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La soprano albanesa, máxima autoridad mundial en el papel de la geisha de Puccini, canta por primera vez en el evento ampurdanés.
 
Esperanza BERROCAL 
ÓPERA ACTUAL 203 
(JUNIO 2017)
 
Fadil Berisha
 
Ermonela Jaho se ha consagrado como una de las más importantes intérpretes del papel de Cio-Cio San de Madama Butterfly, personaje al que nuevamente dará vida este mes en el Teatro Real de Madrid y en agosto en el que será su debut en el Festival Castell de Peralada. La soprano de Albania dio vida por primera vez este papel en Filadelfia, en 2010, con la misma producción en la que lo acaba de interpretar en la Washington National Opera, donde se realiza esta entrevista (crítica en página 98). “Tengo un gran recuerdo de esa primera vez”, afirmó la cantante a ÓPERA ACTUAL, “y ahora quiero contar una pequeña historia anterior a mi debut en Butterfly. Estaba cantando Liù en Filadelfia y el director del teatro me propuso regresar con otro Puccini, a lo que yo contesté si podíamos hacer Butterfly. El director musical de esa Turandot entonces intervino diciéndome que nunca en mi vida intentara cantar ese papel y me habló de los estereotipos al respecto y de mi tipo de voz, que en su opinión no se adaptaba al papel; parecía muy preocupado, pero a mí me encantan los retos, así que esa misma noche abrí la partitura de Butterfly para confirmar las razones que me daba el maestro. Entonces me di cuenta de que Cio-Cio San tenía solo 15 años y que el drama que compuso Puccini tenía muchos matices, todos necesarios para dar credibilidad al personaje y ante una orquestación densa pero también llena de momentos de sutileza. Y me propuse aceptar el reto. Incluso correr el riesgo. Cuando lo debuté, tengo que admitir que tenía miedo, pues intenté crear una Butterfly diferente, frágil pero llena de pasión, y de esto tengo mucho en mi sangre porque vengo de Albania... Fue un momento precioso porque el público me regaló una ovación en pie. Desde ese momento me di cuenta de que la técnica vocal es muy importante y hay que trabajarla mucho, pero que eso no es todo: necesitas dar más, necesitas emoción, tu voz debe ser un puente entre el alma y el público”.
 
ÓPERA ACTUAL: ¿Cuántas veces lo ha cantado?
Ermonela JAHO:
Llevo con él ya más de ocho años, y ya he perdido la cuenta: solo sé que este año haré en total unas 30 representaciones. Acabo de cantarlo en Londres y después de Washington­ lo haré en Madrid, Peralada y París. También me han pedido que lo haga en otros teatros, pero he dicho que no porque creo que 30 funciones de este personaje en un año me parecen suficientes, ya que es un papel muy exigente y emocionalmente desgastante. 
 
Ó. A.: Debuta en Peralada. ¿Qué conoce acerca de este evento que es el más operístico del verano español?
E. J.: He leído bastante sobre el Festival y sé que es un evento muy importante porque muchos colegas me lo han comentado. Soy consciente de lo que significa cantar al aire libre porque ya lo hice en Verona y en las Chorégies de Orange, en Francia; fue como una prueba de fuego, porque en momentos tan íntimos emocionalmente como los de esta ópera es difícil salvar la distancia­ con el público en escenarios de tales dimensiones. Hay que adaptar tu interpretación a cada espacio y al final siempre encuentras la manera de comunicar y de marcar, por ejemplo, los gestos de tu cara, incluso tus lágrimas, tu voz. En todo caso, y volviendo a Peralada, me encanta el público español, es tan pasional... Y como siempre, intentaré darlo todo en escena, no solo mi voz. Estoy feliz de cantar con Carlos Álvarez, un colega maravilloso con el que hice Traviata en Viena: su Germont es de una sensibilidad única. Con Bryan Hymel hicimos Butterfly en Orange, y será un Pinkerton clásico, muy americano. Con el maestro Dan Ettinger también he trabajado, o sea que será una Butterfly entre amigos, por lo que la emoción estará  asegurada.
 
Ó. A.: ¿Cómo es su Cio-Cio San actual respecto a la de 2009?
E. J.: No es la misma porque soy más consciente a nivel técnico y emocional. He aprendido de la experiencia. Siempre estoy estudiando, quiero representar con credibilidad el viaje vital de Cio-Cio San a sus 15 años –por suerte yo soy pequeñita– y como madre joven, así que cada palabra, cada gesto, cada respiración, me viene muy de adentro, como si fuera la primera y la última vez que la represento. Yo tenía nueve años cuando empecé a cantar así que cada vez que subo al escenario estoy viviendo el sueño de mi vida. Todavía siento los nervios, un fuego por dentro.
 
Como Cio-Cio San en la Royal Opera House del Covent Garden de Londres, el pasado mes de abril / The Royal Opera / Bill COOPER
 
Ó. A.: Después de haber dado vida a tantos roles de Puccini –Magda (La Rondine), Anna (Le Villi), Manon Lescaut, Liù, Mimì y por supuesto Suor Angelica, por el que recibió el premio Gramophone 2013–, ¿en qué radica la popularidad del teatro musical de Puccini?
E. J.: Las mujeres de Puccini son muy cercanas a mi manera de ser, de emociones directas. A veces pienso que en otra vida he sido Suor Angelica, Cio-Cio San o Manon Lescaut... No puedo describirlo con las palabras adecuadas, pero llevo estos personajes en la sangre. Por supuesto no todos son tan perfectos para mí y otros no son adecuados para mi voz –tengo que ser honesta conmigo misma y conocer mis limitaciones–, porque quiero cantar por mucho tiempo. De momento no puedo cantar La Fanciulla del West, no estoy preparada todavía.
 
Ó. A.: Pero en su repertorio no todo es Puccini: sus interpretaciones de Violetta, Zazà (Leoncavallo), Antonia (Offenbach) o Desdemona (Verdi) también han sido muy aplaudidas. ¿Cómo prepara sus papeles?
E. J.: Primero que nada, necesito espacio y tiempo para pasar de un rol a otro. Estudio todos los días, no importa cuántas veces haya hecho un papel en el escenario. A nivel emocional, viniendo de Albania, he visto muchas realidades, algunas bellas, otras tristes. Dejé mi país sin dinero, sin llevarme nada, y tengo los pies bien puestos sobre la tierra. Los seres humanos somos como esponjas y todo lo que he vivido me ha quedado en un archivo y cuando canto, subconscientemente, lo transmito. Soy afortunada porque cantando puedo desahogarme, y para mí es casi como una catarsis. Descubro mucho de mí misma en cada uno de estos papeles... Como con Traviata, que fue la primera ópera que vi en Albania cuando tenía 14 años y cuando decidí que sería cantante. Le dije a mi hermano: “No voy a morir sin cantar La Traviata por lo menos una vez en la vida” y ya la he cantado 240 veces, incluso en Australia. Pero cada vez que la canto es como si fuera la primera, quiero mantenerla fresca, no necesariamente joven de voz, pero renovada a nivel emocional.
 
Ó. A.: Su carrera ha sido un sueño hecho realidad al que aspiran muchos jóvenes cantantes. ¿Qué consejo tendría para ellos?
E. J.: Que tienen que tener pasión por cantar y que esa pasión tiene que ir más allá de una noche. En estos tiempos, con tanto marketing, parece que la carrera de una cantante está como prefabricada, por eso hay que trascender esta idea y hacer del canto un propósito de vida. Yo lo he sentido así desde los 14 años. Para mí cantar es una cuestión de vida o muerte: no puedo vivir sin cantar. Si crees en lo que haces, es como una liberación, y si trabajas duro es una cuestión de tiempo. Cuando empecé nadie creía en mí y tuve mis altibajos, pero nunca duraron más de dos noches porque si no cantaba sentía que me faltaba algo, que no podía respirar. Hay que seguir trabajando porque cuando consigues el éxito, aunque sea por un día, te vas a sentir muy feliz después de tanto esfuerzo. Es como correr una maratón, cuanto más larga la distancia, mayor la satisfacción. Y nunca hay que darse por vencido.
 
 
Butterfly en tiempos de guerra
 
La propuesta escénica de Joan Anton Rechi para esta nueva Butterfly que se verá en Peralada, apuesta por una  tragedia con todas sus letras, aunque el regista prefiere definirla como “una historia de amor en tiempos de guerra”.
 
Pablo MELÉNDEZ-HADDAD
ÓPERA ACTUAL 203
(JUNIO 2017)
 
La producción de Butterfly que se verá en Peralada se estrenó en Duisburgo el 4 de febrero / Festival Peralada / Deutsche Oper Am Rhein / Hans MICHEL  
 
La pregunta sigue latente a 113 años de su estreno: ¿Qué hace que Madama Butterfly triunfe allí donde vaya? ¿Es acaso la historia trágica del desencuentro amoroso de los protagonistas o son las melodías puccinianas que conforman esta obra maestra del melodrama italiano? En Peralada la ópera de Puccini se ha podido ver en un plásticamente rupturista montaje de Lindsay Kemp y en una dramática adaptación coreográfica de Ramon Oller. Este año regresa al escenario ampurdanés en una nueva propuesta teatral que firma el andorrano Joan Anton Rechi, una coproducción del evento gerundense con la Deutsche Oper am Rhein. Para dar vida a los personajes de esta “tragedia japonesa”, como la denominó su autor, se cuenta con un reparto de estrellas internacionales encabezado por la soprano Ermonela Jaho, el tenor Bryan Hymel, el barítono Carlos Álvarez y la mezzosoprano Gemma Coma-Alabert.
 
La nueva Butterfly se estrenó el 4 de febrero en la compañía alemana coproductora y llegará a Peralada los días 7 y 9 de agosto con el debut local del director musical Dan Ettinger, escenografía de Alfons Flores y vestuario de Mercè Paloma. El coro llegará desde el Gran Teatre del Liceu barcelonés –dirigido por Conxita García–, y en el foso estará la Bilbao Orkestra Sinfonikoa.
 
El Festival de Peralada, con verdadera pasión por las voces, ha fichado a un cuarteto protagonista de excepción. Como ha podido verse en la entrevista anterior, Cio-Cio San será Ermonela Jaho, la soprano albanesa que en este papel ya es una absoluta referencia internacional. A su lado, el tenor Bryan Hymel regresa al Festival después de su presentación el año pasado ahora como Pinkerton, papel ingrato por personalidad pero de gran belleza musical; con este rol Hymel ha actuado en algunos de los teatros más importantes del mundo, como en La Scala de Milán, donde la cantó en diciembre pasado, el Metropolitan de Nueva York o la Staatsoper de Viena.
 
Esperado regreso
En esta nueva propuesta escénica, en una Nagasaki en ruinas Butterfly sueña con reencontrar a su amado Pinkerton / Festival Peralada / Deutsche Oper Am Rhein / Hans MICHEL 
 
También estuvo en la Butterfly que inauguró la temporada de La Scala el barítono malagueño Carlos Álvarez imponiendo su voz de oro en el papel de Sharpless, el cónsul de Estados Unidos en Nagasaki, la ciudad en la que transcurre la ópera. Álvarez, viejo conocido del público del Festival –y Medalla de Honor del evento–, debutó el papel “coincidiendo con mi presentación en La Scala”, afirmó a ÓPERA ACTUAL. Y detalla: “Fue un inolvidable jueves 11 de enero de 1996 en una producción de Keita Asari dirigida musicalmente por Riccardo Chailly, con Maria Spacagna como Cio-Cio San y Johan Botha como Pinkerton”. Se trata de uno de sus papeles favoritos que ha cantado en “unas 15 ocasiones, en tres producciones distintas con una sistemática frecuencia de 10 años entre cada una ellas rota solo por esta nueva producción del Festival de Peralada: La Scala 1996, el Liceu de Barcelona en 2006 y en la reciente inauguración de La Scala en 2016”.
 
Para Carlos Álvarez, regresar al festival español, “el más importante de la lírica estival del país”, es como volver a casa. “Con Peralada hace tiempo que perdí la objetividad profesional y me guío, junto a este fabuloso equipo de trabajo, por las ganas de reunirme con una especie de familia extensa. He de resaltar, además, que el nivel de exigencia artística del Festival es equiparable al que presentan los más importantes teatros de temporada y/o de repertorio: una prueba más de competencia profesional”. El público ampurdanés lo ha podido ver como Don Giovanni, Carlo Gérard o Iago. Según afirma, ahora defenderá un personaje “de menor empeño o compromiso vocal, pero fundamental en la conducción del drama que plantea Puccini: no es un héroe, no es un personaje mitológico, no es el típico malo baritonal... Pero es un bombón, eso sí, principalmente en sus intervenciones de conjunto, con unos dúos magníficos”. Pero, ¿podría Sharpless haber hecho algo para evitar el trágico final de Butterfly? Según el cantante, “desgraciadamente, no. Nada. Sharpless es un hombre de su tiempo en circunstancias de poder: la costumbre del concubinato en una sociedad machista y racista. En esa época, el negocio de los matrimonios mixtos sin valor jurídico permitía obtener beneficios a todos los involucrados, hasta que alguien, en este caso Butterfly, termina por creérselo. El personaje hace de un cónsul americano en Nagasaki el arma perfecta para crear el drama. ¿Posible redención de la culpa? Solo el remordimiento ante la decisión última de Cio-Cio San... Pero esos eran otros tiempos ¿o no?”, se pregunta.
 
 
Para este barítono español de exportación, la popularidad del teatro musical de Puccini radica más que nada “en sus libretos que, quizás con la excepción de Turandot, estuvieron siempre muy cerca de la realidad social de su tiempo, con dramas muy cercanos a la sensibilidad de un público entonces en transición hacia el teatro total y, sobre todo, basado en una música capaz de crear grandes emociones: orquestación refinada, temas vocales recurrentes, líneas melódicas imposibles de olvidar... Fue un maestro de la conmoción y del arte de sugerir”.
 
Completan el reparto de Madama Butterfly la mezzo catalana Gemma Coma-Alabert como Suzuki –artista residente de la edición de este año–, que acaba de cantar el personaje en el Teatro Real; Vicenç Esteve como Goro y como Yamadori Carles Pachón, ganador del premio Festival de Peralada del último Concurso Tenor Viñas de Barcelona. Serán dos funciones los días 7 y 9 de agosto.
 
Guerra Atómica
 
Joanantonrechi.com 
 
Joan Anton Rechi, un director de escena que se ha formado a la sombra de Calixto Bieito, plantea una propuesta de Madama Butterfly convertida en una tragedia de proporciones, en medio de una Nagasaki en ruinas: “En una ciudad destruida la protagonista no sabe cómo continuar con su vida ni dónde podrá reencontrar a Pinkerton. Por eso cada mañana acude al lugar donde estaba el consulado norteamericano; en medio de esta desolación espera recuperar la felicidad”. Para Rechi, uno de los aspectos más importantes respecto de esta ópera es que “Puccini dijo que Madama Butterfly era una tragedia –una tragedia japonesa–, no un simple drama, sino algo mucho más profundo, algo que entronca con el mito griego. La ópera tiene como protagonistas a una geisha de Nagasaki y a un soldado americano: fue compuesta varios años antes de la bomba atómica que devastó precisamente Nagasaki; es una historia de amor en tiempos de guerra que me toca muy profundamente, un punto de vista y una buena manera de que el espectador pueda profundizar en la historia y en el asilamiento de los personajes. Después de toda esta destrucción, Butterfly no sabe cómo continuar con su vida; está unida al único momento de felicidad que ha podido vivir pero en esta ciudad destruida no sabe dónde podrá encontrar a Pinkerton y si finalmente él regresa”.
 
 
Peralada, el clásico del verano
 
 
Entre el 6 de julio y el 17 de agosto tendrá lugar el XXXI Festival Castell de Peralada, esta vez con una oferta que incluye tres óperas y varios conciertos y recitales líricos.
 
 
Más dancístico y lírico que nunca. Peralada 2017 levanta el telón el 6 de julio con un homenaje a Maurice Béjart de la mano del Béjart Ballet Lausanne a 10 años de la muerte del mítico coreógrafo. La danza tendrá gran presencia en el verano ampurdanés (La bella y la bestia del coreógrafo Thierry Malandain, el Malandain Ballet Biarritz y la Euskadiko Sinfonikoa; el Acosta Danza, la compañía de Carlos Acosta), pero también la lírica vuelve a tener un lugar de honor en la programación. Además de la ya comentada Madama Butterfly (7 y 9 / VIII), también habrá otras dos óperas: Dido and Aeneas (15/VII), de Purcell, una propuesta semiescenificada dirigida por Paul Agnew y con las voces y los instrumentos de la 22ª Academia Barroca Europea de Ambronay (Francia), y el estreno absoluto de la última creación de Alberto García Demestres, La straordinaria vita di Sugar Blood, con Sara Blanch, Joan Martín-Royo, Antoni Comas y Mireia Pintó (20 / VII; ver entrevista en páginas 28 y 29).
 
En cuanto a conciertos y recitales, el segundo día del evento, el 8 de julio, la soprano sueca Irene Théorin, que el año pasado interpretara Turandot en el Festival, vuelve para interpretar las célebres Cuatro últimas canciones de Richard Strauss, junto a la Orchestre du Capitole de Toulouse y dirigida por Tugan Sokhiev.
 
Se anuncia también un recital de la joven soprano rusa Julia Lezhneva  (5 / VIII, ver entrevsita en ÓPERA ACTUAL 201) acompañada al piano por Michael Antonenko con un programa que abarca un repertorio que va del barroco al bel canto romántico. Será el debut de la cantante rusa en Peralada, el mismo caso de la también ascendente estrella sudafricana Pretty Yende, soprano que actuará el 2 de agosto, también en recital.
La popular y consagrada soprano vasca Ainhoa Arteta, Premio ÓPERA ACTUAL 2017, vuelve a Peralada esta vez acompañada por la Orquesta Victoria de los Ángeles con un programa de arias de ópera de Puccini bajo la dirección del compositor Pedro Pardo, quien también ofrecerá un par de creaciones suyas, algunas de ellas con poesías originales de la recordada soprano Victoria de los Ángeles (4  / VIII).
También regresa al Festival, esta vez en formato de recital, el tenor estado­u­nidense Gregory Kunde (6 / VIII), quien impactara al público de Peralada con su impresionante Otello de hace dos veranos. Esta vez Kunde, que acaba de presentar un disco de arias producido y grabado en España, actuará junto al piano de José Ramón Martín, revisando arias de ópera y canciones de cámara.
 
Completa la oferta clásica de Peralada un recital del pianista catalán Ignasi Cambra y otro del británico James Rhodes. 
 
 
 
 
 
 
 
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