Mozart LUCIO SILLA
Jussi Myllys, Hila Fahima, Kristina Stanek, Hailey Clark, Sarah Brady, Matthew Swensen. Dirección: Erik Nielsen. Dirección de escena: Hans Neuenfels. 27 de noviembre de 2017.
 
Jussi Myllys protagonizó Lucio Silla junto a Hila Fahima y Kristina Stanek, entre otros cantantes © Theater Basel / Sandra Then 
Se esperaba mucho de este Lucio Silla firmado escénicamente por el reputado regista alemán Hans Neuenfels. Sin embargo, no siempre se convierte en excepcional aquello que está sobre papel, y este fue el caso, tanto escénica como musicalmente. Neuenfels situó la acción en un palacio atemporal, en el cual el eje giraba en torno al corazón, literalmente, de Lucio Silla, tan desconcertado como despiadado durante el transcurso de la ópera. Esta brillante obra de juventud de Mozart, compuesta para los carnavales milaneses, es básicamente una sucesión de arias –a cuál más difícil– y escenas insertadas en un libreto casi imposible y dramáticamente confuso. Por ello, el reto para cualquier director de escena es el de poner orden a ese batiburrillo y poder desgranar algo de los personajes y componer un conjunto teatralmente sostenible. No sucedió así y, a pesar de apostar por ciertas licencias, corte y cambios de orden, el resultado final resultó algo pobre y aburrido.
Musicalmente, la labor de Erik Nielsen no obtuvo mejores resultados. Mozart hizo una composición muy fresca y dinámica para esta ópera, dotándola de contrastes, juegos entre cuerdas y maderas, junto a una significativa presencia de los metales. La obertura sonó débil, poco contundente, con preocupantes desajustes en las maderas y en los metales. Ello se evidenció aún más con el avance de la representación. Sí es cierto que las cuerdas lucieron en varias ocasiones un maravilloso fraseo mozartiano, pero no fue suficiente para sostener todo el conjunto. Por otro lado, el hecho de que Nielsen prefiriera optar por el forte-piano en lugar del original clavicordio no ayudó tampoco a mantener ese pulso rítmico tan presente en esta composición mozartiana. Además, el director también realizó varios cortes incomprensibles, como el de “Il tenero momento” de la entrada de Cecilio. Aunque viendo el resultado vocal, quizás fuera más un acierto que un error. El coro, lo mejor de la velada, realizó una prestación fantástica, bien coordinada, consiguiendo un sonido homogéneo y de sublime belleza.
Los cantantes se dividieron entre los que correctamente se acercaban al estilo mozartiano y los que nada tenían que ver con él. De entre estos últimos se llevó la palma la Giunia de Hila Fahima, con claras deficiencias técnicas para abordar el rol que intentaba esconder con penosos histrionismos, amén de poseer una proyección limitada y un sentido del fraseo de dudosa calidad. La mezzo Kristina Stanek (Cecilio) mejoró la aportación de su compañera, con un fraseo más cuidado, aunque aquí también le pasaron factura la falta de una técnica sólida, con un control de la coloratura irregular y agudos mal atacados y notas graves casi inaudibles. Jussi Myllys como Silla hizo una muy correcta prestación y empezó a equilibrar la balanza hacia los solistas más mozartianos. Estos fueron los casos del Lucio Cinna de Hailey Clark, con una voz de homogénea belleza y una sentida musicalidad. Clark estuvo especialmente brillante en “Se il labbro timido”, en la que hizo gala del saber hacer que reclama el de Salzburgo. Asimismo, Sarah Brady, del Opernstudio de Basel, hizo una excelente prestación como Celia y dejó constancia de ello ya desde su aria de entrada “Se lusinghiera speme” y durante el transcurso de la ópera.  * Albert GARRIGA