CRÍTICAS

Sitges Primavera Musical
Rossini L’INGANNO FELICE
Serena Sáenz, Jorge Juan Morata, Guillem Batllori, Roberto Maietta, Jorge Abarza. Dirección: Assunto Nese. Dirección de escena: Anna Ponces. Teatre Casino Prado, 18 de mayo de 2018.
 
Òpera de Cambra de Barcelona llevó su montaje de L’inganno felice a Sitges © Sitges Primavera Musical / Antoni Bofill
 
El teatro llamado del Prado Suburense ha sido escenario ocasional de eventos operísticos importantes, el primero de los cuales fue el estreno de la ópera wagneroide de Enric Morera La Fada; y en 2003, quien estas líneas firma organizó allí una representación –en el jardín– de Il re pastore de Mozart. En mayo, la Òpera de Cambra de Barcelona que dirige el tenor Raúl Giménez ofreció otro hito histórico, la representación de L’inganno felice de Rossini, título que llevaba más de 150 años sin subir a un escenario español desde que se diera en Barcelona y Madrid en la época de la primera oleada rossiniana, que en su momento fue una verdadera inundación (solo en Barcelona se ofrecieron 28 de sus títulos en poco más de quince años). La ópera rossiniana se dio en Sitges en forma escenificada, como se hizo la semana siguiente en el Teatre de Sarrià de Barcelona, con  dirección escénica de Anna Ponce y contando con una muy cuidada escenografía a cargo de Carles Berga y un grupo de alumnos de la Escuela Elisava.
Un grupo de cantantes jóvenes desempeñaron con considerable competencia su labor, centrados en torno a la soprano Serena Sáenz como la protagonista Isabella, la mujer abandonada por un marido que la recobra diez años más tarde, ideas del libretista  en una época en que se estilaba este tipo de argumentos. Las arias interpretadas por Sáenz llamaron fuertemente la atención, especialmente la segunda, y obtuvo un éxito personal de gran nivel. Jorge Juan Morata cantó con voz tersa el papel del olvidadizo tenor (Bertrando), pero la voz masculina más notable fue la de Guillem Batllori como el malvado Ormondo. Muy destacada la vis cómica de Roberto Maiella como Tarabotto, secundado por el Batone de Jorge Aberza; en la ópera, según los cánones bufos de la época, hay un dúo de bajos francamente gracioso.
La orquesta Barcelona Concertante fue pulcramente dirigida por Assunto Nese dentro de un foso escasísimo de espacio. El público al principio mostró un interés relativo por la función, pero poco a poco se fue animando y la obra acabó en medio del entusiasmo general.  * Roger ALIER