OPINIÓN

 
Frédéric Chambert
ÓPERA ACTUAL 204
(JULIO-AGOSTO 2017)
 
Podría parecer antojadizo que, después de 160 años de existencia, un francés recién llegado participara en la modificación del nombre de una de las instituciones más importantes y reconocibles de Chile. Pero la verdad es que el cambio fue natural y necesario. Municipal de Santiago - Ópera Nacional de Chile afirma, en su mismo nombre, la realidad reglamentaria y operativa de nuestro teatro.
¿Por qué nacional? Porque un tercio de nuestro presupuesto proviene del Estado, a través del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Otro tanto procede de los municipios santiaguinos de Las Condes, Providencia y Vitacura, por un mecanismo de tributación fiscal, conocido como Ley de Rentas II. Lo anterior, sin desmerecer el significativo aporte de la empresa privada, que puede beneficiarse de la Ley de Donaciones Culturales.
Aun cuando hoy ha surgido una red de teatros municipales y regionales, el Municipal de Santiago ocupa una posición única en el panorama de las artes escénicas chilenas al contar con cuerpos estables y talleres propios. Más de 500 personas componen la plantilla permanente del teatro, que incluye una orquesta de 80 músicos, un ballet de 65 bailarines y un coro de 60 cantantes, además de personal técnico y administrativo. A diferencia de la mayoría de los otros teatros chilenos, el Municipal elabora las producciones en su totalidad: tiñe las telas, hace los zapatos y pelucas y toda la escenografía, transformándolo en el más completo del país.
Debido al nivel de nuestros talleres, el teatro se ha convertido en un centro de capacitación y de práctica para estudiantes y profesores de carreras técnicas y profesionales relacionadas con las artes escénicas. Lo anterior, sin contar con las jornadas diseñadas para docentes que realiza nuestro departamento de Educación y Participación.
Más allá del carácter pedagógico, el Municipal de Santiago efectúa cada temporada un promedio de 150 intervenciones a lo largo del país, incluyendo Isla de Pascua, entre giras y talleres. Esto significa que más del 40 por cien de nuestro público corresponde a personas que han disfrutado de espectáculos realizados fuera de nuestro escenario principal. Chile ha producido varios artistas de renombre –pianistas, cantantes, poetas, escritores– y el Municipal no se queda atrás. Es este teatro el que ha visto iniciar la carrera de talentosos cantantes, desde Ramón Vinay a Cristina Gallardo-Domás, Verónica Villarroel o, más recientemente, Paulina González, que acaba de presentarse con gran éxito de crítica en Europa.
Nada y todo ha cambiado, el compromiso es el mismo: producir y difundir arte de excelencia. Al oficializar su carácter nacional en el nuevo nombre, el teatro simplemente reafirma su posición como proyecto de país, lo que abre perspectivas y futuro, incluso, para las relaciones con la empresa privada. Invertir en la Ópera Nacional de Chile es una forma de asociarse a esta iniciativa cultural y compartir una meta de mayor envergadura.
Ante la comunidad artística internacional el nombre refleja nuestro posicionamiento en el país y en el exterior. Ha pasado un año desde que aterricé­ en Chile y el proyecto que es hoy el Municipal de Santiago-Opera Nacional de Chile sigue afianzándose. Mucho ha sido hecho por mis antecesores, pero estoy convencido de que aún hay mucho por hacer y ya hemos comenzado la tarea.  * Frédéric Chambert,  director general del Municipal de Santiago - Ópera Nacional de Chile
 

 

 
 
 
 
 
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