Teatro alla Scala
Händel  TAMERLANO
Bejun Mehta, Plácido Domingo, Maria Grazia Schiavo, Franco Fagioli, Marianne Crebassa,
Christian Senn. Dirección: Diego Fasolis. Dirección de escena. Davide Livermore.  19 de septiembre de 2017.
 
Plácido Domingo, Franco Fagioli y Maria Grazia Schiavo fueron algunos de los intérpretes de Tamerlano en Milán © Teatro alla Scala 
 
Esta frase de Turandot puede aplicarse a Plácido Domingo: “Cosa umana non sono”. El superhéroe de la ópera no conoce fatiga ni límites: participa en el ensayo general y en la primera función de este montaje, dirige dos conciertos de zarzuela y, a continuación, canta esta gloriosa segunda representación, todo en menos de una semana. Tras desmaquillarse, pasada la una de la madrugada, vuela a Madrid para una sesión fotográfica y retorna a Milán para el resto de funciones de Tamerlano, ópera en la que figura como el destronado y finalmente suicida Bajazet, rey otomano. De vuelta a la tesitura de tenor, Plácido Domingo sigue siendo... Plácido Domingo: magnético, sobrecogedor en la bellísima escena de la muerte, quizás la página más bonita de toda la larguísima obra. Reprocharle alguna omisión en el recitativo secco –aplausos también para el apuntador– no tiene sentido frente a la firmeza de una voz que no tiene edad, un timbre inconfundible y un estilo propio pero adecuado al Barroco. Ante su talento, el teatro, no tan lleno como era de esperar, se vino abajo.
La reacción del público también respondió a la actuación del resto del equipo artístico, que estuvo perfecto, empezando por el director Diego Fasolis al frente de la orquesta de La Scala, a la que se sumó la sensacional I Barocchisti de la Radio Suiza. En cuanto a los solistas, destacó la delicia en el canto, voces, afinación y coloratura tanto del estupendo Andronico de Franco Fagioli –tirando más al contralto– como del Tamerlano de Bejun Mehta, auténtico sopranista. Si el canto de los castrati sigue siendo una quimera, ellos le dan verisimilitud. Maria Grazia Schiavo (Asteria) es la que tenía la parte más amplia y la resolvió soberbiamente. Marianne Crebassa, espectacular Irene, se resarció de la decepción que supuso su Cherubino en La Scala. Muy bien Christian Senn en el rol nada marginal de Leone.
Finalmente, el gran espectáculo concebido por Davide Livermore –con el precioso aporte de Marianna Fracasso en el vestuario, de Giò Forma para la escenografía y de Antonio Castro para la iluminación– es de lo mejorcito que se ha visto en los últimos tiempos: la acción se enmarca en una supuesta revolución bolchevique y todo funciona perfectamente, gracias a un trabajo meticuloso en la actuación y por una figuración, entre mímica y ballet, de máxima eficacia. Las cuatro horas y media de duración de la obra pasaron en un suspiro. Es de esperar que este Tamerlano vuele a otros teatros.  * Andrea MERLI