OPINIÓN

Fernando SANS RIVIÈRE
ÓPERA ACTUAL 209
(ENERO 2018)
 
 
La repentina renuncia del director general del Palau de Les Arts de Valencia, Davide Livermore, puso fin al desen­cuentro definitivo entre los responsables políticos de la Comunidad Valenciana y el gestor y regista italiano. La Ópera de Valencia ha alcanzado en doce años de vida un gran prestigio tanto dentro como fuera de nuestras fronteras gracias a su singular edificio de Santiago Calatrava, la calidad de su Orquestra de la Comunitat Valenciana, creada y fundada bajo la batuta de Lorin Maazel, y unas temporadas con producciones y artistas de gran nivel internacional. Todo ello nacido bajo la dirección de Helga Schmidt, quien fuera intendente del coliseo desde su inauguración en 2005 hasta 2015, año en que fue despedida por unas supuestas irregularidades en su gestión que parece que por fin se juzgarán este año. Les Arts nació en un periodo de bonanza económica y no se salvó de críticas por “gastos excesivos”; crear una gran orquesta y fichar nombres como los de Maazel, Zubin Mehta o Plácido Domingo y estrenar grandes producciones propias como la Tetralogia requerían de una gran inversión.
 
La labor del gestor y regista italiano Davide Livermore durante estos dos años ha sido en general continuista, pero con cambios notorios y un presupuesto recortado. Su mayor virtud fue acercar el Palau de Les Arts a la ciudadanía gracias a unas pretemporadas tan atractivas como populares y siguió ofreciendo producciones de cierto nivel, principalmente del repertorio italiano, aunque se echan en falta títulos wagnerianos. Livermore incorporó además a dos directores italianos de prestigio como responsables musicales de la casa, Roberto Abbado y Fabio Biondi, este último centrado en el repertorio barroco. Entre lo más polémico, especialmente para los responsables culturales de la Comunidad Valenciana, está su labor como director de escena invitado en otros coliseos, una práctica habitual entre los registas que son directores artísticos, pero que en España ha sido, en algunos coliseos, motivo para su relevo, tal y como lo vivió Emilio Sagi en el Teatro Real de Madrid. La dimisión de Livermore, un tanto teatral y exagerada en las formas y declaraciones, es el último acto de una relación enrarecida desde que fue nombrado sucesor de Schmidt.
 
La aprobación de nuevos estatutos del coliseo que incorporan a su Patronato al Ministerio de Cultura y desdoblan el cargo de intendente suponía que Livermore debía presentarse a un concurso público para asumir el cargo que en parte ya ocupaba, y que él ha visto como una propuesta para prescindir de sus responsabilidades. 
En Cultura la política no puede intervenir para empeorar las cosas, y por ello han llovido críticas para que no peligre el modelo del Palau de Les Arts como una institución de prestigio internacional. Por suerte el arraigo del coliseo –tan importante en su comunidad– es el máximo valedor de su prometedor futuro.
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00