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Reportaje gráfico: Escuela Teatro Real / Javier DEL REAL
 
Ha cumplido una década en la presidencia del patronato del Teatro Real, coincidiendo con el 200º aniversario de la fundación del coliseo madrileño y con el 20º de su recuperación para el género operístico. El Real recibe el Premio Ópera Actual 2018 por su contribución a la lírica española en un momento de gran efervescencia debido al anuncio de su posible fusión con el teatro de la Zarzuela, un nuevo proyecto no exento de controversia.
 
Mario MUÑOZ
ÓPERA ACTUAL 212
(ABRIL 2018)
 
Con una carrera de larga distancia como la del abogado, empresario y filántropo Gregorio Marañón y Bertrán de Lis (Madrid, 1942), con muchos galardones, premios y doctorados honoris causa a su haber, los reconocimientos siguen siendo para él un gesto “de generosidad” por parte de quienes se los otorgan. Quien lleva 10 años como el primer presidente no político del Patronato del Teatro Real de Madrid, asume que el Premio ÓPERA ACTUAL 2018 se trata de un reconocimiento para el coliseo en su conjunto “y, por tanto, es para el extraordinario equipo que lo conforma. Yo, simplemente, lo recogeré en su nombre”. 
 
ÓPERA ACTUAL: Llegó al Real con una trayectoria al frente de diversas instituciones culturales y sociales. ¿Qué le atrajo de este cargo?
Gregorio MARAÑÓN: La posibilidad de realizar, sin interferencias políticas, un proyecto muy ambicioso con el apoyo de las administraciones públicas y de la sociedad civil, pudiendo conformar un gran equipo profesional. Asumí la presidencia del Teatro Real en 2007, cuando las administraciones decidieron dotarle de la autonomía necesaria para ser gestionado de manera estable y profesionalizada. En los diez primeros años, desde su reapertura, hubo seis ministros-presidentes del Patronato que cambiaron, una y otra vez, su composición y su equipo directivo. Así era imposible consolidar ningún proyecto institucional. Estoy convencido de que las grandes instituciones culturales tienen que gestionarse al margen de la política partidista. En los últimos diez años transcurridos desde entonces, el Real ha tenido un solo presidente, dos directores artísticos, Gerard Mortier y Joan Matabosch, y dos directores generales, Miguel Muñiz, y desde 2012, Ignacio García-Belenguer, que está realizando una extraordinaria labor.
 
Gregorio Marañón entre Joan Matabosch, director artístico del Real, e Ignacio García-Belenguer, director general del coliseo lírico madrileño / 
 
 
Ó. A.: ¿Cómo encontró la institución a su llegada?
G. M.: En 2007 el Real estaba claramente a la zaga del Liceu y carecía de proyección internacional. Mi primera decisión fue celebrar un Patronato conjunto en Barcelona como reconocimiento a lo que el Liceu ha significado históricamente en la ópera de nuestro país. El Liceu y el Teatro Real se fundaron a mediados del siglo XIX, bajo el reinado de Isabel II, pero a partir de 1925 el Real estuvo cerrado hasta 1997, mientras que el Liceu continuó su brillante trayectoria con la breve interrupción ocasionada por el incendio de 1994.
 
La polémica fusión
 
Ó. A.: En marzo se daba a conocer la fusión del Real con el Teatro La Zarzuela, un proyecto que ha incomodado a parte del mundo de la cultura.
G. M.: En esta fusión el Teatro de La Zarzuela se integraría en la Fundación del Teatro Nacional de la Ópera y la Zarzuela. La unión de ambos teatros en una misma Fundación pública estaba prevista ya en 1995. Me permito aquí citar las alentadoras respuestas que han dado Plácido Domingo y el maestro Josep Pons. El gran tenor español, entusiasmado con la fusión, ha manifestado que “haremos de la Zarzuela un género internacional como merece” y el director musical del Liceu ha declarado que le parece “muy buena idea” y que es una posibilidad de crecimiento artístico. En el mundo de la cultura, a mi juicio, los ánimos tienen que ser siempre abiertos y generosamente inteligentes. Por mi parte, no tengo ninguna duda de que el Real va a contribuir de manera decisiva a la proyección nacional e internacional del género de la zarzuela, que tan valioso es en nuestro patrimonio musical.
 
Ó. A.: Son dos proyectos con marcos­ contractuales muy distintos y bajo mentalidades artísticas diferentes. ¿Querrán mantener esa bicefalia?
G. M.: Se respetarán las características contractuales y los diferentes regímenes laborales de las plantillas de ambos teatros porque, como es evidente, se puede contribuir a un proyecto artístico común desde situaciones laborales distintas. Por otro lado, la gestión de una institución no puede duplicarse pero, ciertamente, los dos teatros tienen que trabajar con tanta autonomía como coordinación. Se necesita contar con la ilusión y el esfuerzo de todos.
 
Ó. A.: ¿Ha llegado hasta donde quería llegar al mando del Real?
G. M.: La gravísima crisis económica que empezó en 2007 –con la consiguiente disminución de las subvenciones públicas– dificultó el inicio de nuestra gestión, pero hoy el Teatro está considerado como una de las principales instituciones culturales de nuestro país y es la primera en el ámbito de las artes escénicas y musicales. Cuenta con un presupuesto de más de 55 millones de euros, de los que las administraciones públicas aportan únicamente el 25 por cien. El resto son ingresos propios, incluyendo taquilla, patrocinio y alquiler de espacios. Nuestro coro está considerado como uno de los mejores de Europa y nuestra orquesta también es extraordinaria. Hemos sido pioneros en llevar la ópera a la calle, abriendo las puertas del Real a todos los ciudadanos gracias a las retransmisiones digitales. Las primeras óperas que se han retransmitido en directo por Facebook o en un tren en marcha han sido del Teatro Real. El mérito es de las administraciones públicas que han respetado nuestro proyecto, de la sociedad civil que lo ha apoyado decididamente, y del extraordinario equipo profesional que lo está llevando a cabo.
 
Recibiendo, de manos de SS MM los Reyes de España, la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes 2017.
 
Ó. A.: En ese sentido, hay una decidida apuesta por el mecenazgo. ¿Cuál es su equilibrio ideal de fuerzas entre financiación pública, aportación privada y taquilla?
G. M.: El Real acertó en los años de la crisis cuando estimó que los tiempos de abundancia en cuanto a subvenciones públicas habían pasado, y que las instituciones culturales habían de ser viables por sí mismas. Reestructuramos drásticamente todos los gastos de la institución e incrementamos notablemente sus ingresos, también los de taquilla, gracias a una ocupación media del 94 por ciento y a sus 22.000 abonados. Así salimos de la crisis fortalecidos y sin deudas.
 
Ó. A.: ¿Afecta a la programación esta mayor implicación privada?
G. M.: Formalmente la programación la aprueban los órganos de gobierno del Teatro Real, pero se hace con plena autonomía por la dirección artística, siguiendo las pautas presupuestarias que marca la dirección general. Esta autonomía constituye un principio esencial del funcionamiento del Teatro.
 
Ó. A.: ¿Cómo gestiona el inevitable desgaste personal que ha de provocar llevar las riendas de una institución como esta?
G. M.: Con toda sinceridad, estos diez años han pasado volando y, lejos de constituir un desgaste, todo el equipo y yo mismo mantenemos viva una inmensa ilusión por lo que nos aguarda. Siempre he creído que el cumplimiento de un deber obliga a inventarse otro, y así sucesivamente.
 
Ó. A.: Más allá de lo estadístico, ¿nota en el ambiente de cada función si las políticas de apertura a nuevos públicos han funcionado?
G. M.: La media de edad de los espectadores del Real ha descendido a 53 años, y continúa bajando. Cada año más de 40.000 jóvenes disfrutan de los programas especiales que tenemos establecidos para ellos. En cuanto a la acogida de la programación, incluso la más difícil, siempre recuerdo lo que me escribió el extraordinario arquitecto Rafael Moneo tras asistir a una representación de la ópera Moisés y Aarón de Schoenberg: “Lo que más me sorprendió fue ver tan amplio público enterado y entusiasta. Da gusto ver el cambio que, en lo que a educación cultural y estética se refiere, se ha operado en nuestro país gracias a instituciones como el Teatro Real”.
 
Ó. A.: Aniversarios aparte, parece conocer la receta para el entendimiento entre instituciones; sirva como ejemplo su relación con el Liceu. ¿Cómo construye estos puentes?
G. M.: Pertenezco a una generación que creció y se formó en una dictadura de las de verdad. Yo militaba en la oposición clandestina al régimen. Aprendimos entonces a tender puentes de diálogo entre las distintas familias políticas de la oposición, y también con algunos franquistas que estaban dispuestos a facilitar la democratización del  régimen. La existencia de canales de comunicación es lo que permite que en situaciones de crisis se pueda iniciar un diálogo inmediato para superarlas. Pretender comenzar este diálogo sin haber establecido previamente esos puentes de comunicación constituye un error muy común en nuestros días…
 
En un acto institucional en el Metro de Madrid, junto a la presidenta de la comunidad autónoma de Madrid, Cristina Cifuentes
 
El World Opera Forum
 
Ó. A.: Este mes el Real acoge la primera edición del World Opera Forum. ¿Qué papel tiene el Teatro como dinamizador del evento?
G. M.: Van a asistir representantes de las tres grandes asociaciones operísticas internacionales que agrupan a las principales óperas de Europa y América, además de otras compañías de Asia, África y Oceanía. Se trata de debatir la situación actual de la ópera en nuestras sociedades y de proyectar su futuro. Es una iniciativa del mayor interés para el mundo de la ópera y podemos sentirnos orgullosos de que se celebre en España. 
 
Ó. A.: Además de recibir el Premio ÓPERA ACTUAL, el Real cuenta con cuatro nominaciones para los galardones impulsados por una revista británica. ¿Este es el resultado de la proyección internacional del Teatro?
G. M.: Sí. Y si alguna de las nominaciones se materializara en premio sería la primera vez que una institución operística española reciba este tipo de reconocimiento internacional.
 
Ó. A.: ¿Cuál ha sido el montaje que más le ha emocionado en estos años?
G. M.: Me quedo con dos, San Francisco de Asís de Messiaen que hicimos en el Madrid Arena, y Billy Budd, la ópera de Britten estrenada la pasada temporada.
 
Ó. A.: Decía una conocida alpinista que, en realidad, su trabajo era “hacer compañía al viento”. ¿Con qué se queda al estar haciendo “compañía a la música” durante esta década?
G. M.: El hecho de haber podido participar durante más de diez años en un proyecto como el del Teatro Real constituye en sí mismo un viaje apasionante que continúa...
 
 

 

 
 
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