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Johannes Ifkovits
 
El Gran Teatre barcelonés inaugura su temporada con Un ballo in maschera, contando para Ello con el gran triunfador del Werther del pasado año: el tenor polaco Piotr Beczala. 
 
Pablo MELÉNDEZ-HADDAD
ÓPERA ACTUAL 206
(OCTUBRE 2017)
 
En España han disfrutado de su arte en Bilbao y Madrid, aunque lo suyo con Barcelona parece haberse convertido en un idilio. Piotr Beczala regresa al escenario del Liceu ahora como Riccardo de Un ballo in maschera, papel que debutara en 2008 en Berlín, según explicó a ÓPERA ACTUAL. “La situación y la personalidad del conde Riccardo o del rey Gustavo –he hecho las dos versiones que hay de la ópera en estos últimos años– dibujan un papel muy técnico, muy cambiante de colores y de carácter. Riccardo y Gustavo tienen una personalidad complicada, patética. Pero así como por momentos exige una línea vocal casi ligera, de pronto se torna muy dramático. Estos dos componentes que están en la partitura son difíciles de poner en voz, pero cuando se consigue se disfruta. Entre ambas versiones las diferencias en lo musical son mínimas y solo hay que cambiar algunas palabras, pero lo difícil es dar un carácter diferente a cada personaje, porque se mueven en ambientes históricos muy diferentes, acentuándose el complot político en la versión americana, que es la que haremos en Barcelona”.
 
Ópera Actual: ¿Lo encuentra parecido a otros papeles verdianos?
Piotr BECZALA: Al final se parece a Otello, ya que casi todos los roles verdianos para tenor tienen algún gran momento dramático. Y en otras escenas veo un poco al Duca de Rigoletto... Diría que Riccardo, en el transcurso de la ópera, se va poniendo cada vez más dramático.
 
Ó. A.: Todavía recordará el triunfo en el Werther en Barcelona...
P. B.: Sí, por supuesto. Pero para mí es importante no solo el aplauso, como el que recibí cuando repetí el aria en el estreno, sino también –y es mucho más emocionante– llegar a sentir la tensión del público. Todos respirando juntos. Eso te da una sensación indescriptible que no siempre se percibe. Esa conexión, la viví en el Liceu. Creamos algo juntos.
Ó. A.: ¿Considera que al haber cantado Lohengrin dio un gran paso en su carrera?
P. B.: Sí, pero no tengo claro en qué dirección. Solo sé que no soy un tenor wagneriano. Me sentí muy cómodo cantando el papel –el alemán es mi segunda lengua–, aunque creo haber usado a Wagner para probar cómo se movía mi voz en un terreno más dramático para prepararme bien para Maurizio, Don José y Cavaradossi, que son mis próximos papeles a incorporar en el repertorio. Con Lohengrin pude ver cuáles eran mis límites. Lo pasamos muy bien en Dresde cantándolo con Anna Netrebko, con quien también lo cantaremos en 2019 en Bayreuth dirigidos por Christian Thielemann. Y en Viena, en 2020.
 
San Diego Opera / Como Riccardo de Un ballo in maschera en la Ópera de San Diego, en Estados Unidos, título que el tenor polaco también ha cantado en ciudades como Nueva York, Múnich, Viena, Berlín o San Francisco.
 
 
Ó. A.: ¿Y cuándo llegan Maurizio, Don José y Cavaradossi?
P. B.: Justo después de Barcelona comienzo con Maurizio, en noviembre, en Viena. Don José viene algo más tarde, también en Viena. Hay que añadir Luisa Miller, título que cantaré en el Metropolitan de Nueva York en abril. Cavaradossi llegará en 2019, siempre en Viena. Están siendo unos meses de mucho estudio.
 
Ó. A.: Cavaradossi es su segundo Puccini después de Rodolfo. ¿Por qué canta tan poco este repertorio?
P. B.: He estado cantando mucho Faust y Roméo y creo que para mi voz no es saludable combinarlos con obras de Puccini. Hay que cambiar bastante la manera de cantar para hacerlo bien y en estilo, como también sucede con los papeles pesados de Verdi o con el verismo. Cavaradossi hay que cantarlo con una línea muy sostenida y ante una gran orquesta. Sí, he cantado muchas funciones de Bohème, pero Rodolfo me va muy bien. Creo que ahora estoy preparado para Mario. Y en el futuro no veo mucho a Puccini en mi repertorio. No me veo como Calaf, no está en mis intereses. Pinkerton es fácil, pero me cae mal el personaje y no me representa un reto.
 
Ó. A.: Ha declarado que le gustó mucho el Rigoletto ambientado en Las Vegas del Metropolitan. ¿Le interesan las puestas en escena que descontextualizan las óperas?
P. B.: Si se hace bien, en teatro se puede cambiar todo. Bueno, casi todo, porque no todo funciona. Este Rigoletto en Las Vegas rodaba bien porque era una mirada a la cultura estadounidense desde su propia óptica y en su propio ambiente. Y el público lo entendió. Ahora, dudo que este montaje funcione igual de bien en París o Roma. Como tampoco creo que funcione una traslación de época de títulos con personajes históricos, como Maria Stuarda, por ejemplo. Son muchas las variables, pero está claro que no todo funciona igual en todo el mundo. Como también hay producciones hechas en festivales que es imposible adaptarlas a un teatro.
 
Ó. A.: ¿Planea volver a España?
P. B.: Sí, es un país que a mi esposa y a mí nos encanta, especialmente Barcelona, una ciudad fantástica en la que ella estudió hace ya bastantes años, y que conoce muy bien. Nos gusta el clima, el ambiente, la cultura. Pero también soy un enamorado de Madrid, donde inauguraré la próxima temporada con Faust, para regresar al final de la próxima temporada a Barcelona con Luisa Miller. También cantaré un concierto en el ciclo de Lied del Teatro de La Zarzuela de Madrid y otro en el Palau de la Música Catalana de Barcelona.
 
Opernhaus Zürich / Toni SUTER  /  En El país de la sonrisa, opereta en la que Beczala encandiló en junio al público de Zúrich
 
 
Ó. A.: En su época, Chopin llegó a ser la gran esperanza de la ópera polaca.
P. B.: Sí, y al final no pudo ser. Pero sí que tenemos un par de grandes óperas polacas, comenzando por El rey Roger, de Karol Szymanowski, que canté en París. No me gustó mucho la producción porque el director no tenía las cosas muy claras. En 2019 en el Theater an der Wien de Viena haremos Halka, de Stanisław Moniuszko, un compositor que escribió varias óperas y esta es una obra maestra. La haremos con un gran reparto y con una partitura muy trabajada en una nueva edición.
 
Ó. A.: ¿Qué significó Fritz Wunderlich para usted?
P. B.: Ha sido una de las voces más importantes en mi vida. Lo descubrí muy joven, en Weimar en 1986, y me volví loco con la claridad de su voz, con la manera en la que supo acercarse a la música de todos los estilos. Siempre he tratado de hacer algo similar en mi carrera. La actitud ante cada repertorio tiene que ser la precisa. Escuchándolo creo que descubrí cómo hay que hacerlo.
 
 
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“Emociona sentir la tensión del público en una función. Todos respirando juntos.
Eso te da una sensación indescriptible que no siempre se percibe. Esa conexión la viví en el Liceu”
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Ó. A.: Usted comenzó a cantar en un coro antes de estudiar con Pavel Lisitsian y Sena Jurinac. ¿Se ve en el futuro como maestro de canto?
P. B.: Canté un año en el coro del colegio y pasé por tres cuerdas... Allí decidieron que yo tenía que ir a una academia y aprender música. Enseñar es muy difícil. He dado algunas clases magistrales y con mis maestros hablé mucho sobre lo que significa enseñar. No se trata solo de ser un profesor, es algo mucho más intenso. Se necesita mucha paciencia e imaginación. Hay que saber reducir los problemas que presenta un estudiante sabiendo ver qué hay detrás de esos problemas. Hay que tener suficiente tiempo para hacerlo y algún día creo que lo podré hacer. Me preocupa el futuro de la ópera y es fundamental contar con buenos cantantes.
 
Ó. A.: Después de la polémica de esa Traviata de hace unos años, ¿volverá a La Scala?
P. B.: Si me ofrecen el papel adecuado. Hice un recital el año pasado, pero todavía estoy esperando el papel. En toda mi vida lo fundamental ha sido decidir qué roles cantar y agradezco a los teatros que me dan la oportunidad de cantar papeles que me van bien.
 
Ó. A.: ¿Qué deportes practica cuando tiene tiempo libre?
P. B.: El bridge me encanta, pero me entusiasma más el golf, que a los cantantes nos ayuda a salir de nuestra rutina, siempre encerrados en teatros entre cuatro paredes, muchas veces en edificios sin ventanas. Hacer un deporte al aire libre se agradece de verdad.
 
 
 
 
 
 
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