CRÍTICAS

Opernhaus
Donizetti MARIA STUARDA
Diana Damrau, Serena Farnocchia, Pavol Breslik,  Nicolas Testé, Andrzej Filonczyk, Hamida Kristoffersen. 
Dirección: Enrique Mazzola. Dirección de escena: David Alden. 20 de abril de 2018.
 
Diana Damrau debutó el rol principal de Maria Stuarda en Zúrich © Opernhaus / Monika Rittershaus
 
Había mucha expectación ante el debut de Diana Damrau, considerada uno de los máximos exponentes del belcanto en el panorama operístico internacional, en el rol de Maria Stuarda, uno de los personajes más icónicos de Donizetti. Pero todo ese afán se transformó en una cierta decepción. La partitura de Maria Stuarda, que vivió momentos convulsos por su estreno enmascarado de Buondelmonte en Nápoles para soprano coloratura como protagonista, tuvo que esperar más de un año para finalmente estrenarse en La Scala bajo el título que hoy se conoce y con una partitura prácticamente idéntica. Pero para el estreno milanés Donizetti contó con Malibrán, mezzo coloratura, en el rol protagonista. Esto ha hecho que en las ediciones del siglo XX se haya jugado básicamente con alternar soprano con mezzo o mezzo con soprano para Maria y Elisabetta. Pero en Zúrich se pudo ver una versión soprano con soprano. De ahí que Damrau jugara con la centralidad del rol, evitando los sobreagudos no escritos, que, hoy en ella, denotan un cierto desgaste y tirantez. La alemana gustó en la página “Oh nube che lieve”, en la que sí dejó huella de su sentido musical y de la elegancia en el fraseo que la han caracterizado. No fue así en “Nella pace del mesto riposo”, en la que, a pesar de algunas variaciones interesantes, se mostró tirante y con un instrumento algo pesado. De incomprensible se puede calificar el dúo “Da tutti abbandonata”, con una compenetración cero con el Leisceter de Pavol Breslik: cada uno cantaba por su lado y con serios problemas de afinación.
Breslik, quien también es un cantante muy dotado y musical, no estuvo en terreno cómodo con este rol, cosa que se notó en toda su prestación, con una proyección algo artificial y engolada que afeó su instrumento, además de padecer también problemas en la afinación y en el control del fraseo. En la escena de la confrontación pareció que Damrau volvía a ganar peso, pero la maravillosa y contundente Elisabetta de Serena Farnocchia se llevó el gato al agua de manera absoluta. La suya es una Regina de marcada italianidad, de raza. Ya en su cavatina de entrada, “Ah! Quando all’ara sorgemi”, dejó constancia de que su Elisabetta iba muy en serio. Impresionó por un instrumento de carnosa belleza, con un total dominio del fraseo y del canto legato, además de una impecable coloratura. Damrau volvió a mostrar su elegancia en la preghiera, más correcta que sentida y culminó sin pasión la maravillosa escena final. 
El director italiano nacido en Barcelona Enrique Mazzola, quien ya está considerado internacionalmente un especialista en el repertorio, tuvo en esta ocasión sus claros y sus oscuros. Los claros fueron conseguir un sonido muy belcantista, italiano en la Philarmonia de Zurich. Estuvo muy pendiente de las dinámicas y del fraseo y consiguió momentos de verdadera belleza, como la célebre preghiera. Sus oscuros le vinieron en la elección de los tempi, que, en algún momento podían hasta resultar extenuantes, como la escena de entrada de Maria, o exageradamente acelerados, como en el concertante de la confrontación de las reinas, en el que no hubo manera de que fueran todos a una. 
David Alden hizo una producción muy teatral, al estilo Opernhaus, que marcaba la preeminencia de la reina de Inglaterra con espectaculares entradas, trono omnipresente y jugaba con los colores negro-rojo para Elisabetta y dorado para la reina de Escocia. El director norteamericano supo captar la tensión y el fuego y de algún modo fue el responsable de que esta Stuarda funcionara como espectáculo.  * Albert GARRIGA