Gran Teatre del Liceu
Rossini  IL VIAGGIO A REIMS
Irina Lungu / Adriana González, Maite Beaumont, Sabina Puértolas / Leonor Bonilla, Ruth Iniesta, Taylor Stayton / Juan de Dios Mateos, Lawrence Brownlee / Levy Sekgapane, Roberto Tagliavini / Baurzhan Anderzhanov, Pietro Spagnoli / Pedro Quiralte, Carlos Chausson / Vincenzo Nizzardo. Dirección: Giacomo Sagripanti. Dirección de escena: Emilio Sagi.  13 y 14 de septiembre de 2017.
 
Tres escenas de Il viaggio a Reims en la producción de Emilio Sagi © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill 
 
La dirección artística del Liceu propuso esta producción de Il viaggio a Reims con la idea de hacer un especie de taller para cantantes jóvenes gracias a la amplísima nómina de personajes que requiere la obra, mezclando entre los personajes a intérpretes de la nueva cantera con otros consagrados. Para ello contó con la conocida y minimalista producción de Emilio Sagi, basada en un plataforma de madera a modo de muelle náutico con una decena de tumbonas que representa el balneario Lirio de Oro, creada especialmente para el taller lírico de la Academia del Festival Rossini de Pésaro. El montaje, de bella visualidad y, aparentemente, mínimo coste, tiene entre sus inconvenientes que es confuso en cuanto a la clarificación de los personajes y de la explicación de la trama al cambiar la época y el contexto. Sobre todo si se compara con la producción que el propio Gran Teatre presentó en 2003 con firma de Sergi Belbel, con piscina incluida y cuyo vestuario, que incluía símbolos patrios, era muy clarificador. A pesar de ello, el público de Barcelona pudo disfrutar de un bel canto rossiniano de gran nivel con un primer reparto aderezado con grandes nombres en este repertorio.
Así, se pudo escuchar al experimentado Carlos Chausson como un excelente Barón de Trombonok; Pietro Spagnoli bordó el canto silabado como Don Profondo; gustó el elegante general ruso de Lawrence Brownlee, y sobre todo la refinadísima lectura de la partitura de la soprano Irina Lungu como la poetisa Corinna, aquí en su debut escénico en el coliseo barcelonés. A su lado brillaron con luz propia, por calidad y cuidada actuación, la propietaria del balneario, Ruth Iniesta, la chispeante Condesa de Folleville de Sabina Puértolas o la elegante viuda polaca de Maite Beaumont. Del resto del extenso reparto también cabe destacar a los correctos Taylor Stayton (Belfiore), Roberto Tagliavini (Lord Sidney) y Manel Esteve (Don Álvaro), además de al grupo de jóvenes miembros del servicio del balneario.
Giacomo Sagripanti realizó una lectura excelente y muy rossiniana de la partitura al frente de la Simfònica del Liceu, que respondió muy adecuadamente, destacando entre sus filas los responsables del arpa y la flauta solistas que acompañaron alguna de las arias más bellas de la partitura. Al final hubo numerosos aplausos del público, gran parte de él puesto en pie.
La presencia masiva de jóvenes promesas en el segundo reparto, aunque condicionó un poco los resultados globales, dio a la representación del día 14 su verdadero sentido. Las aportaciones más destacadas fueron la Corinna de Adriana González, una bella voz utilizada con talento; la Condesa de Folleville de Leonor Bonilla, perfecta en la técnica del canto de coloratura aun con una punta de estridencia en el sobreagudo, y el Libenskof de Levy Sekgapane, elegante en el fraseo y un registro agudo suficiente, pero ocasionalmente blanqueado. Juan de Dios Mateos (Belfiore) aportó un timbre interesante y una extensión impecable, quedando solamente por refinar la línea de canto; todo llegará. Baurzhan Anderzhanov tiene una sólida voz, pero parece más un barítono que el bajo que requiere la parte de Lord Sidney, mientras que Vincenzo Nizzardo fue un Trombonok de atenta corrección y Pedro Quiralte dio variedad a los recovecos de “Medaglie incomparabili”, pero no llegó a refocilarse en el papel; hay que dar tiempo al tiempo. El reparto en general dio la impresión de estar bien preparado y quienes ya habían participado de la magnífica representación del día anterior (Beaumont, Iniesta y Esteve) fueron el ejemplo vivo de lo que espera en poco tiempo a los que empiezan. Un aplauso para la iniciativa del Liceu. Hay que confiar en que el futuro le dé la razón.  * Fernando SANS RIVIÈRE / Marcelo CERVELLÓ