una persona irrepetible como Carmen Mateu de Suqué. Antes su hija, Isabel Suqué, rodeada de sus hermanos, inauguró un busto de bronce de su madre realizado por la escultura Rosa Serra i Puigvert y colocado en los jardines del castillo que llevarán el nombre de esta mecenas de las artes a la que se dedicó el espectacular programa inaugural. Con este Réquiem de Verdi se completó una excelente velada que contó con gran presencia de amigos e incondicionales del gran evento musical ampurdanés. Se seleccionó un grupo de cantantes jóvenes de gran calidad artística que conjuntaron sus voces a la perfección, con el acompañamiento de una destacada OBC, el cada vez más extraordinario Coro Intermezzo-Coros a la carta y todos bajo la batuta de un director joven de gran talento como es Giampaolo Bisanti, actual director musical del Teatro Petruzzelli de Bari. El director milanés ofreció una lectura llena de emoción e intensidad con gran cuidado para obtener lo mejor de los solistas, instrumentistas y coristas, estos con una gran presencia en la obra verdiana.

 

Del cuarteto vocal sorprendieron por su color, timbre y adecuación a la partitura los dos cantantes rusos, tanto la mezzosoprano Ekaterina Gubanova, una gran artista de amplio registro y gran expresividad canora, como el bajo Alexander Vinogradov, de exquisita musicalidad y bello instrumento. No se quedaron atrás los cantantes estadounidenses. La soprano Leah Crocetto presentó un potente instrumento de brillante proyección canora, que quizás sufrió un tanto en algunos pasajes agudos a media voz y que empastó muy adecuadamente con la mezzo y el resto de artistas. Por su parte, el tenor Charles Castronovo no pudo lucirse demasiado en una parte más reducida que la de ella, aunque con dos arias, que solventó con elegancia y, eso sí, con una proyección algo menos expansiva.

 

El Coro Intermezzo-Coros a la carta que había preparado la obra primero con Enrique Rueda como asistente y posteriormente con José Luis Basso, actual director del coro de la Ópera de París, ofreció una interpretación destacada con cuidadas dinámicas, conjunción y expresividad en una partitura que requiere el paso de verdaderas filigranas vocales a una proyección canora temperamental e impactante. Sus 75 miembros –con vestuario nuevo con camisa negra y logo bordado, todo muy elegante, e incluyendo a alguna ex primera dama muy conocida–, hicieron que este Réquiem culminase como una gran experiencia artística de gran emotividad. Lástima que lo prematuro de la fecha y el hecho de celebrarse entre semana provocase que no estuviese completo el aforo, ya que se trató de una maravillosa velada artística en los ahora llamados jardines Carmen Mateu del Castillo de Peralada.  * Fernando SANS RIVIÈRE