Ópera Nacional de Chile
Miguel Farías EL CRISTO DE ELQUI
Estreno absoluto
Patricio Sabaté, Evelyn Ramírez, Yaritza Véliz, Paola Rodríguez, Gonzalo Araya. Dirección: Pedro Pablo Prudencio. Dirección de escena: Jorge Lavelli. Teatro Municipal, 9 de junio de 2018.
 
 
 
 
 
El Teatro Municipal de Santiago de Chile acogió el estreno absoluto de El Cristo de Elqui de Miguel Farías © Ópera Nacional de Chile 

 
 
Hace 45 años que no se estrenaba una ópera chilena dentro de la temporada oficial del Teatro Municipal de Santiago. Eso ya basta para aplaudir la iniciativa de programar esta première, pues la supervivencia del género lírico pasa porque haya títulos nuevos. Pero este Cristo de Elqui tiene también méritos musicales y escénicos, y se levanta como un macizo espectáculo lírico-dramático; eso sí, con una carga ideológica gruesa, cuestionadora de la fe religiosa, de las jerarquías eclesiásticas y de los sistemas de control.
 
 
 
 
 
La obra, compuesta por Miguel Farías, consta de cuatro actos y un prólogo, con un total de cien minutos de música. El libreto es de Alberto Mayol, basado en las novelas La Reina Isabel cantaba rancheras y El arte de la resurrección, ambas de Hernán Rivera Letelier, y en el personaje histórico y literario de Domingo Zárate Vega (1898-1971), conocido como El Cristo de Elqui, una suerte de santón que predicaba y decía tener visiones.
 
 
 
 
La partitura a ratos recuerda a Stravinsky y a Prokofiev, y está resuelta como un continuo de tensión y distensión, con muchos pequeños clímax que van dando forma al relato y cuya estructura se equilibra a través de ciertas líneas temáticas que, una vez presentadas, se vuelven a exponer hacia el final. Hay una atractiva exploración de resonancias, timbres y ruidos que alimentan una orquestación compleja y que remite a búsquedas de sonoridades telúricas y espaciales, entreveradas con alusiones a música de proveniencia popular. La escritura vocal presenta mayores problemas, porque rara vez la música de las propias palabras imbrica de manera natural con las notas escritas. Así, el canto resulta artificial e incómodo para el auditor y para los solistas. Los coros logran un mejor resultado, tanto en los momentos de alta fuerza expresiva como en aquellos más plañideros, algunos de gran belleza.
El libreto es fragmentario y no permite que los protagonistas de la historia se explayen y tengan un desarrollo; recuerda aquellos guiones teatrales chilenos de fines de los años sesenta, cargados de ideología pero con pocas ideas, elementales. Lamentablemente, la dramaturgia de libreto y partitura es pobre y de escasa poesía, pero fue vitalizada por la puesta en escena de Jorge Lavelli, que se apartó por completo del naturalismo optando por lo onírico-pesadillesco. Tiene poco de iluminado este Cristo de Elqui; más parece ser un paria, primo hermano del Wozzeck de Büchner/Berg.
Lavelli piensa que la iglesia vive en un obvio “retraso moral, sicológico y sociológico con relación a la evolución de las costumbres y la evolución del hombre”, y es eso lo que subraya, con imágenes de farsa desatada para el Cardenal, obispos y acólitos –hay momentos muy divertidos–, y otras de gran crueldad, como la crucifixión del Cristo con los pantalones abajo, luego de la escena de amor con la prostituta Magdalena.
Notable la dirección musical de Pedro Pablo Prudencio al frente de la Filarmónica de Santiago, lo mismo que la entrega musical y teatral del Coro del Municipal de Santiago (Jorge Klastornick) y de los protagonistas: Patricio Sabaté (abatido y estremecedor como el Cristo), Evelyn Ramírez (seductora Reina Isabel), Yaritza Véliz (dulce Magalena), Paola Rodríguez (pizpireta Ambulancia) y Gonzalo Araya (notable como el descompuesto Cardenal). El actor Francisco Melo tuvo a su cargo el rol hablado del Poeta Mesana.  * Juan Antonio MUÑOZ