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El Ballo in maschera que se verá en Barcelona se estrenó en 2014 en Toulouse / Théâtre du Capitole / Patrice Nin / 
 
Cuando en diciembre de 2000 el Gran Teatre del Liceu barcelonés estrenó el montaje de Calixto Bieito de Un ballo in maschera, nunca antes la prensa española había escrito tanto sobre ópera. En este regreso, 17 años más tarde, el drama verdiano llegará en una propuesta menos polémica y más esteticista, con un equipo artístico capitaneado por el francés Vincent Boussard en la dirección de escena y el modisto Christian Lacroix en el diseño de vestuario.
 
 
Pablo MELÉNDEZ-HADDAD
ÓPERA ACTUAL 206
(OCTUBRE 2017)
 
 
Calixto Bieito, que con su Ballo debutaba en el Liceu, ambientó este thriller verdiano que inau­gura la temporada lírica del coliseo catalán en el Parlamento español durante la Transición, trasladándolo desde el siglo XVII original. El escándalo fue mayúsculo, pero no tanto por las muertes y por las insidias políticas que subyacen en la trama, sino por la descontextualización por la que optó el regista y, sobre todo, por una escena en la que Bieito recreó la violación de un proxeneta por parte de un militar como ambiente previo al aria de Amelia “Ecco l’orrido campo”. Ese montaje estaba lleno de imágenes fuertes: al alzarse el telón se veía a un grupo de políticos y diputados sentados en el retrete leyendo la prensa... Y desde entonces la ópera de Verdi no ha vuelto a pisar el Liceu. En este regreso, y en medio de la actual coyuntura política que se vive en España, haber recuperado esa producción liceísta hubiese sido un interesante golpe de efecto, ya que Bieito justificó entonces la traslación de la trama a plena transición no solo por la particular estética de los años 70, sino también porque, decía, era “fácil entender un momento que todos recordamos, en el que había mucha energía, una época muy convulsa, especial y de cambio”.
Ahora el drama verdiano llegará en una propuesta en la línea de esos Capuleti que el Liceu presentó el curso 2015-16 con Vincent Boussard en la dirección de escena, vestuario de Christian Lacroix, escenografía de Vincent Lemaire e iluminación de Guido Levi. La dirección musical correrá por cuenta de Renato Palumbo y, junto a Piotr Beczala, en los dos repartos reclutados estarán Fabio Sartori (Riccardo); los barítonos Carlos Álvarez, Giovanni Meoni y Marco Caria (Renato); las sopranos Keri Alkema y María José Siri (Amelia); las mezzosopranos Dolora Zajick y Patricia Bardon (Ulrica); y Elena Sancho Pereg –Premio ÓPERA ACTUAL 2016– y Katerina Tretyakova (Oscar).
 
Los vestuarios de la obra llevan la firma del modisto Christian Lacroix y se mueven entre la severidad de las primeras escenas hasta la explosión de color que se vive en el baile de máscaras del último acto. / Théâtre du Capitole / Patrice Nin
 
 
No habrá polémica con este nuevo Ballo liceísta, pero sí traslación de época, ya que el montaje mueve la acción a una época indeterminada. Estéticamente todo es muy sobrio y la acción se sucede en una gran caja negra en la que se proyectan diversas imágenes. Lacroix ha concebido unos trajes severos que cambian en el baile del último acto, todo color, disfraces de época y máscaras, cuya escenografía brinda un impactante golpe teatral al proponer como único elemento una gran lámpara de lágrimas.
Verdi se inspiró para esta ópera en el asesinato del rey Gustavo III de Suecia (también llevado a la escena por Auber en 1833 o Mercadante en 1843), pero la censura obligó al compositor a retocar el libreto, cambiando la Suecia de Gustavo por el Boston de un hipotético conde Riccardo, gobernador que se enamora y seduce a la esposa de su consejero, Renato. El triángulo quedó así igualmente funcional desde el punto de vista dramático conservando la gran escena final, la que da título a la ópera, un baile de máscaras en la que se consuma la venganza del marido engañado.
 
La venganza de Renato 
Todo triángulo amoroso tiene un tercer vértice. Entre Amelia y Riccardo, en Un ballo in maschera hay un malvado, un marido engañado que jura venganza. El barítono Carlos Álvarez será el encargado en el Liceu de encarnar al cornudo Renato, “un personaje con pocas fisuras en lo vocal –impecable la escritura del compositor en este caso– y en lo escénico”, afirma el malagueño a ÓPERA ACTUAL. “Es un hombre mancillado en la lealtad, el amor y el orden, no se permite ninguna distracción de sus objetivos; estas características hacen que presente una actitud unidireccional, creciendo en intensidad conforme el ultraje avanza”.
La primera y única incursión de Carlos Álvarez en esta obra fue en abril de 2005, en el Metropolitan de Nueva York, en una producción de Piero Faggioni y bajo la dirección de James Conlon, junto a Deborah Voigt y Marcello Giordani. “En 2008, durante los ensayos de esta misma ópera en el Teatro Real, tuve que cancelar por la aparición de mi lesión en la cuerda vocal derecha”, recuerda el cantante. Volviendo al personaje, “Renato”, dice, “está más cercano, en personalidad y vocalidad, a don Carlos de Vargas, de La forza del destino: vengativo, de una vehemencia llena de supuesta dignidad, son detalles que hacen que su canto sea pasional pero racional a la vez, ejemplos de la inestimable escritura verdiana para los barítonos”.
 
 
 
Teatro Arriaga 

 

 
 
 
 
 
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