Staatsoper
Gottfried Von Einem LA MUERTE DE DANTON
Wolfgang Koch, Herbert Lippert, Olga Bezsmertna, Jörg Schneider, Thomas Ebenstein, Clemens Unterreiner.  Dirección: Susanna Mälkki. Dirección de escena: Josef Ernst Köpplinger.  3 de abril de 2018.
 
Detalle del montaje ideado por Josef Ernst Köpplinger para La muerte de Danton  © Staatsoper / Michael Pöhn
 
 
El joven compositor de 29 años Gottfried von Einem obtuvo su primer gran éxito internacional con Dantos Tod (La muerte de Danton), ópera cuyo libreto escribieron Boris Blacher y el propio Von Einem basándose en una tragedia de Georg Büchner sobre la Revolución Francesa y que se estrenó en el Festival de Salzburgo de 1947 con Paul Schöffler, Julius Patzak y Maria Cebotari en los papeles principales y Ferenc Fricsay a la batuta. Esa misma producción viajó el mismo año al Theater an der Wien, hasta 1955 sede de la Staatsoper mientras el coliseo esperaba ser reconstruido. En 1963 Dantos Tod volvió a representarse en el Theater an der Wien con ocasión del Festival de Viena (Wiener Festwochen) en una nueva producción con Eberhard Wächter y en 1967 Josef Krips dirigiría el primer montaje original para la Staatsoper, otra vez con Wächter y con Lisa della Casa, un espectáculo que pudo seguir viéndose hasta 1972. Ahora, 46 años más tarde, la ópera ha sido recuperada en una nueva propuesta para conmemorar el centenario del compositor, con el debut en la casa del director de escena austríaco Josef Ernst Köpplinger y de la directora finlandesa Susanna Mälkki.
Köpplimger realizó una excelente puesta en escena y consiguió de todos los participantes, con el soberbio coro incluido, un gran trabajo actoral. Rainer Sinell creó una escenografía impresionante y Alfred Mayerhofer firmó un vestuario de inspiración histórica. Susanna Mälkki por su parte tuvo un comportamiento meritorio y a sus órdenes la orquesta tocó a gran nivel, aunque quizá la intensidad del sonido pudo ser en algún momento excesiva.
El capítulo de solistas estaba encabezado por el barítono alemán Wolfgang Koch, un Danton fogoso y de gran poderío vocal. Su discurso de descargo hizo un efecto magnífico. A su lado el tenor austríaco Herbert Lippert fue un Camille Desmoulins más lírico en la intensidad pero igualmente de primera clase. En los demás papeles tuvieron ocasión de mostrar su talento de modo particular Jörg Schneider (Hérault de Séchelles), Thomas Ebenstein (Robespierre), Clemens Unterreiner (Herrmann), Wolfgang Bankl (Simon) y Olda Bezmertna (Lucile), pero también lograron complacer Ildikó Raimondi, Lydia Rathkolb y Ayk Martirossian como Una dama, Una Mujer y Saint-Just, respectivamente.
Fueron 90 minutos, sin interrupción, en una velada tan corta como intensa. Que los efectos y la tensión no fueran tan intensos como en La visita de la vieja dama en el Theater an der Wien habría de ser atribuido al parangón entre ambas óperas.  * Gerhard OTTINGER