CRÍTICAS

Barbican Centre 
Concierto JONAS KAUFMANN
Obras de Richard Strauss, Korngold y Elgar. Dirección: Jochen Rieder. 19 de mayo de 2018.
 
Jonas Kaufmann, durante su concierto en Londres © Barbican Centre / Mark Allan
 
Jonas Kaufmann trabaja por aportar su mundo interior al sentido de las obras que interpreta; por eso es un artista y no solo un cantante. Fue una oportunidad magnífica asistir a su primera ejecución en vivo de los Vier letzte Lieder de Richard Strauss, una aventura que implicaba muchos riesgos, en especial porque las partituras –originales para soprano y orquesta– son un  riesgo y un desafíos para un tenor, aunque el cantante alemán ya ha demostrado que lo que le interesa lo hace suyo, como ha hecho con los Wesendonck Lieder (Wagner) o al asumir las dos voces de Das Lied von der Erde (Mahler).
Los Vier letzte Lieder han sido defendidos por material vocal e intención expresiva tan diversos como los de Kirsten Flagstad, Elisabeth Schwarzkopf, Leontyne Price, Jessye Norman, Sylvia Sass, Kiri Te Kanawa o Anna Netrebko, entre muchas otras. Ya algunos varones tuvieron alguna aproximación, como el tenor alemán René Kollo, que grabó “Im Abendrot”, el Lied que cierra el ciclo, dirigido por Christian Thielemann, y el barítono Konrad Jarnot, que grabó las cuatro canciones con Helmut Deutsch al piano. Con este concierto Kaufmann ofreció su incisiva y profunda mirada sobre las partituras, junto a la BBC Symphony Orchestra dirigida por Jochen Rieder.
El arte de Jonas Kaufmann es el de la entrega expresiva íntima; un canto desde lo profundo de su ser, erguido sobre un control absoluto del voltaje emotivo, que dosifica y administra con un cuidado casi religioso. Tiene una sobrenatural capacidad para comunicar de manera confidencial las sutilezas de un lenguaje musical cuya vida se debe a un recorrido melismático por palabras y sílabas implicadas en variaciones de tono, acentuaciones casi imperceptibles y ritmos de fraseo de gran complejidad. Un tejido musical que, en el caso de los Vier letzte Lieder, conmociona a quien escucha.
Para algunos, este ciclo representa el ocaso del Romanticismo, pero la interpretación de Kaufmann dice que más bien se trata de la confirmación absoluta de todo lo que implicó el Romanticismo, expuesto a través de un estado contemplativo de calma y esperanza al constatar el paso del tiempo e intuir la muerte. Fue sobrecogedor cómo abordó “O weiter, stiller Friede!”, el cansancio al final del camino, las imágenes del atardecer y la pregunta enorme con que termina el ciclo: “¿Será esto, acaso, la muerte?” (“Ist dies etwa der Tod?”).
El único encore que Kaufmann brindó tras esta noche de leyenda fue “Morgen!” (“Mañana”), tal vez la canción más entrañable de Strauss, que dice, con paz, que algún día nos reuniremos, los bienaventurados “en el seno de esta tierra que respira la luz del sol” y que “sobre nosotros descenderá el mudo silencio de la felicidad”.
Si bien el centro de este programa eran los Vier letzte Lieder, también se incluyeron breves obras instrumentales de Korngold, Elgar y del propio Strauss, además de los Lieder, siempre del creador de Elektra “Ruhe meine Seele, “Freundliche Vision”, “Befreit” y “Heimliche Aufforderung”. La orquesta de la BBC fue dirigida admirablemente por Rieder, que conoce a Kaufmann y que respira con él, algo absolutamente necesario en un repertorio como este.  * Juan A. MUÑOZ