CRÍTICAS

Palau de les Arts
Puccini TOSCA
Lianna Haroutounian, Alfred Kim, Claudio Sgura, Alejandro López, Moisés Marín, Alfonso Antoniozzi. Dirección: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Davide Livermore. 6 de mayo de 2018.
 
El antiguo intendente del Palau de Les Arts, Davide Livermore, volvió a Valencia con su visión de Tosca © Palau de les Arts / Miguel Lorenzo
 
Davide Livermore volvía a Valencia meses después de su dimisión como intendente. Lo hacía también apenas unas semanas después de que Fabio Biondi –quien llegó de su mano a Les Arts– dejase también la cotitularidad de la orquesta tras una encuesta que mostró que no contaba con el apoyo de los músicos. En ese contexto el regista italiano presentó su Tosca en una producción proveniente del Carlo Felice de Génova. No deja de ser llamativo que el exintendente programase su propia producción cuando en los almacenes de Les Arts hay una de su propiedad firmada por Jean-Louis Grinda. Nunca había ocurrido algo así en este coliseo. Sea como fuere, en su visión del drama pucciniano lo más llamativo resultó ser la plataforma central, cuyo movimiento giratorio protagoniza la escena con llamativos efectos cinematográficos. No faltaron las referencias a los espacios originales con la cúpula de Sant’Andrea della Valle o una especie de San Miguel –sin espada– en el tercer acto. No obstante, hubo cierta frialdad en la dirección escénica, especialmente en el segundo acto, a lo que contribuía la iluminación cenital y algo plana. Pero lo más discutible fue el final, en el que Tosca no se suicida, sino que se queda en un rincón como lamentándose. Eso sí, muy disgustada, algo normal dadas las circunstancias. Al parecer, es un homenaje al final de la película El cielo sobre Berlín de Wim Wenders.
 
El elenco vocal parecía más propio de un segundo reparto que de lo que la tradición de Les Arts manda. Lianna Haroutounian no posee el centro ni el grave para ser una Tosca de autoridad, pero tampoco su profundidad interpretativa, pues rozó el histrionismo subrayado por unos movimientos escénicos tópicos. Tampoco satisfizo en el agudo con ese portamento al que hubo que recurrir para afrontar el Do de la “lama”; además, la afinación no siempre pareció impecable. Firmó, eso sí, una dignísima versión del “Vissi d’arte”. Su compañero, Alfred Kim como Cavaradossi, lució solamente en el agudo, en especial en sus incursiones al Si bemol –La sostenido en el “Vittoria!”–; en el resto la emisión fue trémola y la interpretación, musicalmente, poco atractiva. Sin embargo, también consiguió sus mejores resultados en su aria, en este caso “E lucevan le stelle”. Pero sin duda el más deficiente de los tres fue Claudio Sgura, al que en más de una ocasión no se le escuchó; con una emisión oscura, una dicción indiscernible y una proyección nada efectiva firmó un Scarpia reducido a menudo a la mera presencia escénica.
Cesare Angelotti estuvo encarnado por Alejandro López, exmiembro del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, que no pareció demasiado cómodo en la parte. Considerablemente mejor estuvo Moisés Marín como Spoletta. El veterano Alfonso Antoniozzi fue un Sacristán de buen oficio, pese a una voz algo deteriorada.
La dirección de Nicola Luisotti lució como una especie de rosa de Sarón en medio de estas voces. Su batuta fue una fuente inagotable de sutilezas –especialmente en la cuerda– a las que la orquesta respondió demostrando que, bien dirigida, sigue sonando al más alto nivel, deleitando con esos efectos en glissando de la cuerda. Solo pecó de cierta exageración en la entrada de Scarpia. Hay que tener en cuenta que el director logró todo ello con unos cantantes a los que, desde luego, no era fácil seguir.  * César RUS