CRÍTICAS

Fundación Juan March
Literes LOS ELEMENTOS
Olalla Alemán, Eugenia Boix, Aurora Peña, Marifé Nogales, Soledad Cardoso, Lucía Martín-Cartón, Rafael Rivero. Dirección: Aarón Zapico. Dirección de escena: Tomás Muñoz. 15 de abril de 2018.
 
Intérpretes de Los elementos de Literes en Madrid © Fundación Juan March 
Literes compuso Los elementos –hace poco tiempo estrenada en Nueva York– para una importante boda cortesana, en el Madrid de los inicios de Felipe V, en plena Guerra de Sucesión. No se sabe si tenía algún significado político, pero el motivo central de la obra, la llegada del Sol que pacifica a los elementos alborotados en su ausencia, durante una larga noche, no parece muy dudoso. En la puesta en escena de Tomás Muñoz, la exaltación monárquica quedó sustituida por la preocupación medio ambiental y la obra vino precedida de un sketch, a modo de instalación conceptual, en la que se anunciaba un inminente apocalipsis climático. Menos mal que la encantadora música de Literes libró al espectador de algo tan horrendo.
En su serenata, cantada en castellano y subtitulada Ópera armónica al estilo italiano, el compositor se movió entre Italia –que triunfaba en la música de toda Europa, incluida España– y el estilo de nuestro país, fiel a la articulación del recitativo con el aria o la arieta subsiguientes, y, como no podía ser menos, a la tradición bailable. Así que la ya escasa acción que sostiene la obra pasa a ser aún más estática, como un debate sobre el clima, aunque consigue una intensidad muy peculiar, inconfundiblemente hispana. La posible monotonía va aliviada por una música maravillosa, expresiva, fluida, con una utilización extraordinaria de los conjuntos y las voces y una orquestación –a cargo de Aarón Zapico, que suprimió algún instrumento y añadió una guitarra– muy reducida pero lo bastante variada como para descansar y seducir el oído.
También contribuye la puesta en escena, ingeniosa, con una única plataforma giratoria y el movimiento perpetuo –gestos, apuntes de baile, miradas– de las protagonistas y un vestuario que deja bien claro, con el sencillo recurso de un solo objeto –el abanico para el Aire y una copa para el agua–, quién es quién. Si además se cuenta con un conjunto de voces de tan excelente calidad, y tan equilibrado, como el de esta función, poco más se puede pedir en un escenario tan limitado como el de la Fundación Juan March.
El reparto fue exclusivamente femenino, con la soprano Eugenia Boix en una exquisita, descarada y, en lo vocal, muy bien centrada caracterización del Aire. La también soprano Olalla Alemán se lució como un muy temperamental Fuego, con una voz de color muy hermoso, y Aurora Peña (soprano), estupenda con una voz esmaltada y dúctil, encarnó el Agua. La mezzo Marifé Nogales, menos experimentada en este repertorio, lo compensó con un gran esfuerzo en lo vocal y en lo interpretativo. Excelente, con una voz preciosa y una técnica infalible, Lucía Martín-Cartón en un papel más breve, el del Tiempo, y muy bien Soledad Cardoso como la Aurora.
La orquesta barroca Ars Antiqua, muy reducida, hizo un gran trabajo, habiendo asignado el director un instrumento a cada uno de los elementos. Y Aarón Zapico mantuvo en todo momento el control de los ritmos y la tensión, aunque probablemente son discutibles algunas licencias, desde la supresión del coro a cambios, alargamientos y cortes en la partitura. Gran éxito, en cualquier caso, y bien merecido.  * José María MARCO