Palais Garnier
Donizetti DON PASQUALE
Michele Pertusi, Florian Sempey, Lawrence Brownlee, Nadine Sierra, Frédéric Guieu. Dirección: Evelino Pidò. Dirección: Damiano Michieletto. 26 de junio de 2018.
 
Michele Pertusi y Nadine Sierra dieron vida a Don Pasquale y Norina en el Palais Garnier © Opéra National de Paris / Vincent-Pontet 
 
Algo desarticulada sonó la orquesta de la Opéra National de París, a las órdenes de Evelino Pidò, al iniciar su trabajo: en la obertura, desde el momento en que el ritmo empezó a acelerarse, hubo división de opiniones en el foso sobre el tempo que había que adoptar y cada atril se fue por su lado. El desconcierto tuvo lugar también por las mismas razones en otros momentos de la velada y hasta arrastró al coro, preparado esta vez por Alessandro Di Stefano, en la vorágine en su primera intervención. Por lo demás, el director se limitó a seguir, que no acompañar, a los cantantes en sus intervenciones, quienes se tomaron algunas licencias escudándose en el hecho de que se trataba de una opera buffa.
No hubo fallos ni dudas en el trabajo de Michele Pertusi (Don Pasquale) ni en el de Florian Sempey (Malatesta); ambos artistas representaron sus papeles con arte y ciencia y, si bien desde el punto de vista dramático –obligados por el libreto–,  cada uno adoptó actitudes muy diferentes, vocalmente estuvieron muy coherentes, cincelando sus voces con idéntico profesionalismo. Fueron quienes levantaron la mayor salva de aplausos al final de su dúo en el segundo acto, un momento de emoción dramática y sobre todo de admiración hacia los artistas por la técnica vocal desarrollada.
El estadounidense Lawrence Brownlee fue un Ernesto de muy buen nivel vocal; su pronunciación fue comprensible y cantó con buena técnica; dio prueba de una gran facilidad en el registro agudo, e incluso el algo de metal de su emisión no molestó. Actuó en cambio –o lo marcaron actoralmente– de forma muy deficiente, por lo que su personaje no llegó a ser creíble. Nadine Sierra (Norina) se lució en las notas de adorno e interpretó vocalmente su personaje a buen nivel, pero se pasó la representación mostrando más a menudo sus piernas que su voz, y haciendo melindres, carantoñas y zalamerías a tuttiquanti, dando así al personaje –ciertamente poco honrado– una imagen tórrida y coqueta, totalmente innecesaria para seducir al viejo incauto. Fue también muy aplaudida.
Don Pasquale describe la relación –muy trillada en el teatro y en la ópera– de la mujer joven y el hombre viejo y al final es una comedia que suscita una gran tristeza. Damiano Michieletto intentó dulcificar su contenido situando la acción en un vago chalet sin alma y sin paredes –la osadía del escenógrafo Paolo Fantin fue de una gran eficacia– situada de seguro en un extrarradio.  Para mayor confusión introdujo en el escenario en algunos momentos un equipo de vídeo que superponía imágenes ya filmadas con las de algunos protagonistas, y en particular de la soprano. Además de no venir a cuento estas imágenes, las proyecciones sobre una gran pantalla situada al fondo del escenario quedaban alteradas por la estructura del tejado de la casa y, molestó un pequeño desfase sonoro habido entre las voces de los artistas y sus expresiones faciales en la pantalla.  * Jaume ESTAPÀ