Teatro dell’Opera
Verdi I MASNADIERI
Roberta Mantegna, Stefano Secco, Artur Rucinski, Riccardo Zanellato. Dirección: Roberto Abbado. Dirección de escena: Massimo Popolizio. 21 de enero de 2018.
 
Massimo Popolizio firmó la puesta en escena de I masnadieri en Roma @ Teatro dell’Opera / Yasuko Kageyama
 
I masnadieri es una de las óperas menos representadas de Verdi y sin embargo sigue siendo una de las más interesantes y originales de sus producciones juveniles, aun a pesar de sus momentos débiles. Con esta obra, ambientada no ya en épocas remotas sino en un período relativamente reciente, Verdi iniciaría un recorrido que, pasando por Luisa Miller y Stiffelio,  le llevaría hasta La Traviata, afrontando temáticas cada vez más modernas. El regista Massimo Popolizio, en cambio, decidió trasladar la acción de la ópera desde el siglo XVIII a la Edad Media, sin conceder importancia al hecho de que Schiller –autor del drama en el que se basa el libreto– y Verdi habían imaginado problemáticas y personajes modernos. Popolizio, actor de teatro y director de escena muy conocido en Italia, ha dado la impresión de no encontrarse a gusto en esta su primera experiencia en el terreno operístico, dejando a los protagonistas y al coro casi siempre inmóviles en un  escenario predominantemente gris, tonalidad  que presidía tanto la escenografía de Sergio Tramonti, como el vestuario de Silvia Aymonino y la grisácea iluminación de Roberto Venturi.
Roberto Abbado puso en valor el extremo dramatismo de esta obra con la densidad del colorido orquestal, que en cambio no fue nunca ni uniforme ni monótono. Los tempi fueron preferentemente impetuosos, tal y como Verdi los quería, pero en ocasiones se remansaban de manera notable, probablemente para aportar alguna ayuda a las dificultades de los cantantes, que a menudo mostraron algunas limitaciones.
Stefano Secco posee una buena impostación técnica pero su voz no es lo bastante robusta para un personaje tan dramático como Carlo, un hecho que le puso en dificultades desde el primer momento y que le hizo llegar al final extremadamente fatigado. La joven Roberta Mantegna, probablemente intimidada en su debut, afrontó con prudencia los pasajes más virtuosísticos y los momentos de mayor dramatismo, pero en conjunto puede decirse que superó brillantemente el examen. Se trata, en efecto, de una soprano muy prometedora, de la que se oirá hablar.
Muy buena la aportación de Artur Rucinski, que brilló de manera especial en la página más bella de la ópera, la gran escena de Francesco a comienzos del cuarto acto, que recuerda mucho al Macbeth compuesto por Verdi pocos meses antes. Bien Riccardo Zanellato como Massimiliano, el cuarto protagonista de la ópera. Buen nivel asimismo para Saverio Fiore, Dario Russo y Pietro Picone en los tres papeles que completaban el reparto.
En las representaciones sucesivas se añadieron al reparto otros cantantes, que el recensor pudo escuchar en una representación para colegiales el 20 de enero. Marta Torbidoni afrontó con total seguridad el papel de Amalia, mientras que el tenor vasco Andeka Gorrotxategi tuvo algún problema con su primera aria, pero mejoró enseguida y con una voz timbrada y sólida estuvo a la altura del personaje de Carlo. Giuseppe Altomare (Francesco) usó con inteligencia una voz de notable extensión pero de timbre algo opaco para convencer especialmente en la escena del sueño.  * Mauro MARIANI