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Tres destacadas personalidades del mundo de la cultura, todas mujeres, reciben los premios Ópera actual de este año. La soprano vasca Ainhoa Arteta lo recibe por su destacada trayectoria artística internacional; la filántropa Paloma O’shea Y su escuela de música Reina Sofía de Madrid por su contribución a la lírica; y la soprano donostiarra Elena Sancho Pereg por su talento como el intérprete joven español más prometedor.
La ceremonia de entrega de los Premios Ópera Actual 2017, el 2 de mayo en el círculo del Liceo de Barcelona, contará con el mecenazgo de Centro Porsche Barcelona y del propio Círculo del Liceo, además de diversas empresas colaboradoras como Pedralbes Centre, Hotel Alma, Societat del Gran Teatre del Liceu, Luxury Spain, Grupo Nomo y Krug, firmas que son un ejemplo de lo que significa el moderno mecenazgo cultural.
 
ÓPERA ACTUAL 202
(MAYO 2017)
 
Ainhoa Arteta: “tienes que escuchar a tu voz, sin forzarla jamás”
 
Pocos intérpretes operísticos han hecho tanto por la divulgación de la lírica como la soprano vasca Ainhoa Arteta. En paralelo a su carrera­ internacional, ha paseado su voz por los auditorios más recónditos del país, consiguiendo una popularidad que traspasa el ámbito de la música clásica, también gracias a un coherente trabajo de imagen. Por su carrera y por su aporte a la industria operística española, Ainhoa Arteta recibe el premio ópera actual 2017.
 
Pablo MELÉNDEZ-HADDAD
 
Bernardo Doral 

Ainhoa Arteta Ibarrolaburu debutó en España con La Cenerentola, en la temporada bilbaína de ABAO-OLBE, el 13 de septiembre de 1991. Su despegue internacional había comenzado un año antes, en la Ópera de Palm Beach (Estados Unidos), tal y como ella misma recuerda a ÓPERA ACTUAL: “Mi debut en ópera, en 1990, fue un momento inolvidable, igual que para cualquier cantante que después de estudiar durante años, prepararse a conciencia y luchar para conseguir una oportunidad, por fin ve realizado su sueño. Clorinda de La Cenerentola fue mi primer papel en Palm Beach, aunque mi primer gran papel fue el de Violetta de La Traviata, en esa misma compañía, que me abrió las puertas de otros escenarios”. Poco después llegaron los premios en la primera edición del Operalia y en las audiciones del Metropolitan de Nueva York, su impresionante Rondine en Bonn y una admirable trayectoria en ópera y recital.
 
 
ÓPERA ACTUAL: ¿Qué momentos de su carrera recuerda como fundamentales?
Ainhoa ARTETA: Han sido muchos los momentos esenciales para mi desarrollo como artista. La música en general y el canto en particular son la máxima expresión de las emociones de la vida, por eso pienso que en cualquier momento y lugar en el que se manifiesten suponen un paso para el aprendizaje. De todos modos podría destacar mi presencia en el Metropolitan Opera House, La Scala de Milán, Ópera de San Francisco, el Teatro Real, el Bolshoi, la Sydney Opera House, el Covent Garden, La Arena de Verona... Recuerdo también con emoción el recital que ofrecí en la Casa Blanca para Bill y Hillary Clinton, así como mi participación en el concierto en Homenaje a las Víctimas del 11-S. En esos días me encontraba cantando en la Washington National Opera y viví de cerca el ataque al Pentágono. Momentos especiales fueron también las giras de conciertos con Neville Marriner... Especialmente sobrecogedor fue un Réquiem de Verdi en Tokio y Fukushima con la Filarmónica de Tokio y el Coro Fujiwara, dirigidos por Nicola Luisotti, un concierto en memoria de las víctimas del terremoto que asoló el país. La experiencia fue tan fuerte que me costó recuperarme. El de Fukushima fue sobrecogedor: canté ante gente que lloraba. Fue una sensación única.
 
 
Como Musetta de La Bohème en el Metropolitan de Nueva York. A la derecha, como Tosca en el Comunale de Bolonia 
 
Ó. A.: De los profesionales con los que ha trabajado, ¿a quién considera imprescindible por lo que le ha aportado?
A. A.: Tuve que marcharme a Italia y después a Nueva York para completar mis estudios, aunque creo que en esta profesión siempre es bueno viajar, conocer otras culturas, vivir nuevas experiencias y explorar nuevos caminos de desarrollo personal y profesional. De entre mis profesores destacaría a Campogalliani y a Ruth Falcon Meyer. También haría una mención especial al mexicano Franco Iglesias: él me enseñó a sentirme fuerte, invencible... En cuanto a colegas, directores musicales y de escena, no puedo dar nombres porque la lista sería innumerable y porque de todos he aprendido siempre algo.
 
Ó. A.: ¿Cómo explicaría la evolución que ha tenido su voz?
A. A.: Creo que vocalmente estoy en mi mejor momento. La voz ha evolucionado y madurado con el paso de los años, pero siempre me ha gustado seguir el consejo que me dio Alfredo Kraus: “A la voz no hay que obligarla”. Hay que elegir cuidadosamente el repertorio y hacer las cosas escuchando tu voz, sin forzarla jamás.
 
Ó. A.: Desde sus comienzos, su carrera como cantante de ópera ha tenido un gran apoyo en el ámbito del recital.
A. A.: Los recitales han sido muy importantes en mi carrera; gracias a ellos he tenido el privilegio de acercar la música clásica a todo tipo de público. Lo más importante es la sensación que en determinados momentos se puede crear en una actuación, cuando se produce ese instante mágico de comunicación entre el artista y el público. Son momentos únicos por los que vale la pena todo el esfuerzo y sacrificio. Cada vez que piso un escenario es algo especial. Nunca hago distinción por la importancia de la sala en la que canto o si el público es más o menos entendido. Me entrego de la misma manera, porque yo no sé hacerlo de otra forma, y vivo cada actuación como la más importante de mi vida. Puede parecer una frase hecha que suena bien, pero las personas que están a mi lado pueden dar fe de que esto es lo que siento.
 
Como la protagonista de Manon Lescaut  en el Teatro Bolshoi de Moscú, título que ha cantado a comienzos del curso en el estreno del montaje –alternándose con Anna Netrebko– y en las reposiciones de abril pasado
 
Ó. A.: ¿Qué papeles tiene pensado incorporar próximamente?
A. A.: Dentro de los roles más inmediatos tengo previsto cantar el de Maddalena de Coigny de Andrea Chenier el próximo mes diciembre en la Ópera de Oviedo, Nedda de Pagliacci en La Monnaie de Bruselas en marzo del año que viene y Cio-Cio San de Butterfly, entre otros...
 
Ó. A.: ¿Tiene en proyecto cantar algún título de zarzuela?
A. A.: La zarzuela es algo que me encantaría potenciar, no creo que sea un género menor; de hecho, las ocasiones en que se ha programado en teatros internacionales como La Scala o en Washington, ha sido un éxito. Gracias a cantantes como Teresa Berganza o Plácido Domingo, el público de todo el mundo conoce la zarzuela y puedo asegurar que la reacción siempre es la misma, de la misma manera que hubiese reaccionado el público español. Es que no hay género mayor o menor: cuando la música es buena llega al corazón. En 2018, en todo caso, participaré en Katiuska en el Teatro de La Zarzuela de Madrid.
 
Ó. A.: Este verano estará junto a su exmarido, el barítono Dwayne Croft, en un festival interpretando obras de Broadway. ¿Qué otro tipo de músicas le interesan aparte de la llamada clásica?
A. A.: En general me gusta todo tipo de música, depende de mi estado de ánimo. Me declaro fan de Alejandro Sanz, Sergio Dalma... La primera canción que recuerdo haber tarareado fue Let it be de los Beatles. Algunas de las canciones más importantes de mi vida han sido Yesterday y La vie en rose.
 
Ó. A.: ¿Tiene proyectos discográficos o de vídeo?
A. A.: Dentro de poco se editará un Cd/Dvd Homenaje a Lorca sobre la gira de recitales que he realizado durante los dos últimos años y que me ha aportado muchos momentos satisfactorios; ha sido inolvidable. También estoy trabajando en un Cd/Dvd de arias de ópera en el que participará un importante maestro, un Dvd de La Traviata y un disco con temas de Navidad junto a los Niños Cantores de Viena y a una importante orquesta de esa ciudad.
 
Carta a un joven cantante
Cada ser humano es distinto y lo que para uno es perfecto, para otros no lo es tanto. Uno debe ser crítico consigo mismo hasta ver que el resultado está caminando hacia la inalcanzable perfección. La meta para un artista no es llegar a cantar en uno u otro teatro, sino conseguir que mediante la técnica puedas dominar tu voz a la perfección para ponerla al servicio de la música y de tus sentimientos y transmitir emociones al público. Solo cuando uno se olvida de la técnica está libre para actuar y emocionar a los espectadores y por sencillo que esto parezca, se necesitan muchos años de estudio y trabajo para conseguirlo. Asimismo, formarse como actor es algo esencial en esta profesión. Aunque somos cantantes y lógicamente es el canto el que tiene que expresar las emociones, nuestra presencia escénica, la forma de movernos, de actuar, confiere credibilidad al personaje. No podemos olvidar que en la ópera la música entra también por los ojos, por lo que no hay que descuidar nunca el trabajo de escena, el puramente teatral. También es fundamental el estudio de idiomas para facilitar el aprendizaje de las óperas y perfeccionar la pronunciación de las mismas. En cuanto a los concursos de canto, pueden llegar a ser el trampolín perfecto para el lanzamiento de un artista. Ganar un concurso te abre las puertas de los mejores teatros, como ha sido mi caso: ganar el Operalia supuso un antes y un después en mi carrera. En todo caso, y ante todo, lo más importante es contar con alguien en quien puedas confiar y que te apoye en todos los momentos de tu carrera. Generalmente los compromisos van llegando y no queda sino valorar primero la idoneidad de la propuesta según tus características vocales y la disponibilidad en la agenda. Es muy importante saber decir que no, ya que a veces recibes ofertas que no llegan en el momento adecuado. Para aprender una obra nueva hay que trabajar mucho y eso requiere horas y horas de estudio. Hay que analizar el texto, estudiar a conciencia la partitura, solucionar las dificultades técnicas, formar la visión personal respetando la partitura y el estilo en el que se encuadra la obra. Además hay que ensayar muchas horas con el pianista para que la voz se encuentre cómoda antes de llegar a los ensayos de orquesta. Todas estas recomendaciones son muy importantes, pero para mí hay una que es fundamental: no es verdad que solo pasa un tren por nuestra vida... Pasan muchos. Lo importante es subirte con el billete adecuado para hacer un largo viaje y si no lo tienes, espera a que llegue el tuyo... Lo sabrás porque sentirás que estás lista para partir. Insisto: por tu vida no pasa solo un tren. Este poema de Antonio Machado hay que leerlo con atención:
 
“Sabe esperar, aguarda que la marea fluya / –así en la costa un barco– sin que el partir te inquiete. / Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya; / porque la vida es larga y el arte es un juguete. / Y si la vida es corta / y no llega la mar a tu galera, / aguarda sin partir y siempre espera, / que el arte es largo y, además, no importa”.  *Ainhoa Arteta
 
 
 
Paloma O’shea: “Teniendo los mejores profesores, lo demás vendría solo”
 
Tras el 25º aniversario de la escuela de música reina Sofía, ÓPERA ACTUAL quiere dedicar el premio a una institución de 2017 a este conservatorio privado presidido por Paloma oO’shea en el que se han formado casi 800 jóvenes de 60 nacionalidades entre músicos y cantantes, estos últimos en la cátedra de canto Alfredo Kraus – fundación Ramón  Areces.
 
Fernando SANS RIVIÈRE
ÓPERA ACTUAL 202
(MAYO 2017)
 
Reportaje gráfico: Escuela de Música Reina Sofía
 
La presidenta de la Fundación Albéniz y de la Escuela de Música Reina Sofía, Paloma O’Shea, explica a ÓPERA ACTUAL los orígenes y el estado actual de una  escuela de música privada que es todo un referente en el mundo por la calidad de sus profesores, su dedicación a los alumnos y por la calidad de sus graduados, de la que han surgido cantantes de la talla de Celso Albelo, Simón Orfila, Ana Lucrecia García, Iwona Sobotka, Ismael Jordi o Aquiles Machado. 
 
ÓPERA ACTUAL: ¿Cuál fue su primer objetivo al crear la Escuela?
Paloma O’SHEA: El objetivo era doble: ayudar a los jóvenes músicos y acercar la música a la sociedad. Ahora, con la Escuela rodeada de prestigio internacional, seguimos luchando por esos mismos fines, que creo que valen mucho la pena. Al final se trata de aprovechar la fuerza que tiene la música para transformar a las personas y favorecer la convivencia.
 
Ó. A.: Empezó en unos garajes de Pozuelo (Madrid) con un grupo de grandes músicos como profesores.
P. O.: Empezamos con un equipo pequeño, pero impresionante: Bashkirov, Bron, Monighetti, Benyamini, Streicher... Lo que atrae a los grandes profesores es nuestro modelo de enseñanza, que les da libertad para hacer progresar a cada alumno como vean más conveniente. Y sobre todo, la forma de entrada en la Escuela, que es exclusivamente por mérito.
 
La Reina Doña Sofía saluda a Zubin Mehta, asesor de la entidad, quien aparece junto a Paloma O’Shea tras el concierto-homenaje que dirigió el maestro indio y que se le ofreció a O’Shea con motivo de su 80º cumpleaños y del 25º aniversario del centro de estudios
 
Ó. A.: Ud. consiguió algo inédito entonces, que la financiación de la escuela sea principalmente privada.
P. O.: Si uno quiere tener libertad de acción necesita cierta autonomía financiera. La participación de las administraciones públicas en la Escuela es importantísima en todos los sentidos, pero el hecho es que la mayor parte de nuestro presupuesto, más del 90 por cien, proviene de los conciertos y servicios que ofrecemos y del mecenazgo privado. Nuestros mecenas contribuyen generosamente al fin social y, al mismo tiempo, dan mucha importancia a los retornos que reciben en imagen y comunicación.
 
Ó. A.: ¿Qué supone contar hoy en día con la sede en la Plaza de Oriente que incluye un moderno Auditorio?
P. O.: Lo importante de una Escuela es lo que lleva dentro, los alumnos y los profesores, más que el lugar que ocupa. Nosotros nos concentramos en ello y tardamos más de quince años en tener sede definitiva. Pero la sede ha resultado ser una maravilla. Es un edificio emblemático de Miguel Oriol, junto al Teatro Real y al Palacio Real. La luz que entra por los ventanales en las aulas, el célebre cielo velazqueño, ayuda mucho a la tarea de superación personal a la que se han entregado nuestros alumnos. Además, el Auditorio del edificio se ha convertido en una de las salas de cámara de referencia en Madrid.
 
Grandes maestros
 
Ó. A.: ¿Qué supone para la Escuela la Cátedra de Canto Alfredo Kraus - Fundación Ramón Areces?
P. O.: Es una parte clave de la vida de la Escuela. Sus conciertos son los que más interés despiertan en el público. La pusimos en marcha con mucha ilusión en 1994. Recuerdo que me vino a ver Alfredo Kraus y no me dejó muchas opciones: “Paloma, quiero enseñar –me dijo– y tiene que ser en tu Escuela”. No teníamos prevista ni presupuestada una cátedra de canto, porque habíamos empezado con lo mínimo, ¡pero cómo decirle que no al gran Kraus, cuando todo el mundo admiraba su técnica y deseaba aprenderla! Me fui a ver a Isidoro Álvarez y, cuando comprendió nuestro modelo de mecenazgo, aceptó en seguida. La Cátedra tomó el nombre de la Fundación Ramón Areces, que entonces dirigía Juan Manuel de Mingo y, ahora, Cristina Álvarez. Con todos ellos hemos mantenido una colaboración magnífica. Cuando murió Alfredo aceptaron, generosamente, compartir el nombre de la Cátedra con él.
 
Desde arriba, los diferentes profesores que han liderado la Cátedra de Canto Alfredo Kraus - Fundación Ramón Areces, dando clases en la Escuela: el tenor Alfredo Kraus, la mezzosoprano Teresa Berganza, el barítono Tom Krause y el tenor Ryland Davies
 
Ó. A.: ¿Qué han aportado sus profesores, Alfredo Kraus, Teresa Berganza, Tom Krause y Ryland Davies?
P. O.: ¡Imagínese! Son todos enormes cantantes, con gran experiencia en el teatro y, además, dueños de una técnica muy personal y especial. Ya hemos hablado de Alfredo, ¡y qué le voy a decir de la gran Teresa Berganza! Quizá no todo el mundo sepa que es una profesora excepcional, que se entrega por completo en la clase. Yo la he visto cambiar la voz –¡y la vida!– de un joven cantante en apenas una hora. Lo mismo podemos decir del gran barítono Tom Krause que tenía una manera de hacer fácil y natural la emisión de la voz. Ryland Davies es, por otra parte, el gran profesor de canto de la actualidad. Hace poco le homenajeó el Covent Garden por toda su carrera. Además, nuestros alumnos reciben cada año clases magistrales con grandes cantantes –Ileana Cotrubas, Renata Scotto, Marjana Lipovšek...–, repertoristas y directores de escena, como Félix Lavilla, Ist­ván Cserján, Ralf Gothoni o Giancarlo del Monaco. Desde hace dos años la Escuela tiene una colaboración especial con el Teatro Real que permite a nues tros alumnos trabajar con los cantantes y directores que vienen al Teatro.
 
Ó. A.: Cada curso cuesta cerca de veinte mil euros ¿Qué tanto por ciento de alumnos acceden a las becas de estudios, estancia o de instrumento?
P. O.: En realidad, el coste de cada plaza es mayor, porque tenemos una proporción profesor-alumno altísima y procuramos que las condiciones de la enseñanza sean las mejores posibles, pero hemos fijado la matrícula en esa cifra. En todo caso, todos nuestros alumnos están becados. Los que lo necesitan, que son más de la mitad, reciben además beca de residencia y algunos tienen también beca de instrumento. Nos propusimos desde el principio que nadie con talento suficiente se quedara fuera por falta de recursos económicos y así lo hemos hecho. Estoy orgullosa del papel de la Escuela como factor de cohesión y nivelación social.
 
Ó. A.: La escuela ha contado desde sus inicios con asesores del prestigio de Yehudi Menuhin, Mstislav Rostropovich, Zubin Mehta o Alicia de Larrocha. ¿Qué ha supuesto este apoyo y cuál ha sido su implicación con la Escuela?
P. O.: Se implicaron muchísimo, sobre todo al principio, igual que Su Majestad la Reina Doña Sofía –nuestra presidenta de Honor–, cuyo apoyo ha sido siempre fundamental. Había que convencer a los grandes profesores a que vinieran a enseñar en Madrid sin tener todavía ninguna realidad que mostrarles. Recuerdo que el chelista y director de orquesta Mstislav Rostropovich llamó por teléfono desde mi casa al violinista Zakhar Bron y no colgó hasta que le dijo que sí. Reclutó también a los chelistas Iván Monighetti y a Natalia Shakhovskaya. Zubin Mehta convenció al violista Daniel Benyamini. Alicia apoyó el proyecto desde el principio, desde los primeros tiempos del Concurso de Piano. Yehudi Menuhin vino muchas veces a trabajar con los alumnos. La Escuela es lo que es gracias a ellos porque me permitieron aplicar mi idea: empezar con poco, pero con los mejores profesores. Yo sabía que, teniendo eso, lo demás vendría solo.
 
Ó. A.: Uno de los objetivos es ofrecer muchas prácticas a los alumnos ¿Cuántos tipos de ciclos o recitales y conciertos se ofrecen desde la Escuela?
P. O.: Nosotros consideramos que el escenario es una prolongación del aula. Donde de verdad progresa un joven músico es tocando o cantando en público, en conciertos de verdad, con exigencia artística. Por eso la Escuela se ha convertido en un gran productor de conciertos, con cerca de 400 al año. De media, un alumno sube 20 veces cada curso a los principales escenarios de España y algunos del extranjero.
 
Ó. A.: ¿Qué supone para la Escuela tener la Orquesta Freixenet y que la dirijan personalidades del prestigio de Plácido Domingo, por ejemplo, quien asumirá el podio el próximo 14 de mayo en el Teatro Real?
P. O.: La Orquesta Freixenet es uno de los pilares de la Escuela. Permite a nuestros alumnos aprovechar la experiencia de maestros importantísimos. En el último año ha sido dirigida por Zubin Mehta, Juanjo Mena, Krzysztof Penderecki y Pablo Heras-Casado. Dentro de unos días será Plácido Domingo y luego Pablo González y András Schiff. Además, la Orquesta es el instrumento de colaboración de la Escuela con una empresa admirable y muy querida, como es Freixenet.
 
Planes de futuro
 
Ó. A.:¿Qué objetivos de futuro tiene la Escuela?
P. O.: La Escuela ha ido muy bien en este tiempo y nuestro principal esfuerzo se dirige a mantener nuestro nivel y, si es posible, mejorarlo. Por otra parte, queremos que nuestros alumnos no solo sean grandes intérpretes, sino que se conviertan en verdaderos embajadores de la música y sean conscientes del gran valor transformador personal y social que tiene este arte. Tenemos que enriquecer su visión de la razón de ser de la música y su función en la sociedad de hoy. Este curso hemos lanzado con éxito, un programa de emprendimiento musical. Y queremos llevar la música a más personas, por los medios de siempre y a través de la tecnología, y hemos puesto en marcha nuevos formatos de concierto (para niños, para familias, para públicos inhabituales), un summer camp musical para niños y jóvenes, un ciclo de conciertos de cine en colaboración con Disney y muchas otras iniciativas porque queremos que la Escuela Reina Sofía siga siendo lo que es dentro de muchos años.  
 
Elena Sancho Pereg: “La música es un arte muy solidario y terapéutico”
 
Afincada en Düsseldorf desde hace tres temporadas, Elena Sancho Pereg ya ha obtenido el reconocimiento de público y crítica en Alemania. Esta soprano donostiarra de 35 años también ha frecuentado teatros españoles como el Liceu barcelonés, el Real de Madrid, el Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria o el Campoamor ovetense. Su talento y su calidad técnica y dramática la han hecho merecedora del premio ópera actual 2017 al intérprete joven español más prometedor.
 
Pablo MELÉNDEZ-HADDAD
 
 
 
El sueño de juventud de Elena Sancho Pereg era dedicarse al teatro. “Incluso tomé clases para ser actriz –comenta a ÓPERA ACTUAL–, pero creo que no habría sido lo mejor para mí”. La guipuzcoana confiesa que de niña “era muy susceptible, con dificultad para relacionarme y sentirme integrada en casi cualquier contexto que no fuera mi familia”. Entonces apareció la música, que define como “un arte muy solidario en el que todos nos retroalimentamos. Es muy terapéutico, y pienso que esa es la razón por la cual me dedico a ella”. Sancho Pereg comenzó el año como Sophie de Werther en el Liceu barcelonés para cantar después la imposible Zerbinetta de Ariadne auf Naxos en la Staatsoper de Berlín. Le esperan Norina (Don Pasquale, Düsseldorf) y Gilda (Rigoletto, en Hamburgo y St. Margarethen, en Austria) antes de comenzar el próximo curso en Barcelona como Oscar de Un ballo in maschera
 
ÓPERA ACTUAL: Para quién no la conozca, ¿quién es Elena Sancho Pereg?
Elena SANCHO PEREG: Creo que me definen la desnudez, la sensibilidad y el misticismo. Cuando canto siento­ un deseo profundo de conectar con el alma. Eso es lo que resuena en mí. Creo que me muestro como soy, con mis debilidades y fortalezas. Para mí ya no se trata de este timbre u otro, se trata de conseguir, al menos en el escenario, la comunión. La función de la escena también es catártica, y también me apasiona contar una historia. Al ilustrar con una historia el comportamiento humano se desarrolla la conciencia.
 
Elena Sancho Pereg, caracterizada como Zerbinetta de Ariadne auf Naxos en Düsseldorf, antes de su debut, defendiendo ese mismo personaje, en la Staatsoper de Berlín
 
Ó. A.: Se formó en la Real Escuela Superior de Canto, de Madrid y en Londres. ¿Qué le aportó la Guildhall School of Music & Drama?
E. S. P.: Londres fue una ciudad de impacto. Pensaba que iba a ser una experiencia como la de todas esas películas y anuncios: una ciudad de incensante actividad artística y jolgorio. Estaba súpermotivada. Me encontré con una realidad muy diferente: nadie me había explicado que las capitales europeas no comparten necesariamente la alegría de Madrid. Creo que es una ciudad para disfrutar con más madurez. Pero me trataron muy bien en la escuela: siempre me apoyaron y me apreciaron.
 
Ó. A.: De la Guildhall School han surgido actores de renombre. ¿Tuvo la tentación de reorientar sus estudios?
E. S P.: Se me pasó un par de veces por la cabeza, pero calculé que no era el momento ni el lugar para dar ese paso. Aún no. Quién sabe, tal vez no llegue nunca. La verdad, ya no me importa; alcanzar mis sueños no es tan importante como amarme y sentirme bien.
 
Ó. A.: ¿Cómo recuerda su integración en la vida profesional?
E. S. P.: No tenía plan de acción, solo plan de huida. Las audiciones iban bien pero no culminaban en contratos. Tuve una crisis de identidad y me fui a Madrid para empezar otros estudios más sociales, pero conocí a mi coach, Rosetta Forner, que cambió mi vida. Empecé a trabajar en mi desarrollo personal, creencias, decisiones, complejos, esquema vital, relaciones interpersonales... Decidí que quería cantar y salió la gira de West Side Story.
 
Ó. A.: A finales de 2012. ¿Qué supuso dar vida a Maria durante dos temporadas por media Europa?
E. S: P.: Fue un sueño, genial, precioso. Posteriormente me ofrecieron cantar My Fair Lady en París, pero me pareció que no lo iba a hacer suficientemente bien; además la técnica del musical, para las sopranos, es un poco arriesgada. Otra gran ventaja de la gira fue descubrir Alemania, donde he conseguido un buen trabajo, mucho reconocimiento y buenos amigos.
 
Ó. A.: En la temporada 2014-15 la ficha la Deutsche Oper am Rhein y acaba nominada por la revista Opernwelt como una de las mejores cantantes. ¿Cómo fue su integración?
E. S. P.: Todo fue muy bien. Además se me unió mi hermano, que viajó para aprender alemán y buscar trabajo. Con él a mi lado soy feliz; es mi ángel de la guarda. Lo difícil no fue integrarse, porque la gente de la compañía es encantadora y es muy agradable trabajar aquí. El problema empezó con los premios [Cantante revelación en Alemania, finalista del Concurso Caballé, del Kathleen Ferrier Award, del Julián Gayarre y del Tenor Viñas, ganadora del Anselmo Colzani, del de Colmenar Viejo, del Ciudad de Logroño, etc.] y esas cosas. Mordí el anzuelo del ego, porque a los artistas nos encanta que nos reconozcan, pero destacar te obliga a lidiar con las opiniones y las expectativas. Ojalá la vida te preparase para estas cosas, pero las inseguridades no se aprueban con la teoría: se viven y se superan. En un momento me quedé sin voz, en medio de una función, pero el público y la crítica me arroparon con un cariño inimaginable. Después tuve que cancelar un mes por haber cantado enferma. Fue un error maltratar al instrumento sin motivo. Estaba ya deseando volver al escenario para demostrar que soy estupenda, pero el cuerpo me dijo: “Lo siento, pero cerramos el chiringuito hasta nuevo aviso”. Y así me quedé cuatro meses, en un limbo. Busqué todas las soluciones, fui a todas las terapias: chamanismo, homeopatía, kinesiología, de todo. Visité, por recomendación de una amiga, al “mejor médico de Europa”, que me dijo que había que cortar las cuerdas o que nunca volvería a cantar. Un psicópata. Dios mío, cuántas personas habrán caído en sus manos... Después de cuatro meses, en un segundo, me volvió la voz mientras fregaba los platos. El agua siempre me inspira.
 
 
Ó. A.: En marzo debutó en la Staats­oper de Berlín como Zerbinetta de Ariadne auf Naxos. ¿Cómo afrontó su presentación en dicho teatro con un papel tan complicado?
E. S. P.: Fue un reto. Venía de hacer Sophie en el Liceu, donde todo había sido idílico. Llegué a Berlín con las pilas muy cargadas. ¡Menos mal! De lo contrario no habría salido viva porque tenía tal presión muscular desde el primer ensayo que pensaba que no iba a poder terminar la obra. Pero todo fue bien y por suerte tanto el público como las críticas fueron muy positivas.
 
Ó. A.: En España pronto se le volverá a ver en La viuda alegre (julio) y Un ballo in maschera (octubre), ambas ocasiones en el Liceu. ¿Tiene algún otro compromiso firmado para cantar en nuestro país?
E. S. P.: De momento nada firmado. Pero hay algunos proyectos.
 
Ó. A.: .¿Hacia qué repertorio se encamina su trayectoria? ¿Por dónde pasan sus planes de futuro en su profesión?
E. S. P.: Me gustaría mucho hacer bel canto: Sonnambula, Lucia di Lammermoor, etc. Es toda música maravillosa; y además tengo ganas de cantar un poco quieta, con mi aria, mi cabaletta, y así. Que me dejen tomar aire. También me encantaría hacer obras de Rossini y, además, me gusta mucho la ópera americana. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
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