CRÍTICAS

Opéra Royal
Lully PHAÉTON
Elizabeta Sveshnikova, Lisandro Abadie, Eva Zaïcik, Victoire Bunel, Mathias Vidal, Léa Trommenschlager, Viktor Shapovalov, Cyril Auvity, Aleksandr Egorov, Alfiya Khamidullina. Dirección: Vincent Dumestre. Dirección de escena: Benjamin Lazar. 30 de mayo de 2018.
 
Benjamin Lazar puso en escena Phaeton en Versalles © Opéra Royal / Nikita Chuntomov
 
Phaéton, hijo del Sol, murió en el intento de conducir el carro de fuego de su padre. La moraleja quedaba muy clara: en la corte del rey sol, cada uno debía quedarse en su sitio. La obra (1683) de Jean-Baptiste Lully, no tan conocida como otras del compositor, sorprendió muy favorablemente a los asistentes que llenaron por completo el suntuoso Théâtre Royal de Versalles. Dirigió la orquesta con mano firme Vincent Dumestre. La formación Le Poème Harmonique estuvo esta vez enriquecida por los maestros de MusicaAeterna de la Ópera de Perm, dando vida a un conjunto bien nutrido que proporcionó a la música de Lully amplitud y profundidad. Se lucieron en particular las maderas en los momentos de mayor intensidad dramática, pero fueron las cuerdas las que soportaron la continuidad melódica de la velada. Unos y otros recibieron un merecido aplauso al bajar el telón. Fueron los artistas en el foso la base y el sostén artístico de la función.
 
Con una escenografía sencilla y eficaz, firmada por Mathieu Lorry-Dupuy, en la que los vídeos de Yann Chapotel tuvieron un papel importante, concibió y desarrolló Benjamin Lazar su puesta en escena. Trabajo sorprendente que permitió descubrir, en particular, los textos de Philippe Quinault –Molière había muerto en 1673– bajo acentos arcaicos, sin que se sepa a ciencia cierta si fueron históricos o solamente supuestos: los artistas pronunciaron sistemáticamente las erres finales de los verbos en infinitivo –cosa que el francés actual desconoce– y el conjunto vocálico “oi”, que en estos tiempos se pronuncia “ua”, en grafismo español, lo pronunciaron “ué”. Así pues moi, por ejemplo, se oía mué en lugar de mua, y así sistemáticamente. Mandó a los cantantes completar sus decires con las manos y los brazos, dando de esta forma a los textos una dinámica espacial de muy buen gusto.
 
Si algunos de los cantantes no pudieron identificarse fácilmente, por ser la obra desconocida, estar ellos muy maquillados e interpretar, algunos, diferentes papeles, sí sobresalieron Eva Zaïcik en el rol de Lybie, la infeliz hija del rey obligada a casarse con el ambicioso Phaéton, o bien Lisandro Abadie en el triple papel de Epaphus, Saturne y Jupiter. Ambos dieron a sus textos, recitados o cantados, sentido y sentimiento, verdad y vida. Capítulo aparte mereció el trabajo de Léa Trommenschlager en la piel de Climène , la madre de Phaéton. Su dominio del legato y de la utilización intensiva del pianissimo de gran facilidad y efecto dieron momentos de gran intensidad dramática. Mathias Vidal dio vida con intensidad y furia –por momentos– al infortunado Phaéton. En conjunto, los artistas ya citados y todos cuantos estuvieron presentes en el escenario dieron testimonio de su competencia en materia de recitativo, en una lengua de fonética compleja y que, para muchos de ellos, no era la suya.
No se olvide el trabajo del coro, bien dirigido por Vitaly Polonsky, que emitió en el prólogo, y solamente en él, una sonoridad ácida, original y convincente.  * Jaume ESTAPÀ