CRÍTICAS

Opéra Bastille
Verdi LA TRAVIATA
Marina Rebeka, Virginie Verrez, Isabelle Druet, Charles Castronovo, Plácido Domingo, Julien Dran, Philippe Rouillon, Tiago Matos, Tomislav Lavoie, John Bernard. Dirección: Dan Ettinger. Dirección de escena: Benoît Jacquot. 28 de febrero de 2018.
 
Marina Rebeka, Charles Castronovo y Plácido Domingo, principales intérpretes de La Traviata en La Bastille © Opéra National de Paris / Emilie Brouchon
 
La reposición de la puesta en escena de Benoît Jacquot –de junio de 2014 (ÓPERA ACTUAL 172)– tenía el interés de ver juntos a Plácido Domingo y Anna Netrebko, pero la soprano rusa no pudo acudir a la cita por razones de salud. La presencia del hoy barítono, en todo caso, bastó para llenar la sala. Su trabajo justificó el desplazamiento del público a pesar de las inclemencias meteorológicas.
Pasa el tiempo y la emisión del artista español no se altera. Cierto que la tesitura de sus personajes actuales es más grave al cantar ahora papeles de barítono, pero en esta ocasión el artista mantuvo la expresión, la potencia, la claridad de la elocución al nivel de lo que de él se recordaba de otros tiempos. Sus dos dúos con Violetta y Alfredo en el segundo acto fueron otras tantas lecciones de buen decir. Sin alzar en exceso la voz se le escuchó inteligible desde cada lugar del escenario, incluido el fondo, situación más que peligrosa para muchos. Se expresó con gravedad y una gran verdad, como si hubiese sido el verdadero padre de Alfredo. A su calidad vocal se añadió la ascendencia moral de la responsabilidad familiar dada por la experiencia. El público asistió a una confrontación entre dos auténticas generaciones. El valor intrínseco del trabajo de unos y otros –que fue de muy buena ley– quedó supeditado a la verdad humana de la situación dramática en este segundo acto.
Marina Rebeka, desconocida hasta ahora en París, fue una Violetta visiblemente enamorada de Alfredo; su expresión, con una agradable pizca de metal, fue límpida y expresiva. Cuidó la soprano con suma atención los múltiples momentos esperados por el público y los tradujo en otras tantas victorias. Puntuaron su actuación bellos agudos y ejecutó multitud de transiciones sin esfuerzo aparente; por desgracia emitió mayormente olvidándose de las consonantes del texto las más de las veces: fue pues su canto perfecto pero incomprensible. Se observó en cambio en el trabajo de Charles Castronovo una gran claridad de emisión que hacía por completo superflua la proyección de los diálogos; su emisión viril, una pizca abaritonada, dio consistencia al personaje, alejándolo del joven tímido e inmaduro visto tantas veces en los escenarios en el papel del burgués algo libertino.  Sobresalió de entre los personajes secundarios el de Flora, interpretado con gran autoridad dramática y vocal por Virginie Verrez. El veterano Philippe Rouillon fue un Douphol muy creíble.
El foso, a las órdenes de Dan Ettinger, atacó con vitalidad y un gran lirismo la obertura. Puso luego sumo cuidado en no enturbiar musicalmente a los cantantes. En particular no quiso imponerse a las decisiones tomadas por Domingo en cuestiones de tempo. Repítase que, como en junio de 2014, el trabajo dramático que Jacquot impuso a los solistas fue digno de encomio.  * Jaume ESTAPÀ