The Royal Opera – Covent Garden
Puccini LA BOHÈME
Nicole Car, Michael Fabiano, Luca Tittoto, Gyula Nagy, Jeremy White, Mariusz Kwiecien, Simona Mihai. Dirección: Antonio Pappano. Dirección de escena: Richard Jones.  29 de septiembre de 2017.
 
Dos detalles del montaje de Richard Jones para La bohème @ The Royal Opera – Covent Garden 
 
No es nada fácil reemplazar una producción tan querida como la de John Copley de La Bohème, en la que se lucieron en este escenario los mejores cantantes del mundo, ni tampoco se justifica relevarla por una propuesta vacía e impersonal, con elementos escenográficos movidos a mano en pleno siglo XXI. La nueva producción de Richard Jones –que será vista en Madrid en diciembre– pretende ser moderna, pero en realidad es anticuada. Los movimientos –no se puede hablar de Personenregie– son repetitivos, nada hábiles y poco originales. Los decorados de Stewart Laing revelan incoherencias: por ejemplo, ¿una escalera que sale por una ventana en el techo –siempre abierta– durante un invierno frío, y sin calefacción? La parte más espectacular de esta producción se dio durante el segundo acto –como suele ocurrir en este título pucciniano–, con enormes decorados movidos a mano para simular parte del Quartier Latin y un lujoso interior del Café Momus. Pero lo único que se consiguió fue resaltar el vacío dramático.
Tampoco la actuación de los bohemios hizo olvidar estas deficiencias. Nadie dice que Nicole Car no sea una buena cantante, pero su Mimì no funcionó bien en este teatro: su voz carecía de colores, su fraseo no pareció del todo eficiente y si bien su figura es atractiva aquí se necesita una voz más importante para conseguir una buena proyección. Tampoco Michael Fabiano es un mal cantante como se comprobó con su impresionante Poliuto en Glyndebourne, pero en este Rodolfo su voz pareció carecer de matices, cantando todo de mezzo forte a forte y sin prestar mucha atención al fraseo. Simona Mihai fue una Musetta desfachatada con una voz de soubrette a veces inaudible, una cantante que se anunciaba en el programa como la próxima Mimì...
El siempre excelente Mariusz Kwiecien se encontró con un rol como Marcello que no le cae bien a su voz, así que en lugar de tener un personaje se tuvo una caricatura. Ni Gyula Nagy como Schaunard ni Luca Titotto como Colline pudieron llenar sus roles con sustancia y la función pasó como un espectáculo más admirado por un público que sabe conformarse con mediocridades.
Hubo solo una luz brillante en una noche frustrante y olvidable. La dirección de Antonio Pappano lo tuvo casi todo: buen sonido, claridad, sensacional fraseo y hasta elegancia en una partitura que se caracteriza muchas veces por sus carencias. Cada vez crece más la distancia en este teatro entre la calidad de la orquesta y la falta de calidad de las producciones.  * Eduardo BENARROCH