REPORTAJES

El Lima Ópera Fest del país  andino es un proyecto lírico privado que pretende acercar la ópera al público peruano y especialmente al juvenil,  apostando para ello por el  Regietheatery unos elencos de cantantes jóvenes.  Una aventura que ha dado su primer paso en el teatro municipal de lima con un doble programa lírico mozartiano.
 
Fernando SANS RIVIÈRE
ÓPERA ACTUAL 208
(DICIEMBRE 2017)
 
Vista de las ruinas de la ciudadela inca de Machu Picchu 
 
La espectacular vista de Machu Picchu que encabeza este artículo recuerda que hasta hace bien poco el principal atractivo de la República del Perú se centraba en los espectaculares centros arqueológicos incas, principalmente de Cuzco y Machu Pichu. Pero además se está haciendo un hueco importante a nivel mundial gracias a sus prestigiosos representantes culturales como el escritor Mario Vargas Llosa, el fotógrafo Mario Testino, el tenor Juan Diego Flórez o sus numerosos chefs que han posicionado a la gastronomía peruana como una de las más vanguardistas y prestigiosas a nivel internacional. Desde la implantación del modelo neoliberal, a finales del siglo pasado, el crecimiento económico ha sido generalizado a pesar de que Perú continúa siendo un país en vías de desarrollo. Su capital, Lima, con cerca de diez millones de habitantes, es la quinta ciudad más poblada de Latinoamérica. Se trata de un país que debido a las diferencias sociales, políticas y estructurales no ha encontrado demasiados puntos comunes para crear una conciencia unitaria y, lo que es más importante, un objetivo común de futuro. Curiosamente la gastronomía tradicional peruana, aunque las élites limeñas la despreciaran hasta hace poco, está sirviendo de común denominador y de faro internacional en sus anhelos de modernidad gracias a chefs de la talla de Gastón Acurio o Rafael Piqueras, que la han reconvertido en cocina de vanguardia gracias a la modernización de las recetas tradicionales basadas en la infinita variedad de la agricultura andina y amazónica y de las reservas marinas del océano Pacífico.
 
El moderno cartel del primer Lima Ópera Fest dedicado a Mozart. Abajo, dos escenas de Bastien und Bastienne, con Andrea Aguirre, Estefanía Castilla y José Sacin
 
El Lima Ópera Fest
 
La primera edición del Lima Ópera Fest tuvo lugar en noviembre en el Teatro Municipal de la capital por iniciativa del productor Felipe Aguirre del Pino que, tras realizar varios talleres de canto en la ciudad desde 2010, decidió crear este evento para seguir apoyando a los cantantes jóvenes del país y a la vez apostar por el Regietheater para dirigirse a un público más joven y transversal.
En esta primera edición la directora artística, Melina Vega Ramírez, programó dos propuestas líricas en una doble velada mozartiana. Por un lado la juvenil Bastien und Bastienne –compuesta por el Salzburgués con solo 12 años– en una imaginativa y divertida producción con dirección de escena de Lorenzo Albani. En el reparto estuvieron dos cantantes femeninas, ya que en esta propuesta, al tratarse de unos enamorados tan jóvenes, Bastien fue representado por una soprano en travesti, un adolescente interpretado por Estefanía Castilla cuya voz todavía poco asentada y con una proyección insuficiente se acopló a la Bastienne a cargo de la prometedora soprano Andrea Aguirre, mucho más acorde con el personaje. Ambas estuvieron secundadas por el mago Colas, interpretado por el más experimentado barítono José Sacin. La propuesta escénica de Lorenzo Albani trasladaba la acción al pasillo de un instituto desde cuyas taquillas los estudiantes aparecían y desaparecían de forma bastante divertida, así como las ovejas que también aparecían en esta breve pastoral infantil. La escenografía también incluía un paisaje, además de un colorido vestuario y una inteligente dirección de escena que presentaba al mago Colas como responsable de la limpieza del colegio, mientras que la noble dama que distrae a Bastien aparecía reconvertida en una conejita de Playboy.
 
Los protagonistas de Così fan tutte en el Teatro Municipal de Lima
 
La propuesta sirvió de aperitivo en este auténtico maratón mozartiano al Così fan tutte, una scuola degli amanti, trasladada por parte del director escénico Jean-Pierre Gamarra a los lavabos de un instituto de secundaria. Una ubicación potente y un tanto cruda de entrada, que llamó la atención del espectador pero que fue perdiendo fuelle ante las escasas posibilidades escénicas del espacio una vez ya han orinado todos los protagonistas o se han encerrado en algún reservado las parejas de amantes. El vestuario tan cuidado en Bastien und Bastienne no resultó tan consistente en este Così formado por una fauna de modernillos algo exagerados, especialmente el personaje de Don Alfonso, en bermudas y con una camiseta de Star Wars que ni aparentaba ser un profesor ni un estudiante repetidor. Hubo detalles de atrezo que se quisieron modernizar y que complicaron la trama argumental, como el medallón con el retrato de Ferrando que Dorabella entrega a su nuevo amante, reconvertido­ aquí en una chupa de cuero.
El maestro argentino Nicolás Ravelo Barreiro desde el podio demostró maneras y buen pulso en la obra más corta a pesar de un inicio algo titubeante, pero en Così fan tutte la relevancia y amplitud de la partitura pasaron factura a la parte musical. Al ser una velada tan extensa se realizaron numerosos cortes en los recitativos del Così: de este modo, la música de Mozart pasaba a saltos de un aria a otra sin solución de continuidad y sin dar tiempo a preparar cada escena como se requiere. Además, el reparto fue un tanto irregular, destacando especialmente, por timbre y cuidados agudos, el Ferrando del estadounidense Timothy Agustin –a pesar de algún pasaje un tanto descontrolado–, como también el correcto Don Alfonso del barítono José Sacin. La actuación más sobresaliente vino de la mano de la soprano Anastasia Bartoli como Fiordiligi. Algo menos convincentes fueron la correcta Despina de Elisabeth Guerrero y la mezzosoprano Ericka Cussy como una Dorabella de voz ancha y buenos graves, pero no del todo adecuada en los pasajes de agilidad en el agudo. El barítono Luis Asmat fue un Guglielmo un tanto tosco, pero eficaz.
Los organizadores del Festival han contado con el apoyo de Promperú, de la embajada Argentina en Lima y de diversos patrocinadores y colaboradores, ofreciendo una gala inaugural el 14 de noviembre. Para la edición el año próximo deberían ajustar su propuesta para centrarse en un solo título u ofrecer dos óperas por separado con el máximo esfuerzo de calidad.
La idea de presentar propuestas escénicas modernizadas para un público juvenil o más transversal puede ser un acierto, pero, ojo, no todo lo moderno funciona: se requiere mucha imaginación y un gran trabajo escénico.
 
Timothy Agustin (Ferrando), Luis Asmat (Guglielmo) y José Sacin (Don Alfonso). Más abajo, Ericka Cussy (Dorabella) y Anastasia Bartoli (Fiordiligi)
 
Más ópera en Perú
Las propuestas líricas que el aficionado a la ópera puede encontrarse en Lima son bastante variadas, pero no muy extensas. Se trata de proyectos puntuales que suelen ofrecer uno o dos títulos por temporada. El Gran Teatro Nacional de Perú, también de Lima, acoge desde hace una década el Festival Granda que dirige el tenor Ernesto Palacio, actual director del Rossini Opera Festival de Pésaro (Italia) que lleva el nombre del gran tenor peruano Alejandro Granda (1898-1962). Dicho Festival ofrece un título anual con cantantes de gran prestigio internacional y que suele contar principalmente con el tenor limeño Juan Diego Flórez acompañado por artistas de la talla de Venera Gimadieva, Jessica Pratt, Ildar Abdrazakov o Daniela Barcellona.
El propio Teatro Nacional ofreció este año su sexta temporada con una ópera, el Faust de Gounod el pasado mes de noviembre, con César Gutiérrez como Fausto y Hernán Iturralde como Mefistófeles.
 
 
 
 
 
 
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