OPINIÓN

 
Fernando SANS RIVIÈRE
ÓPERA ACTUAL 206
(OCTUBRE 2017) 
 
Aparece como un tema recurrente cada poco tiempo, pero la calidad de nuestros profesionales del mundo de la lírica hace que una vez más les dediquemos esta tribuna para exigir a los programadores líricos de todo el país que no se olviden de ellos, que los hay excelentes en todos los ámbitos de la ópera, desde cantantes a directores de escena y de escenógrafos a iluminadores y directores musicales. No se trata de ofrecer unas temporadas peores por crear un sistema de cuotas proteccionista e imponer masivamente profesionales de la tierra. Pero realmente sorprende como tantos comprimarios aparecen en escena provenientes de otros países cuando nuestros jóvenes cantantes deben marcharse fuera de nuestras fronteras para formarse en teatros de Centroeuropa en los que precisamente empiezan interpretando pequeños roles que no se les ofrecen en los teatros de su país. Ojalá que, una vez consolidadas sus carreras dentro o fuera de nuestras fronteras, puedan asumir roles principales en España, aunque sea en segundos o terceros repartos, para finalmente aparecer como solistas principales si el talento lo merece. Para ello hay que educar al público, enseñarle cuáles son los jóvenes con más talento, darles visibilidad y apoyo para después apostar por ellos como estrellas locales. No todos podrán llegar, pero merece la pena que los directores artísticos piensen en ellos cuando programen futuras temporadas, sobre todo si se trata de títulos en los que destacan, ofreciéndoles fechas con tiempo.
 
 
Sorprende, por ejemplo, la cantidad de jóvenes españoles de amplia formación en el campo de la dirección musical frente a los pocos que dirigen con regularidad en nuestros teatros, aunque parezca que van teniendo una mayor presencia. Falta un mayor compromiso para posicionarlos de forma preferente. En este sentido hay que felicitar el compromiso del Teatro Real con Pablo Heras-Casado o del Palau de les Arts con Ramón Tebar como principales directores invitados. En el campo de la dirección de escena y de la escenografía, la situación ha mejorado mucho con coproducciones hechas en el país entre varios teatros para que giren al máximo y sean rentables. Y con profesionales locales. La coproducción también debería ser una práctica que debería estar detrás de los pocos estrenos absolutos de obras españolas, ya que solo se piensa en las ayudas al estreno. Por ello no hay que olvidar a los compositores españoles, que los hay y muy buenos, profesionales que estrenan con éxito en festivales, auditorios o teatros dentro y fuera de nuestras fronteras pero que casi no tienen cabida en los grandes teatros. Hay que apoyarles y encargarles nuevos títulos y posteriormente reprogramarlos y ofrecerles nuevos encargos. Esta temporada, de 94 títulos de ópera y zarzuela, solo 15 son de compositores españoles, una cifra realmente escasa que debería por lo menos doblarse. A la larga lo agradeceremos todos, ya que sin duda mejorará el nivel cultural del país.

 

 
 
 
 
 
 
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