Opéra National
Rossini LA CENERENTOLA
Cyrille Dubois, Nikolay Borchev, Renato Girolami, Clara Meloni, Katherine Aiken, Michèle Losier, Simone Alberghini. Dirección: Stefano Montanari. Dirección de escena: Stefan Herheim.
15 de diciembre de 2017.
 
Stefan Herheim llevó su visión de La Cenerentola a Lyon © Opéra National de Lyon / Erik Berg
 
En esta nueva producción de La Cenerentola se intuía ya desde la obertura que la representación iba a ser una fiesta para los sentidos aunque en modo alguno podía adivinarse el grado de sorpresa que representaría. Como en un ejercicio de prestidigitación, el director de escena Stefan Herheim y sus colaboradores –escenógrafo, realizador de vídeo, diseñadores de vestuario e iluminación– inundaron el espacio escénico de buenas ideas para la presentación de los personajes, Rossini incluido, todo de un ingenio y una inventiva que indujeron casi a olvidarse de la parte musical. La estética general conjugaba el cuento de hadas de ayer con el sueño del que se ha despertado en el día de hoy. Gracias al vídeo y a unos efectos especiales muy conseguidos la acción se integró con naturalidad en los hermosos decorados, sin excesos ni efectos fáciles, haciendo que el espectador viajara por distintos lugares y por distintas épocas a medida que Rossini, desde lo alto de su nube, enviaba sus instrucciones a la Cenerentola. Otro acierto fue el presentar el coro de cortesanos con la efigie del compositor, a la protagonista con el instrumental de una empleada de la limpieza y a don Magnifico y a sus hijas con un vestuario que subrayaba sus delirios de grandeza.
Puede entenderse, por todo lo dicho, que una tal acumulación de imágenes, aunque en perfecta coordinación con el texto cantado, acabase con hacer que el admirado espectador se olvidase de la partitura. Stefano Montanari apostó por una versión “de gran espectáculo”, incluida su irrupción personal en escena para regocijo del público y aunque pudiera incurrir en cierta falta de precisión o de refinamiento, la energía no se echó nunca en falta.
Los solistas, enfrontados a una obra de gran dificultad como esta, sobre todo en unos pasajes de conjunto que exigen la precisión de un mecanismo de relojería, lograron a fin de cuentas obtener una cierta cohesión. Michèle Losier (Angelina) posee un hermoso timbre afrutado pero tuvo algún pequeño problema con el canto de agilidad, mientras Cyrille Dubois (Don Ramiro) aportó una línea de canto precisa y segura que haría mejor en no forzar. Sombrerazo, en fin, para los coristas y para la prestación vocal y la actuación irresistible del intérprete de Don Magnifico.  * Teresa LLACUNA