Metropolitan Opera
Verdi RÉQUIEM
Krassimira Stoyanova, Ekaterina Semenchuk, Aleksandrs Antonenko, Ferruccio Furlanetto. Dirección: James Levine. 29 de noviembre de 2017.
 
Los solistas del Réquiem de Verdi, con el Coro del Metropolitan tras ellos © Metropolitan Opera / Richard Termine
 
 
Como parte de una reprogramación como consecuencia de la cancelación de la nueva producción de Calixto Bieito de La forza del destino, la Metropolitan Opera ofreció cuatro sesiones del Requiem verdiano cuyas entradas se agotaron incluso antes del día del estreno. Estas cuatro veladas coincidieron con el lamentable fallecimiento de Dmitri Hvorostosky, a cuya memoria fueron dedicadas. Presentada en una caja acústica negra con los miembros del coro sobre el escenario vestidos en diseños negros de Isaak Mizrahi y con la orquesta en el foso, la sobriedad espiritual del evento fue palpable. Desde los atmosféricos primeros compases hasta el escalofriante final, el viaje musical ofrecido por la emotiva batuta de James Levine fue la culminación de la esencia del fraseo verdiano; tanto la incomparable orquesta como el maravilloso coro respondieron con una interpretación sublime.
El reparto de cuatro solistas elegidos por Levine estuvo encabezado por la soprano Krassimira Stoyanova, quien una vez más demostró ser en estos momentos la mejor intérprete mundial de su cuerda: desplegó su cálido instrumento de una exquisitez indescriptible con un fraseo de una musicalidad celestial. Ekaterina Semenchuk, asimismo, aportó un dulce y cremoso registro de mezzo de brillantes extensiones, equilibrándose perfectamente con la soprano en sus dúos. Aleksandrs Antonenko resultó ser un poco dramático para esta específica línea vocal, pero aún así supo maniobrar su parte con una convincente intensidad interpretativa, mientras que Ferruccio Furlanetto completó los graves más profundos con apropiada dignidad.
El silencio en la sala durante toda la función creó una magia de gran fuerza que solo se rompió en lo que se percibió como una pequeña eternidad desde el último “Libera me” hasta la bajada de la batuta, tras la cual el público fue saliendo del trance con largas ovaciones.  * Eduardo BRANDENBURGER