Teatro Massimo
Rossini GUILLAUME TELL
Nino Machaidze, Enkelejda Shkosa, Anna Maria Sarra, Roberto Frontali, Dmitry Korchak, Luca Tittoto, Emanuele Cordaro, Marco Spotti, Matteo Mezzaro, Paolo Orecchia, Pietro Adaini. Dirección: Gabriele Ferro. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 31 de enero de 2018.
 
Dos detalles del montaje de Guillaume Tell de Damiano Michieletto © Teatro Massimo
 
Este montaje procede de Londres, donde el estupro de una joven suiza por los soldados extranjeros durante las danzas del tercer acto provocó un enorme escándalo. En Palermo, en cambio, no se registró ninguna reacción desfavorable y los esporádicos silbidos dedicados a Damiano Michieletto al término del espectáculo –y solo en la primera función– hacían referencia a toda la puesta en escena y no a ese episodio en particular, violento pero no escandaloso y tampoco injustificado, ya que si es cierto que en 1829 hubiera sido inimaginable mostrar un estupro en escena no lo es menos que los suizos sufrieron afrentas y humillaciones de todo tipo por parte de los austríacos. Precisamente a partir de ese momento la dirección escénica adquirió un mayor dramatismo y llegó a implicar totalmente a los espectadores, cuando hasta entonces la regia de Michieletto había mostrado una falta de ideas insólita en un director de sus características, que se reflejaba en la inmovilidad de todos los personajes, y sobre todo el coro, en escena.
También faltó al principio toda alusión a la naturaleza suiza, más tarde representada por un único árbol seco que antes había permanecido abatido en el suelo como símbolo de una Suiza separada de sus raíces por la dominación extranjera y que ahora quedaría suspendido en el aire para reflejar la reconquista de la libertad. No fue mucho, teniendo en cuenta que los bosques, los lagos y los montes están omnipresentes tanto en el libreto como en la música.
La realización musical fue de alto nivel bajo la dirección de Gabriele Ferro, un profundo conocedor de Rossini y pionero en el descubrimiento de sus óperas serias. Roberto Frontali encarnó al protagonista con la seguridad vocal y la madurez interpretativa que está demostrando en esta su segunda juventud, aunque no convenció en su intento –acordado con Michieletto– de presentarlo como un simple hombre al que las circunstancias empujan a llevar a cabo acciones que le sobrepasan y no como un héroe. Dmitry Korchak afrontó el tremendo papel de Arnold con una asombrosa facilidad y cantó con auténtico estilo rossiniano, evitando las notas de pecho y ascendiendo al registro agudo con una emisión nítida y sin el menor esfuerzo. Mathilde no parece un papel ideal para Nino Machaidze y su voz, avara de armónicos y afectada por un fastidioso vibrato, arruinó su espléndida aria del comienzo del primer acto. Estuvo más cómoda cuando pudo lucir su dominio de las agilidades, que por otra parte, son más adecuadas a las óperas serias italianas de Rossini que al Guillaume Tell. De muy buen nivel los numerosos intérpretes de los demás personajes, muchos de ellos con intervenciones importantes. Merecen al menos ser citados Luca Tittoto (Gesler), Emanuele Cordaro (Melchtal), Marco Spotti (Furst), Matteo Mezzaro (Rodolphe), Enkelejda Shkosa (Hedwige) y Anna Maria Sarra (Jemmy).  * Mauro MARIANI