Opéra Municipal de Marseille
Martin Matalon  L’OMBRE DE VENCESLAO
Estelle Poscio, Sarah Laulan, Thibaut Desplantes, Ziad Nehme, Mathieu Gardon, Jorge Rodríguez. Dirección: Ernest Martínez Izquierdo. Dirección de escena: Jorge Lavelli. 7 de noviembre de 2017.
 
Jorge Lavelli, libretista de la obra, firmó la puesta en escena de L`ombre de Venceslao © Opéra Municipal de Marseille / Laurent Guizard
 
Esta ópera de Martin Matalon estrenada en 2016 en Rennes, que está dando la vuelta al hexágono francés, deparó más de una buena sorpresa en su parada marsellesa. No sorprendió la historia extraordinaria por venir de la mano de Copi, rey del absurdo y compinche de Fernando Arrabal, que tanto hiciera reír en los aledaños de mayo del 68. Se trató esta vez de un road movie, en 34 escenas, de dimensiones muy distintas, en las que plasmó el compositor otras tantas variedades de ritmos y de colores musicales, yendo del lenguaje hablado al recitativo, al Sprechgesang, al tango, etc. Se debió el libreto a Jorge Lavelli, que no escatimó crueldad en los decires de los personajes de Copi, ni osadía por los atisbos que conllevaba de escalofrío, sangre, caca y sexo. De Uruguay a Buenos Aires, pasando por las cataratas de Iguazú, trazó el inesperado libretista la historia de Venceslao y su extraña familia: su amante, su hijo, su hija (otra extraña pareja) y el enamorado de su amante, sin olvidar el caballo (German Nayl), el mono (Ismaël Ruggiero) y el loro parlanchín (David Maisse). El director franco-argentino no solo realizó la puesta en escena, en una escenografía cuidada de Ricardo Sánchez-Cuerda, sino que además, firmó la iluminación del espectáculo al lado de Jean Lapeyre. La presencia física del gran director contribuyó no poco a realzar la noche marsellesa.
La orquesta tuvo un ingente trabajo y fue bien dirigida con mano de hierro por el español Ernest Martínez Izquierdo, gran especialista en la música contemporánea, que transformó a la formación para poder afrontar con aplomo y sangre fría la variopinta partitura de Matalon. Se unieron a la orquesta –¡cómo no!– cuatro bandoneones (Anthony Millet, Max Bonnay, Victor Villena y Guillaume Hodeau) que brindaron, en particular, un intermedio de primera magnitud.
En el escenario lució la voz y la figura de la soprano Estelle Poscio (China, la hija de Venceslao), que, además de cantar y actuar en unos registros complejos, bailó con soltura y temple el tango en brazos de Jorge Rodríguez (Coco Pellegrini), un bailarín profesional. Thibaut Desplantes fue Venceslao, un patriarca muy a la antigua, egoísta, lúbrico, patán y grosero, todo un catálogo de lo que no debiera ser el ser humano. Aplaudió el público la generosidad y el trabajo escénico de Sarah Laulan (Mechita), la amante del monstruo, asediada por Mathieu Gardon (Larghi), su otro enamorado, que persiguió en bicicleta a la pareja hasta las cataratas de Iguazú. Ziad Nehme interpretó con valor y convicción el papel de Rogelio: se casó con su probable hermana China y se fue con ella a Buenos Aires. A la muerte de su hijo, recién nacido –el parto fue un momento gran guiñolesco–, ella dejó a Rogelio para irse con el tanguista.
Para quienes estén interesados, la ópera está disponible en YouTube.  * Jaume ESTAPÀ