CRÍTICAS

Gran Teatre del Liceu
Rubinstein DEMON        
Alexander Tsymbalyuk, Asmik Grigorian, Igor Morozov, Roman Ialcic, Larisa Kostyuk, Egils Silins, Antoni Comas, Yuriy Mynenko. Dirección: Mijail Tatarnikov. Dirección de escena: Dmitry Bertman. 23 de abril de 2018.
 
Dos detalles del montaje de Demon en la visión de Dmitry Bertman © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill 
 
El fallecimiento del gran barítono ruso Dmitry Hvorostovsky el pasado noviembre impidió que protagonizase esta nueva coproducción del Gran Teatre del Liceu y el Helikon de Moscú en la que se había implicado personalmente. Por ello el coliseo barcelonés y el director de escena y director del Helikon, Dmitry Bertman, le homenajearon dedicándole todas las funciones de esta obra de Anton Rubinstein. Este músico ruso gozó de un gran prestigio en su época como virtuoso del piano, pero también fue un destacado compositor de conciertos y sinfonías, fundador, director y profesor del Conservatorio de San Petersburgo y muy conocido por una veintena de obras líricas, entre las cuales sobresalen especialmente Demon y Nerone (la primera ópera rusa estrenada en el Liceu, en 1898).
Demon tiene todos los ingredientes de una ópera rusa, desde la preeminencia de voces graves a una gran participación del coro, pero a su vez destaca por una música de estilo más internacional, de muy bella factura y cuidados detalles. La ópera, basada en un poema homónimo de Mijail Lermontov de estilo claramente romántico, trata sobre el imposible amor del Demonio con una bella princesa a la que trata de conquistar con la promesa de la inmortalidad y tras eliminar a su prometido. Ni el retiro de la joven a un convento frenará la obsesión del diablo, que cuando finalmente consigue besar a la princesa provoca el fallecimiento de esta, cuya alma asciende al cielo santificada.
La obra estuvo muy bien presentada gracias a la interesante propuesta escénica de Bertman, que juega con un gran cilindro de madera a modo de túnel entre los diferentes mundos y con una gran esfera que lo domina y que mediante proyecciones se convierte en diversos elementos como la tierra o un gran ojo con el que el Demonio lo controla todo. Un espacio cilíndrico bastante cálido y sugerente, que deja proyectar las voces muy adecuadamente y en el que se sucede toda la trama con gran belleza e interés gracias a un cuidado vestuario y una excelente iluminación, a pesar de las evidentes limitaciones de espacio.
El reparto resultó excelente, especialmente en los dos papeles principales, que son todo un regalo para los intérpretes. Destacaron el poderoso bajo-barítono Egils Silins como un Demonio de gran autoridad y excelente línea canora y la temperamental soprano Asmik Grigorian como una princesa Tamara de voz cálida, homogénea y de muy destacada proyección canora. También sobresalieron el Príncipe Gudal del bajo Alexander Tsymbalyuk, el joven tenor de voz broncínea Igor Morozov, el Sirviente del habitual de la casa Roman Ialcic o el acertado mensajero de Antoni Comas. Algo sorpresiva fue la presencia del cuidado contratenor Yuriy Mynenko como Ángel.
Asimismo extrañó que los cortes afectasen al conocido ballet, que hubiese redondeado esta importante presentación gracias al meritorio trabajo con cantantes  e instrumentistas del director musical Mijail Tatarnikov. Este supo enfatizar la obra en su conjunto pero cuidando la conjunción de solistas y la exquisitez de los numerosos detalles de la partitura sin olvidar la cuidada e importante participación del Coro de la casa. Una gran velada lírica muy aplaudida por el público barcelonés.  * Fernando  SANS RIVIÈRE