NOVEDAD DISCOGRÁFICA

T. Hampson, V. Grigòlo, S. Fomina, C. Rice, S. Yoncheva, E. Halfvarson.
Dir.: E. Pidò. Dir. esc.:
J. Schlesin­­ger. Dir. TV: J. Haswell. Sony Classical 88985376619. 1 Dvd. (2016
 
 
Pablo MELÉNDEZ-­HADDAD
ÓPERA ACTUAL 204
(JULIO-AGOSTO 2017) 
 
 
En un esfuerzo conjunto con Sony Classical, ÓPERA ACTUAL ofrece en exclusiva a sus lectores la crítica de estos Contes d’Hoffmann que se han presentado en sociedad a finales de junio. Los melómanos de cine ya los conocen: este registro se emitió en salas de todo el mundo en noviembre de 2016, un registro grabado en la Royal Opera House del Covent Garden de Londres ese mismo mes contando con un reparto en el que la nueva hornada de estrellas toma el relevo.
 
Impresiona la suntuosa producción de John Schlesinger del drama de Offenbach estrenada en 1980, todo un clásico del coliseo británico. En este lujo de dramaturgia en el que todo movimiento tiene su justificación, la vertiente visual impacta por la belleza de los espacios escénicos, por los hermosos vestuarios y caracterización en general. Contando con un Coro y una Orquesta de la categoría de los del Covent Garden, los mimbres básicos ya aseguraban un alto nivel de calidad, más todavía con un luminoso Evelino Pidò a la batuta, siempre muy teatral.
El papel principal está interpretado por Vittorio Grigòlo, quien lo da todo en el escenario defendiendo un papel para el que su voz queda demasiado liviana. El tenor italiano, en todo caso, sabe cómo distribuir las fuerzas y su entrega para conseguir el aplauso y convencer a un público que se entrega a sus encantos. Como actor es estupendo. Thomas Hampson es un artistazo como la copa de un pino, aunque su voz no es atractiva ni tampoco impresiona por sus características técnicas. Pero su trabajo es tan detallista –dicción, intención, fraseo, colores– y su actuación escénica tan convincente, que al final se transforma en uno de los triunfadores al asumir a los cuatro villanos. No es el único que se multiplica, pero no son los personajes sopraniles quienes lo secundan, sino los cuatro sirvientes interpretados con entusiasmo por Vincent Ordonneau.
En cuanto a las heroínas, hay que subrayar la belleza del agudo y de las medias voces de la Antonia de Sonya Yoncheva, aunque no alcanza a impactar por ciertas zonas algo inestables, especialmente en el grave. La Olympia de Sofia Fomina ofrece un canto virtuoso pero algo corta de fiato y con ciertas imprecisiones en las escalas, dominando las notas picadas. La Giulietta Christine Rice se lució con un canto todo sensualidad. El Crespel de Eric Halfvarson se ve algo incómodo y el Niklausse de Kate Lindsey incluso desafina al estrangular muchas notas en su rudo fraseo. La corte de comprimarios de la Royal Opera londinense es, como acostumbra, muy deficitaria; nadie destaca, aunque la caracterización de Spalanzani de Christophe Mortagne es genial a nivel actoral.
 
Como contenido adicional se ofrece un interesante making of con entrevistas a los protagonistas y a los responsables del montaje, con un recuerdo para John Schlesinger que aplicó a la propuesta –estrenada por Plácido Domingo y dirigida por Georg Solti– toda su sabiduría cinematográfica.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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