ABAO-OLBE
Donizetti  DON PASQUALE
Paolo Bordogna, Jessica Pratt, Santiago Ballerini, Javier Franco, Javier Campo. James Vaughan, piano. Dirección: Roberto Abbado. Dirección de escena: Jonathan Miller. Palacio Euskalduna, 18 de noviembre De 2017.
 
Dos detalles de la producción de Don Pasquale de Jonathan Miller © ABAO-OLBE / E. Moreno Esquibel 
Una concatenación de adversidades marcó la primera representación de Don Pasquale en la temporada de ABAO-OLBE. Por razones médicas no se pudo disfrutar de los inicialmente anunciados Paolo Fanale y Carlos Chausson, que tendrían que haber cantado los personajes de Ernesto y Don Pasquale. A ello se sumó una sorprendentemente bien calculada huelga de los músicos de la Euskadiko Sinfonikoa –inactividad que se limitó a sus cuatro actuaciones con ABAO y a una sesión didáctica– a la que la entidad bilbaína reaccionó ofreciendo la obra con acompañamiento de piano. El hecho es que a perro flaco todo son pulgas y los esfuerzos de los organizadores para reconducir la situación no resultaron del todo eficaces, con un sector del público que hizo oír su disconformidad.
La puesta en escena de Jonathan Miller es la de la conocida casa de muñecas, con escaleras y habitaciones a la vista, y que tiene su aquel y sus fallos. Entre lo mejor de la propuesta destaca el hecho de que la distribución de las dependencias permite llevar la comedia de enredo, apoyada solo en el texto, a una comedia de puertas en que con poco movimiento de los actores –del que se ocupó Daniel Dooner– se consigue una decente impresión de actividad. Pero la situación de la casa –en la que transcurre toda la acción– al fondo del escenario castiga, innecesariamente, la proyección de la voz de los cantantes. El montaje, procedente del Maggio Musicale Fiorentino, habría ganado con una correcta adecuación a las características del Palacio Euskalduna. En todo caso, muy eficaz la escenografía y simpático el vestuario, ambos firmados por Isabella Bywater, y correcta la iluminación de Ivan Morandi.
Puesta la obra en marcha, todo funcionó aunque sin alcanzar musicalmente las cotas deseadas. Roberto Abbado resultó ser un verdadero gran maestro, haciendo fluir la acción a buen ritmo y con los adecuados matices, y llevando perfectamente el encaje de las voces entre sí y con el piano, del que se ocupó el reputado repertorista asociado a La Scala de Milán James Vaughan (que tuvo como pasapáginas al propio maestro repetidor de ABAO, Miguel N’Dong).
La mejor del elenco fue la excelente soprano australiana Jessica Pratt, que mostró su calidad vocal, su técnica y su perfecta línea de canto con una emisión limpia y expresiva, aunque le pasara factura la posición, ya referida, de la casa de muñecas tan al fondo del escenario. Tomó el relevo de Chausson Paolo Bordogna, más un barítono que un bajo, que hizo lo que pudo dada su llegada a último momento. Tampoco llegó a entusiasmar el Dr. Malatesta que interpretó Javier Franco y Javier Campo como Notario solo cumplió. Hizo de Ernesto Santiago Ballerini, joven tenor argentino que cantó en general con gusto; mostró una voz de gran belleza en muchos momentos, pero se mostró carente de fuerza y volumen en otros. El Coro de la Ópera de Bilbao tampoco tuvo la actuación destacable de otros días, aunque fuera una buena manifestación de calidad. Un estreno accidentado, con poca pena y menos gloria.  * José Miguel BALZOLA