Theater Basel
Verdi LA TRAVIATA
Kristina Mkhitaryan, Kristina Stanek, Anastasia Bickel, Pavel Valuzhyn, Ivan Inverardi, Karl-Heinz Brandt, Domen Krizaj, José Coca Loza, Andrew Murphy, Matthew Swensen, Marco Pobuda, Vladimir Vassilev. Dirección: Titus Engel. Dirección de escena: Daniel Kramer. 2 de diciembre de 2017.
 
Dos detalles de la coproducción del Theater Basel y la English National Opera londinense de La Traviata de Verdi © Theater Basel / Sandra Then
 
El Theater Basel subió a su escenario la célebre ópera de Verdi que tantas desdichas y alegrías por igual le trajeron en vida al compositor. El director de escena Daniel Krammer firmó una propuesta no carente de intensidad, pero que no terminó de culminar; quizás le faltó un mayor trabajo sobre los personajes. Hubo muchas ideas, algunas mejores que otras. Krammer situó directamente el primer acto en un burdel art déco, donde primó el desmadre y el descaro. El segundo acto sucede en la campiña donde la visita de Giorgio Germont –aquí, más que un padre severo pequeño burgués es un lascivo pedófilo que abusó de sus hijos y no duda en intentar sobrepasarse con Violeta– despierta el rechazo y la ira de todos. Se encontrarán de nuevo en el burdel, esta vez en su versión más desmadrada y teñida de rojo. En el tercer acto el espectador encuentra a Violeta en un cementerio, cavando su propia tumba, aunque finalmente no muere. En general, se dio un batiburrillo que no acabó de cuajar ni de emocionar, pero que no molestó del todo.
Titus Engel realizó una encomiable labor frente a la orquesta de Basel, que tuvo momentos de gran brillantez e inspiración, con los delicados preludios del primer y tercer acto, junto a momentos de especial excelencia, como el concertante del segundo acto. Engel hizo algunos cortes, como la cabaletta del tenor, y mantuvo –es de agradecer– las segundas estrofas de las arias de Violetta. Pero La Traviata no es La Traviata si no se cuenta con una Violetta que conmueva y que desgrane en cada frase y cada compás el carácter y las emociones que esta dama descarriada vive durante el transcurso de la ópera. Kristina Mkhitaryan es una muy competente soprano lírica de precioso timbre y cuidado fraseo, como dejó patente en “Ah! Fors’e lui” del primer acto a pesar de alguna tirantez en la cabaletta. Su Violeta fue especialmente sentida en el segundo acto, aunque le faltara algo de intensidad a su “Amami Alfredo” o la emoción no flotara como debería en el concertante final. Hizo un buen tercer acto, con una emotiva página de “Addio del passato”. A su lado, Pavel Valuzhyn, obligado a dibujar un Alfredo aniñado en exceso, cumplió muy solventemente con su rol y jugó bien sus cartas en los dúos con Violetta. El punto negro lo marco el experimentado Germont del barítono Ivan Inverardi, que hizo sufrir con un instrumento desgastado, engolado y con un fraseo deficiente.  * Albert GARRIGA