Teatro Lirico
Marco Tutino LA CIOCIARA
Anna Caterina Antonacci, Lavinia Bini, Aquiles Machado, Sebastian Catana, Roberto Scandiuzzi. Dirección: Giuseppe Finzi. Dirección de escena: Francesca Zambello. 24 de noviembre de 2017.
 
Anna Caterina Antonacci, Aquiles Machado y Lavinia Bini, tres de los protagonistas del estreno italiano de La Ciociara © Teatro Lirico  
Marco Tutino regresa decididamente a la tradición musical y a la estructura reconocible del melodrama que encuentra en la historia, en la literatura y en la cinematografía italiana la identidad que le niega cierta vanguardia estéril y estereotipada. La Ciociara, en su debut europeo tras su estreno absoluto en San Francisco el 13 de junio de 2015, parece destinada a significar un giro decisivo en la prolífica producción musical del compositor milanés, que con este suma su 15º trabajo teatral. Muy loable, por tanto, el valiente desafío del Teatro Lirico de Cagliari al presentar la obra, premiado con la calurosa respuesta del público, con aplausos a scena aperta que son toda una rareza en una ópera contemporánea. Algo tan extraño como salir del teatro recordando motivos musicales concretos.
Un trabajo precioso el de Luca Rossi, adaptando dramatúrgicamente la novela de Moravia (1957) y la película de De Sica (1960) para las exigencias de la ópera lírica. También el texto del libreto redactado por Fabio Ceresa y el propio Tutino daba la impresión de una perfecta adaptación del texto al clásico triángulo melodramático de soprano, tenor y barítono. La subdivisión en dos actos de tres cuadros cada uno, con una duración total aproximada de dos horas y media, permite mantener un ritmo cinematográfico y Tutino sabe aprovechar con habilidad la transposición alusiva a la canción de Cesare Andrea Bixio La strada nel bosco que se cita en el film. El lenguaje musical muestra la fuerte personalidad de una escritura que, aun teniendo en cuenta a Berg y a Shostakovich, se traduce en una vigorosa orquestación en la que encuentran un lugar apropiado tanto la tuba wagneriana como la celesta y una muy notable percusión.
Firmaba la dirección escénica, que reponía aquí perfectamente su colaboradora Laurie Fedelman, la italo-americana Francesca Zambello, con una  magnífica disposición escénica de Peter J. Davison, proyecciones de S. Katy Tucker y un perfecto juego de luces diseñado por Mark McCullough. El vestuario de Jess Goldstein reproducía fielmente el de la película. Muy bueno el rendimiento de la orquesta dirigida por Giuseppe Finzi así como el del coro preparado por Donato Sivo.
Asumir el papel que fue del de la Loren era un doble reto para Anna Caterina Antonacci, para quien fue pensado el personaje de Cesira; además de tener el physique du rôle la cantante se mostró como una intérprete de gran nivel, eficaz e incisiva, para dar vida a una figura inolvidable que prevalece por encima de todos. Otro tanto podría decirse del tenor venezolano Aquiles Machado, espléndido en el papel de Michele. El barítono rumano Sebastian Catana dio el requerido espesor rústico al malo de la película, Giovanni. Rosetta, la hija adolescente de Cesira, fue confiada a una soprano lírica, Lavinia Bini, que acertó con su conmovedora interpretación. Una estampa de importancia fundamental la constituía el Feldmarshall Von Bock, del que Roberto Scandiuzzi supo extraer todos los matices. Habrá que formular los mejores auspicios para que esta ópera circule por los teatros y represente al melodramma italiano en el extranjero. La ópera no ha muerto y La Ciociara es la mejor prueba de ello.  * Andrea MERLI