OPINIÓN

 
Javier PÉREZ SENZ
ÓPERA ACTUAL 206
(OCTUBRE 2017)
 
Dos de los máximos divos del actual panorama operístico son Jonas Kaufmann y Juan Diego Flórez: no mantienen ningún enfrentamiento en los escenarios porque se mueven en repertorios muy diferentes y tienen poquísimos papeles en común en los que medir sus cualidades. Lejos quedan los tiempos en los que varios tenores se disputaban, no siempre en plácida armonía, el trono del mundo lírico. El flanco de disputa comercial en el terreno del disco ha sido neutralizado por Sony al unir bajo su sello a los dos tenores más deseados del momento, hecho que aumenta aún más su posición dominante en el mundo de la ópera grabada.
 
El nuevo disco de Jonas Kaufmann –en el Liceu todos cruzan los dedos esperando que no cancele su esperado debut escénico con Andrea Chénier en marzo de 2018– es una de las novedades más atractivas del otoño lírico y marca, sin duda, un avance en la carrera del superdivo alemán en el repertorio francés. No se conforma con las arias más trilladas y, junto a papeles con los que ya ha conseguido grandes éxitos en la escena, como Don Jose y Werther, incorpora­ páginas de títulos menos conocidos, como Le roy d’Ys, de Lalo, y Mignon, de Thomas. Como se afirma en la crítica de la página 95, ciertamente luce sus mejores armas en las arias de lirismo más intenso y mayor calado dramático –Le Cid, La Juive, L’africaine– y se muestra más cauto en las páginas de Berlioz (La damnation de Faust y Les troyens) y en los dúos, quizás demasiado ligeros para su estado vocal, de Manon y Los pescadores de perlas, de Bizet, en los que cuenta con invitados de lujo como Sonya Yoncheva y el gran Ludovic Tézier. Ante el delicado y estilísticamente adecuado acompañamiento de Bertrand de Billy al frente de la Bayerisches Staatsorchester se lamenta aún más la ausencia en el podio del Liceu del que fuera titular del coliseo lírico barcelonés. De hecho, en Barcelona tampoco dirige otro anterior titular de destacada carrera como es Sebastian Weigle, lo que no deja de ser una penosa anomalía en la vida artística de un teatro.
 
En su esperado debut con Sony, Juan Diego Flórez ha apostado por Mozart, un compositor muy frecuente en sus recitales, pero nunca en escena. “Siempre he querido hacerlo, pero el momento ha llegado ahora. Por fin siento que estoy preparado para transmitir la expresividad, la simplicidad, la universalidad –en pocas palabras, la magia– de Mozart”, explica el gran divo belcantista. Y este disco es, por tanto, revelador de la inminente ampliación de su repertorio con alguno de los grandes papeles mozartianos que incluye en el programa de este trabajo dirigido por Riccardo Minasi al frente de la Orquesta La Scintilla, con las principales arias de La flauta mágica, Idomeneo, La clemenza di Tito, Don Giovanni y Così fan tutte. También se incluye arias de Il re pastore, Mitridate y El rapto en el serrallo, más la notabilísima aria de concierto Misero! O sogno. Quienes hayan asistido a alguno de sus recientes recitales ya sabrán los espectaculares resultados que consigue Flórez en el dificilísimo virtuosismo mozartiano.
También en el mundo del barroco hay divos mediáticos que tiran del carro discográfico y sin duda el rey es el contratenor francés Philippe Jaroussky, que estrena álbum Händel en el sello Erato con el conjunto Artaserse en un fantástico y generoso programa que reúne páginas de diez títulos de genial compositor sajón: Imeneo, Riccardo primo, Siroe, Radamisto, Flavio, Amadigi di Gaula, Serse, Tolomeo, Giustino y Ezio (ver crítica en página 95).
 
Otra gran diva del disco, Cecilia Bartoli, estrenará en noviembre en el sello Decca un original disco de dúos junto a la violonchelista argentina Sol Gabetta. El álbum, titulado Dolce duello, cuenta con el acompañamiento instrumental de la Capella Gabetta al mando de Andrés Gabetta con un programa con piezas, entre otros, de Albinoni, Vivaldi, Händel, Gabrieli, Porpora y Caldara.
 

 

 
 
 
 
 
 
 
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