ENTREVISTAS

 
El principal director invitado del Palau de les arts de Valencia, recientemente nombrado director artístico y titular de la orquesta de valencia, debuta este mes al mando de una ópera en el Liceu barcelonés de la mano de L’elisir d’amore con un reparto encabezado por Jessica Pratt, Pavol breslik y Paolo Bordogna. Tebar es además principal director de la Florida Grand Opera, director artístico y musical de la Palm Beach Symphony y director artístico de la Opera Naples, en Estados Unidos.
 
César RUS
ÓPERA ACTUAL 209
(ENERO 2018) 
 
Su nombre era desconocido tanto en Valencia, su ciudad natal, como en el mercado operístico español hasta hace un par de temporadas, cuando fue nombrado director en dos teatros de ópera en Estados Unidos. Pero Ramón Tebar (1978) ya ha comenzado a cosechar éxitos en España e Italia. Cuando Davide Livermore llega a la intendencia del Palau de Les Arts, consciente de la importancia de implicar a un director valenciano con la institución, lo ficha como principal director invitado. Ese mismo año, en 2015, sustituye en una de las representaciones de Nabucco a Nicola Luisotti, debutando así al frente de la Orquesta de la Comunitat. Desde entonces, cada año ha dirigido un título en el coliseo valenciano: Aida, La Traviata y, hace pocas semanas, Don Carlo (ver crítica en página 66), inaugurando la temporada. Su vinculación con Valencia sigue in crescendo, ya que el Palau de la Música anunció en verano que Tebar será el sustituto de Yaron Traub al frente de la Orquestra de Valencia, lo cual no le impide seguir con su carrera como director invitado en otros coliseos, como sucede este mes, cuando Tebar debute en el podio del Liceu barcelonés al mando de L’elisir d’amore. “Hasta que no tienes un nombramiento importante, hay muchos músicos que no salimos en el radar”, afirma el maestro a ÓPERA ACTUAL. “Cuando me nombraron en Palm Beach en 2007 y en Miami en 2010, yo ya llevaba trabajando cinco años como asistente en Estados Unidos. Antes me fui de Valencia a estudiar a la Academia de Santa Cecilia de Roma y allí Bruno Aprea me ofreció un contrato como asistente en Florida”, explica sobre sus comienzos.
 
Ópera Actual: ¿Qué momentos marcarían un antes y un después en su trayectoria?
Ramón TEBAR: Además de mi marcha a Estados Unidos, conocer a Mont­serrat Caballé. Yo era aún estudiante de dirección y me dedicaba a ser pianista­ acompañante; en Barcelona me hizo una audición, le gusté y me invitó a acompañarla en una gira por Alemania.
 
Ó. A.: ¿De ahí nace su facilidad para ganarse la admiración de cantantes como Leo Nucci o Gregory Kunde?
R. T.: Con Nucci también hemos actuado en recitales. Yo creo que es porque musicalmente me he criado con la ópera. Era un adolescente y ya era pianista asistente en las óperas que se hacían en el Principal de Valencia y en el Palau de la Música. La primera vez que Lorin Maazel dirigió ópera en la ciudad, Luisa Miller en el Palau, yo fui el pianista asistente. Una cosa es estudiar dirección y otra es comenzar acompañando a cantantes desde los dedos. En el piano aprendes a sentir la respiración y eso te ayuda cuando diriges. Por eso creo que tengo una relación especial con los cantantes. Antes las carreras de los grandes directores empezaban así: Solti, Karajan, Furtwängler, Walter...
 
Ó. A.: ¿Cómo han sido estos dos años como director invitado en Les Arts?
R. T.: Fantásticos. Y lo siguen siendo. Estoy muy agradecido a Davide Livermore por ofrecérmelo.
 
Ó. A.: ¿Qué opina de su dimisión?
R. T.: Para mí fue una sorpresa. El día antes habíamos hecho la rueda de prensa de presentación del Don Carlo y todo parecía marchar de maravilla. No me esperaba algo así a cuatro días del estreno.
 
 
Ó. A.: Respecto del Don Carlo valenciano, ¿qué ha supuesto en su carrera?
R. T.: Es un orgullo haber sido el primer director valenciano que inaugure una temporada en Les Arts. Ha sido mi primer Don Carlo (lo había hecho solo como asistente) y mi cuarto Verdi en la casa. Es un lujo siempre trabajar con Plácido Domingo... Lo mejor de ese Don Carlo fue el cast, desde la Voz del Cielo hasta el propio Domingo.
 
Ó. A.: ¿Y qué le supone su inminente debut en el Liceu?
R. T.: Bueno, no es un debut absoluto. allí ya he actuado en tres ocasiones, dos al piano en recitales con Montserrat Caballé y dirigiendo un concierto con Angela Gheorghiu. Será la primera vez que haré una ópera. Tengo una gran relación con Barcelona, estudié allí y el Liceu me fascina.
 
Ó. A.: Dirigir ahor un Elisir d’amore, ¿no es un cambio muy fuerte tras un Don Carlo?
R. T.: No me gusta encasillarme. Tenía la ilusión de subir al podio del Liceu y eso se lo debo a Christina Scheppelmann, la directora artística del Teatro, a quien conocía de la Ópera de Washington. Fue a verme hace dos años al concierto que dirigí con la OBC y Joshua Bell, y allí me ofreció este Elisir.
 
Ó. A.: Volviendo a Valencia, ¿ve compatible la titularidad de la orquesta de la ciudad con la relación con mantiene con Les Arts? ¿No corre el riesgo de monopolizar el espacio de directores valencianos en Valencia?
R. T.: No. En Les Arts solo dirijo una ópera y un concierto por temporada. Con la Orquesta de Valencia, además de ser su director artístico, dirigiré menos conciertos de los que dirigía Traub, que llegó a hacer 17 al año. Yo haré como mucho 10, que me parece lo sano. Quiero que la orquesta cuente con más directores invitados.
 
Ó. A. ¿Cuáles son sus retos con la orquesta?
R. T.: Musicalmente todavía no tengo todos los datos, pero lo primero que hay que hacer es aumentar la plantilla. Estamos en mínimos y hay que crear plazas.
 
Ó. A.: ¿Este nombramiento supondrá un giro en su carrera hacia el repertorio sinfónico?
R. T.: En Estados Unidos ya hice todo Beethoven, Schumann y Brahms, pero es verdad que hasta ahora en mi carrera la ópera siempre ha ido un paso por delante. Pero en lo sinfónico tengo también experiencia.
 
 
L’elisir liceísta
 
El reparto de L’elisir d’amore que Ramón Tebar dirigirá en el Liceu de Barcelona está encabezado por dos intérpretes de amplia trayectoria como son Paolo Bordogna como Belcore (entrevista en páginas 26 y 27) y Roberto de Candia como Dulcamara. A ellos se unen la soprano australiana de origen inglés Jessica Pratt (Adina, ver entrevista En Portada en ÓPERA ACTUAL 208) y el tenor eslovaco Pavol Breslik (Nemorino). Pratt debutó en el Liceu como Desdemona en Otello de Rossini en 2016 (en versión de concierto). En enero y febrero se presentó en la Ópera de Oviedo como Gilda en Rigoletto; en junio lo hizo en el Palau de Les Arts de Valencia como Amenaide en Tancredi; en agosto cantó I Puritani con la compañía del Teatro Real de Madrid en Finlandia y en noviembre debutó el rol de Norina de Don Pasquale en Bilbao. En Barcelona cantará su primera Adina.
Pavol Breslik tuvo su debut liceísta como Belmonte de El rapto del serrrallo en 2010 para regresar en 2012 como Tamino de La flauta mágica, dos óperas de Mozart que ahora se complementan con su primer bel canto en el Gran Teatre.
 
 
 
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