Garsington Opera at Wormsley
Strauss CAPRICCIO
Sam Furness, Gavan Ring, Andrew Shore, Miah Persson, William Dazeley, Hanna Hipp, Graham Clark, Benjamin Bevan. Dirección: Douglas Boyd. Dirección de escena: Tim Albery. 9 de junio de 2018.
 
Pie de foto: Miah Persson protagonizó Capriccio en Garsington © Garsington Opera / Johan Persson
 
Si se estudia la partitura y el libreto de Capriccio de forma concienzuda, se verá que, lejos de ser un ejercicio de escapismo, esta ópera de Richard Strauss es una disertación acerca del arte, de la ópera y cómo esta debe ser puesta en escena; representa una crítica y es un consejo, y también un deseo profundo de que la forma de arte a la que el compositor había dedicado su vida deba ser preservada a toda costa.
La obra es asimismo un desafío al nazismo: el rococó no era el estilo preferido y Francia –donde la obra tiene lugar– era un país derrotado; los ecos de la caída de la antigua nobleza francesa durante la revolución tampoco pasan desapercibidos. Capriccio es el producto de una mente muy desarrollada y muy culta que encontró en Clemens Krauss la ayuda necesaria para llevarla a cabo. En su propuesta, Madeleine es la heredera directa de la Mariscala; su mayordomo es como el Struhan del Rosenkavalier reencarnado; la pareja de cantantes italianos no necesita explicación ni tampoco la dominante figura del empresario LaRoche. Es una obra que hace pensar y que se compone sola durante la función, cada noche frente a los ojos del público.
Con una obra así, la producción de Tim Albery no corrió riesgos inútiles, ubicando la acción en un château elegante, con muebles modernos y, en el centro del amplio escenario, un salón que daba al jardín. Puertas a ambos costados indicaban otras habitaciones por las cuales entraban y salían los participantes. La acción no podría ser más simple pero estaba también muy bien resuelta y con humor. La escena al final con el coro griego de sirvientes fue presentada con estos sentados al frente del escenario, con sus comentarios pertinentes, con spotlights y el fondo a oscuras. Un gran golpe dramático que daba relieve e importancia a una escena que generalmente no la tiene.
Un excelente elenco hizo justicia a esta extraordinaria obra. Lo encabezaba Miah Persson, una Madeleine de lujo, con voz clara, bella en escena y total dominio del rol. Gavan Ring cantó con elegancia y su Olivier tuvo peso dramático. Como Flamand Sam Furness tuvo que luchar con un registro tenoril típico de Strauss y la voz sonó apretada. William Dazeley fue un noble en su casa, de voz clara y muy suelto con la excelente Hanna Hipp como la actriz Clairon. Como siempre mucha parte de la acción fue dominada por LaRoche, en este caso cantado con mucho conocimiento escénico por Andrew Shore, sin desbordar; después de todo él es quien habla por el compositor. Muy bien actuado, siempre por detrás de los invitados, el mayordomo cantado con voz muy apropiada por Benjamin Bevan, y muy divertido, como siempre, el cameo del apuntador cantado por Graham Clark.
Douglas Boyd dirigió la orquesta de  la casa con buen fraseo straussiano. La escena final fue un deleite total con Persson cambiada de vestimenta, agitada emocionalmente y con voz y expresión llenas de nostalgia. Un  triunfo.  * Eduardo BENARROCH