Gran Teatre del Liceu
Verdi ATTILA
Ildar Abdrazakov, Anna Pirozzi, Vasily Ladiuk, José Bros, Ivo Stanchev, Josep Fadó. Dirección: Speranza Scappucci. 6 de abril de 2018.
 
El Liceu barcelonés obtuvo un gran éxito con el Attila en versión de concierto © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill
 
Hay que acudir a los verificados dictámenes de los musicólogos para enterarse de que el Verdi de los anni di galera es de una clase muy inferior al de las grandes obras de madurez, en las que la inspiración cedía definitivamente el turno a la sapiencia. Al espectador desapercibido, sin embargo, es posible que le hagan vibrar en mayor medida obras como este Attila que las sutilezas que, por poner un ejemplo, todo un Falstaff encierra. El vigor de los ritmos, el frescor del estro melódico y la fuerza de una construcción dramática que no por elemental y parcelada ha de ser menos efectiva, han de seguir subyugando, en efecto, mientras haya un teatro que les abra sus puertas, como acaba de demostrarse en el Liceu, donde aun tratándose de una audición en forma de concierto el reclamo llegó a un público que mostró fervorosamente su entusiasmo.
Speranza Scappucci hizo su presentación en la casa con un propósito muy concreto: el de poner todo su empeño en subrayar la grinta –hay expresiones de traducción imposible– de un Verdi que aún no sabía que iba a ser tan grande. La directora no siguió solo los criterios de Riccardo Muti, con quien ha trabajado  varios años,  en lo relativo a prescindir de las puntature espúreas en la finalización de las arias y respetar lo escrito, cabalette dobles incluidas, sino también en la precisión de los ataques y en la construcción de los pasajes concertados, cuidando siempre la agógica y las dinámicas para dar realce a las necesidades del canto. Los ocasionales excesos fónicos en la orquesta y en los coros pueden disculparse en este contexto y hay que hacer constar que los cuerpos estables del teatro la siguieron con loable entusiasmo, creyendo siempre en el mensaje a transmitir.
Era un día para las grandes voces y estas no faltaron, sobre todo en los dos debuts de los protagonistas. Ildar Abdrazakov hizo alarde de poderío vocal y de un acento autoritario pero muy cuidadoso del matiz; estimulado por la inmensa ovación que acogió su vibrante versión de “Oltre quel limite”, repitió la segunda estrofa atendiendo a la petición del público. Un bis en el aria de un bajo es algo ciertamente insólito y no solamente aquí, pero la ocasión lo justificaba. Anna Pirozzi despachó con insultante facilidad su tremenda aria de salida y cautivó en su debut local con una delicada versión de “Liberamente or piangi” en el segundo acto. Voz importante, ligando bien las frases y aportando variaciones preciosas en las riprese, fue literalmente aclamada por el público, al igual que José Bros, impecable en el fraseo y en la limpieza de la emisión como Foresto, cuyas dos arias y el dúo con la soprano fueron otros tantos momentos mágicos de la velada. Vasily Ladiuk, premio Viñas de 2005 y Yamadori en la Butterfly de la misma temporada, hizo una exhibición de volumen vocal, aun con alguna indecisión tonal y una cierta falta de noble empaque en el porgere, lo que no fue obstáculo para la entusiasta aprobación del público. Josep Fadó fue un Uldino sin mácula e Ivo Stanchev completó adecuadamente el cuadro interpretativo aun viéndose perjudicado por una posición en el hemiciclo que restó autoridad a su imprecación. El teatro no se llenó, pero los asistentes se mostraron exultantes al final. Váyase lo uno por lo otro.  * Marcelo CERVELLÓ