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 Ya se le conoce como la heredera de la mítica Joan Sutherland. Australiana como ella y con un repertorio similar, Jessica Pratt se pasea por España consagrada como una auténtica estrella del bel canto. Acaba de triunfar en Bilbao y entre el 27 y el 28 de enero regresa al Liceu barcelonés con L’elisir d’amore. 
 
Sergi SÁNCHEZ
ÓPERA ACTUAL 208
(DICIEMBRE 2017)
 
Benjamin Ealovega 
 
Hace dos años, la soprano australiana Jessica Pratt se presentaba en estas páginas como una auténtica revelación. En este lapso ha cantado en los principales escenarios del mundo, desde La Scala de Milán al Met de Nueva York, debutado además en ciudades españolas como Bilbao, Valencia, Madrid, Las Palmas o Barcelona. Su evolución vocal la ha consolidado como toda una estrella en el repertorio del bel canto romántico, siguiendo la estela de la legendaria Stupenda, Joan Suther­land, australiana como ella. “Con la experiencia y trabajando la técnica todos los días, he podido advertir un mejor control sobre mi voz”, afirma la cantante a ÓPERA ACTUAL. “Mi registro central está madurando sin forzamientos ni artificios mientras el registro sobreagudo sigue siendo ágil, bien proyectado y brillante. Creo que esta evolución reviste una gran importancia y ha de permitirme ir accediendo a papeles belcantistas cada vez más líricos sin tener por ello que renunciar a mi repertorio actual, que puedo seguir desempeñando aún durante mucho tiempo”.
ÓPERA ACTUAL: ¿En qué se basa para escoger sus personajes? ¿Qué aspectos toma en cuenta antes de asumir un nuevo papel?
Jessica PRATT: Para decidirme a ampliar mi repertorio ha de tratase de un papel que resulte apropiado para mi voz. Cuando tomo en consideración una parte cuyo peso exceda ligeramente de lo que para mí es habitual, suelo valorar lo que tengo que cantar antes y después, si se trata de tipos de vocalidad parecidos y si me da tiempo a readaptar la técnica para asumir el cambio de una partitura más ligera a otra de mayor peso vocal. Otro factor importante viene dado por las dimensiones del teatro y por su acústica. Afrontar un rol como el protagonista de Semiramide puede funcionar en una sala y en otra no. Obviamente, si se trata de un papel de cierto compromiso es importante también el papel del director. Para descubrir realmente la entidad de los nuevos papeles, aparte de estudiarlos a fondo trato de buscar la referencia de las cantantes para las que fueron escritos, lo que ya me da una idea del tipo de voz que puede cantarlos. Hay casos en los que este tipo de valoración ha podido cambiar con el tiempo, con un público cada vez más habituado a una vocalidad determinada. En esos casos habrá que considerar también si hay que atenerse o no a las expectativas del público. En mi caso el repertorio a explorar es tan vasto que en los últimos diez años he podido debutar hasta treinta papeles principales y tengo la intención, en colaboración con el Festival Donizetti de Bérgamo, de analizar a fondo en los próximos años otras muchas heroínas donizettianas. Encuentro fantástica para mi voz este tipo de escritura y me atraen mucho tanto su música como sus personajes.
 
Como Elvira de I Puritani este verano en la visita del Teatro Real de Madrid al Savonlinna Opera Festival / Savonlinna Opera festival / Teatro Real
 
Ó. A.: Usted es una de la más importantes representantes actuales del bel canto romántico. ¿Cómo definiría este estilo en cuanto a técnica e interpretación?
J. P.: El bel canto exige una cierta disciplina y la habilidad suficiente para expresarse a través de una línea de canto que debe ser bella siempre. Hay que empezar por tener un gran dominio de la técnica y una posición muy alta de la voz, límpida y sostenida, nunca forzada y siempre sul fiato. Una vez sentadas estas premisas, el componente interpretativo representa un reto en sí mismo ya que no se puede limitar el canto a unos cómodos artificios vocales que el sucesivo verismo dejaría en evidencia. Sobran los grititos, las exclamaciones, los suspiros y las escenas más habladas que cantadas, hoy usadas en exceso como trucos fáciles para embaucar al público. El belcantismo es canto y no hay más que hablar.  En una escena típica de este repertorio no hay más que una emoción a la que servir de vehículo de manera sostenida y convincente por espacio de veinte minutos. El repertorio sucesivo o más moderno tenderá a cambiar este paradigma, evocando a menudo en una escena de cinco minutos una decena de emociones y sentimientos diversos. La técnica y la interpretación estrictamente belcantistas están, en consecuencia, estrechamente ligadas entre sí. Una de ellas no es posible sin la otra.
Ó. A.: ¿Qué diferencias existen entre el belcantismo de Donizetti, Rossini y Bellini? ¿En qué radican estas diferencias, si considera que las hay?
J. P.: Por supuesto que existen diferencias. Personalmente creo que una de las características más hermosas de Bellini es la de su latente melancolía. He tenido que trabajar mucho mi legato en las frases centrales para obtener esa tristeza que hace tan emocionante a su música. También la coloratura debe estar bien ligada para ser muy expresiva y menos instrumental. Donizetti, en cambio, escribe a menudo con una coloratura más marcada y expresiva, especialmente en las escenas de locura, con grandes saltos interválicos y una pizca de agresividad. Rossini, a su vez, exige una coloratura de fuerza, muy estructurada con esos finales insistentes que me resultan sencillamente adorables.
Ó. A.: Acaba de regresar a Bilbao, ahora con Don Pasquale, ante cuyo público debutó con La Sonnambula. ¿En qué personaje le gustaría que en el futuro la viera el público bilbaíno y por qué?
J. P.: Me gustaría mucho presentar en Bilbao mi versión de Lucia, un papel que nunca he representado hasta ahora en España y es extraño puesto que es uno de los que con más frecuencia he cantado y que hasta ahora ha presidido los mejores momentos de mi carrera.
 
Como la Reina de la Noche en su debut en el Met de Nueva York, escenario al que esta temporada regresa como Lucia, personaje que interpreta en la imagen inferior, en La Scala, y junto a Massimo Cavalletti / The Metropolitan Opera / Ken Howard
 
Ó. A.: Este verano se fue de gira con el Teatro Real de Madrid con I puritani. ¿Para qué ópera la ha contratado el coliseo madrileño para cantar en Madrid? ¿Cuándo será?
J. P.: Las experiencias con el Teatro Real de Madrid han sido siempre muy gratificantes para mí. Allí hay un gran equipo que hace parecer fáciles incluso los retos más problemáticos. Esos Puritani fueron un gran éxito y la respuesta del público galvanizó a todo el mundo de una manera emocionante. En escena se percibían las vibraciones positivas provenientes de toda la sala. Unos colegas fantásticos –entre los que estaba el tenor español Celso Albelo–, la dirección musical, la puesta en escena, la orquesta y el coro, todo el personal... Creo que todos nos lo pasamos muy bien. Ahora estamos examinando el calendario para ver posibilidades de futuras actuaciones y no veo el momento de volver a trabajar con ellos.
Ó. A.: Usted comenzó este curso en septiembre rindiendo homenaje a Maria Callas en París con Lucia di Lamermoor. ¿Qué ha significado la herencia de esta artista en las jóvenes generaciones y en su caso en particular?
J. P.: La Callas constituye para mí un ejemplo de la eficaz conjunción entre técnica e interpretación. Solo después de haber adquirido un completo dominio del aspecto musical llega el momento de entrar en el personaje. Ella deja claro que la coloratura debe ser siempre un vehículo de la expresión y no un ejercicio de estilo y que debe existir siempre una razón emotiva que guíe a la música en todo momento. La Callas no despreciaba ni la más insignificante de las notas, cargando siempre el contenido expresivo en cada una de las oportunidades a su disposición. Ha sido gracias a ella y a su fama que se ha aportado una nueva luz sobre muchas obras del repertorio belcantista que hasta entonces permanecían olvidadas. Ella poseía la capacidad técnica para hacer justicia a papeles dificilísimos pero también el talento escénico para infundir vida a los personajes que interpretaba. De repente lo que no eran más que piezas espectaculares destinadas a mostrar virtuosismos vocales en sus interpretaciones aparecían transformadas en vehículos para las emociones más desbordadas.
 
Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
 
Ó. A.: El año pasado cantó la Reina de la Noche de La flauta mágica en el Met de Nueva York y, después, con la Filarmónica de Los Angeles y bajo la batuta de Gustavo Dudamel. Ahora prepara su regreso a Nueva York con Lucia. ¿Qué significa para una cantante tan joven como Ud. que un teatro como el Met cuente con su talento?
J. P.: Se trata, evidentemente, de un gran honor, pero también de una gran responsabilidad al tener que dar todas mis potencialidades físicas y técnicas. Dicho esto, añadiré que no creo que en el Metropolitan haya más presión que en otros teatros. La presión es algo que yo misma me impongo sin hacer distinciones entre papeles o entre teatros. En el Met he tenido una fantástica experiencia con la Reina de la Noche y recuerdo que quedé asombrada, dada la vastedad de la sala, de su excelente acústica. Me pareció un espacio especialmente gratificante y confortable para cantar. Además existe una gran organización en el personal que trabaja en esa compañía y con toda seguridad posee el mejor equipo de músicos y profesionales que yo haya conocido. Trabajar allí es realmente un placer, y siento una gran emoción al tener que cantar para ese público mi papel favorito en el contexto de una producción tan bella y evocadora como puede serlo la de Mary Zimmerman.
Ó. A.: Por lo mismo, ¿qué significan para Ud. Donizetti y Lucia, un personaje que ya ha paseado por escenarios de Italia, Suiza, Israel, Alemania, Holanda, Perú o Australia, incluyendo La Scala de Milán?
J. P.: Fue el primer personaje que interpreté y es el papel que he hecho en más ocasiones. Creo recordar que han sido más de treinta producciones distintas y más de un centenar de funciones en los últimos diez años. Para mí, oir una vez más esta música es como volver a casa. Cada año canto unas ocho óperas por término medio y Lucia di Lammermoore se encuentra casi siempre entre ellas. Cada vez que vuelvo a incorporar el papel encuentro en él nuevos aspectos porque, así como mi vida y mi voz van madurando y cambiando con el paso del tiempo, también lo hace mi interpretación. Nunca he hecho dos Lucias iguales. La ópera es tan hermosa que no se puede omitir nada en ella; una auténtica obra maestra de Doni­zetti. Reprersenta un momento fascinante de la historia en el que las mujeres empezaban a pedir cosas como el derecho de voto y una mayor autonomía. En aquel tiempo el concepto de una mujer intelectualmente inferior que necesitaba estar supeditada al hombre estaba muy difundido. Probablemente la historia de esta ópera refleja el deseo de la sociedad de explorar el tema de una mujer independiente psicológicamente. Lucia es una de las primeras heroínas del melodrama de aquella época que no recupera la razón con el regreso de su hombre, sino que emprende el camino sin retorno hacia una locura obscura y profunda.
Ó. A.: En la memoria de muchos aficionados ha quedado esa Amenaide que en junio y julio interpretó como parte del Tancredi rossiniano en el Palau de Les Arts de Valencia. ¿Cómo considera este personaje en cuanto a su grado de dificultad técnica e interpretativa?
J. P.: Amenaide fue el papel que hizo que me enamorara del bel canto. Acababa de llegar a Italia como estudiante y fui invitada por Gianluigi Gelmetti a presenciar todos los ensayos y una función de este título que se estaba montando. El reparto era increíble, con Mariella Devia, Daniela Barcellona y Raúl Giménez. A finales de mes conocía ya la ópera de arriba abajo, pero tuve que esperar diez años para debutarla. Hoy en día es mi papel rossiniano preferido. Me encanta el reto que supone el personaje y encuentro increíblemente bella su música. Hasta hace poco solía despertarme por la noche canturreando “Giusto Dio” y me prometía a mí misma que un día lo cantaría con Daniela. Ya puede imaginarse, pues, la emoción que fue para mí poder hacerlo en Valencia con ella.
 
Como Amenaide de Tancredi en la pasada temporada del Palau de Les Arts de Valencia / Palau de Les Arts / Tato BAEZA
 
Ó. A.: Entonces, ¿cuál diría que es el personaje más difícil que tiene en repertorio y por qué lo considera así?
J. P.: Para mí, el papel más difícil es seguramente el de la Reina de la Noche. Requiere preparar con tiempo los staccati en un papel que siempre me atemoriza un poco y que no suelo aceptar habitualmente; solo lo canto en teatros grandes como el Metropolitan, el Covent Garden o el Walt Disney Concert Hall de Los Angeles. Probablemente hubiera debido debutarlo en un contexto más tranquilo. En cualquier caso, este rol sigue siendo uno de los mayores retos de mi repertorio. Son solo dos arias y una presencia muy limitada en el escenario, pero pesa siempre la enorme expectativa del público ante “Der Hölle Rache” que todos han oído por lo menos una vez en la vida. Su verdadera dificultad no radica en los cuatro famosos Fa sobreagudos, sino en la necesidad de expresar sentimientos como rabia, furor u odio sin perturbar la exactitud de la partitura mozartiana. La idea, bastante difundida, de considerar a la Reina de la Noche como un papel típico de soprano ligera puede representar una cierta limitación. No se puede cantar “la venganza del infierno hierve en mi corazón” con la voz de una Amina, pues hay que ser en ese momento la terrible y dramática Reina de la Noche.
Ó. A.: En enero regresa al Gran Teatre del Liceu de Barcelona para incorporar a su repertorio a Adina de L’elisir d’amore. ¿Le interesan también este tipo de personajes semiserios? Personalmente, ¿le gusta hacer comedia, la disfruta, o prefiere el drama?
J. P.: Personalmente creo que la comedia es más difícil que el drama, si bien exige menos desde un punto de vista psicológico. A mí me gusta encontrar el justo equilibrio sin caer nunca en el estereotipo en relación con un solo género. En realidad me encantan ambos y entiendo que el punto de encuentro que supone el género semiserio puede ser una receta doblemente eficaz, ya que lo trágico lo es mucho más si viene precedido por lo cómico.
 
Como la protagonista de Aureliano in Palmira en el Rossini Opera Festival (2014) / Rossini Opera Festival
 
Ó. A.: ¿Cómo percibe el personaje de Adina?
J. P.: Creo que es una mujer llena de determinación, independiente y segura de sí misma. L’elisir ha sido una de las obras de Donizetti que durante mucho tiempo más ganas tenía de incoporar. La música es particularmente hermosa, especialmente en los dúos. Será para mí un placer llevar esta ópera en escena para el público del Liceu y creo que todos nos divertiremos muchísimo.
Ó. A.: En febrero vuelve a Roma entonces para ser la protagonista de La Sonnambula. ¿Considera que este papel es un reto para una prima donna? ¿Por qué?
J. P.: Todas las heroínas del bel canto suponen retos difíciles. Para hacerles frente hay que estar en una gran forma y contar con años de estudio que permitan reproducir exactamente lo escrito por el compositor. En cada representación vuelve a presentarse el desafío y la necesidad de entrar en la psicología del personaje y de conjugar las emociones a través de la música y la voz. Amina es uno de los personajes de mi repertorio con una línea de canto más expuesta. Hay largos pasajes sin el apoyo y la guía que proporciona la orquesta y que requieren una entonación impecable y la capacidad para no desviarse de la misma en esas largas cadencias en solitario.
Ó. A.: Este curso cantará en Sídney y Melbourne. ¿Qué significa para una australiana cantar en su país?
J. P.: Me llena de ilusión poder cantar en casa porque mis padres vienen a veme y me encuentro con viejos amigos y compañeros de escuela. Al mismo tiempo, por el contrario, me crea una cierta incomodidad ya que siento la necesidad de justificar en casa la carrera que estoy haciendo en un extranjero que es muy lejano para los australianos, para quienes es virtualmente imposible desplazarse a otros países en vacaciones. Cuando yo me trasladé a Italia para estudiar carecía de los medios necesarios para volver a mi país con la frecuencia que hubiera deseado. Este, por otra parte, es un sacrificio que todos los cantantes conocemos muy bien. Yo tengo allí dos sobrinitas encantadoras con las que me gustaría pasar mucho más tiempo, pero hoy por hoy cantar allí de manera periódica es solo un sueño. Para mí ya es un regalo estar con mi familia durante un mes entero y debutar en el icónico teatro en forma de concha de Sídney que todo el mundo conoce. Yo crecí en aquella ciudad y ese debut constituirá una emoción indescriptible.
 
Durante los ensayos de Linda di Chamounix, junto al tenor Ismael Jordi y al director de escena Emilio Sagi (Roma, 2016). / Teatro dell’Opera di Roma / Yasuko Kageyama
 
Ó. A.: Se le ha comparado muchas veces con la Stupenda. ¿Qué piensa de ella, una de las mejores cantantes del siglo XX? ¿Qué ha aprendido de ella escuchando sus discos?
J. P.: Con toda seguridad ha sido una de las más grandes cantantes del siglo pasado. Puede decirse que hemos tenido la suerte de poseer muchas grabaciones suyas, y yo personalmente, en mi época de estudiante tuve el honor de participar en una de sus clases magistrales. En aquella época se le invitaba con frecuencia a formar parte del jurado en concursos de canto. Recuerdo una ocasión en que, en una audición a las diez de la mañana, yo terminaba un aria con un Sol sobreagudo que no estaba escrito. Ella sonrió y me dijo “está bien saber que tienes notas como esta, pero aquí no hay lugar para ella”. Si he de decir la verdad, aún no he perdido del todo esa tendencia...
Ó. A.: Hace dos años contaba de su amor por los animales. ¿Sigue teniendo mascotas?
J. P.: Muchísimas. Si pudiera me llevaría a casa a todos los animales abandonados que encuentro. Por suerte mi pareja ama a los animales tanto como yo y como tenemos en la Toscana una casa de campo con mucho espacio podemos permitirnos el lujo de tener tres perros y cuatro gatos. Cuando es posible me llevo a los perros de viaje... Tenemos ayuda para cuidar a nuestras queridas mascotas, porque al estar viajando continuamente hay que evitar que los gatos pudieran sentirse traumatizados.
Ó. A.: ¿Cuándo regresa a España? ¿Y cuándo regresa al disco?
J. P.: España es uno de mis destinos favoritos y me siento muy feliz de tenerla muy presente en mi agenda. Tengo varios proyectos con Lucia y otros papeles nuevos que me entusiasman. En cuanto a grabaciones, tengo esta temporada el proyecto de un disco con el Maggio Musicale Fiorentino. 
 
Abajo, en su debut en Bilbao con La Sonnambula (2016), junto a Mirco Palazzi. El mes pasado volvió a triunfar en el curso abaísta, esta vez con Don Pasquale / ABAO-OLBE / E. MORENO ESQUIBEL
 
 
 
 
 
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