CRÍTICAS

Baluarte
Recital Bryn TERFEL
Obras de Mozart, Chaikovsky, Gounod, Weill, Boito, Verdi y Wagner. Dirección: Gareth Jones. 14 de abril de 2018.
 
El gran bajo-barítono galés BrynTerfel recaló en Pamplona acompañado de la Sinfónica de Navarra a las órdenes del también galés Gareth Jones con un programa en el que quiso dar un repaso a muchos de los compositores que han estado presentes en su carrera y con papeles a los que ha marcado una impronta muy personal y en muchos casos ejemplar. Este hecho, que pudiera tener sentido a priori, restó coherencia al concierto, resultando una mezcla de muy diferentes fragmentos y dejando descompensada la segunda parte.
Comenzó la velada con el aria de Leporello del Don Giovani mozartiano “Madamina, il catalogo è questo”, que le sirvió para calentar la voz y enseñar sus mejores artes canoras, con una caracterización muy bien intencionada, y consiguió conectar con el público. Siguió con el aria de Mefistófele de Fausto de Gounod “Le veau d’or”, en la que se echó en falta la rotundidad y el peso de la verdadera voz de bajo que reclama el papel, a lo que hubo que sumar el caudal sonoro de la orquesta, que dificultó que el instrumento de Terfel pudiera proyectarse adecuadamente. Sin casi solución de continuidad a los aplausos, siguió la copla de Mackie Navaja de la obra de Kurt Weill La ópera de tres centavos, volviendo a interpretar a Mefistófele pero en esta ocasión de la ópera del mismo nombre de Arrigo Boito. De esta pieza cantó “Son lo spirito che nega”, aria en la que volvió a quedar en evidencia la debilidad de la parte grave de su voz, aunque supo suplirlo con una exhibición de silbidos que sorprendió al público, a quien animó a imitarlos.
Para terminar la primera parte recurrió a otro personaje que ha marcado su carrera, creando una interpretación que hoy es un referente: Falstaff. Su página del primer acto “L´onore! Ladri!” fue dicha con todo el sentido y el peso de barítono que Verdi dio al personaje.
La segunda parte estuvo dedicada monográficamente a Wagner, de cuyas obras seleccionó el aria de Hans del segundo acto de Los maestros cantores de Núremberg, “Was duftet doch der Flieder”, y el adiós de Wotan del tercer acto de Die Walküre. En ambos fragmentos se pudo disfrutar y comprobar por qué es uno de los cantantes más demandados en este repertorio por su capacidad para dar el peso y el sentido a cada una de las frases con una voz que demostró estar en un buen momento. Obviamente no eran páginas que fueran a despertar el entusiasmo del público, que, pese a ello, aplaudió con fuerza, regalando como propinas dos agradables canciones galesas.
La Sinfónica de Navarra tuvo una tarde afortunada, aunque la batuta de Gareth Jones primara más el volumen a la matización en las diferentes partes orquestales que se prestaban claramente al exceso sonoro.  * Alberto OSÁCAR